La parábola del Mar de Galilea y del Mar Muerto
Padre Leandro Padilha
El Mar Muerto no se considera en la actualidad un mar,
sino un lago de aguas muy saladas.
En Tierra Santa encontramos dos mares bien conocidos. Ambos alimentados por el mismo río Jordán, sin embargo, uno es totalmente distinto del otro.
El mar de Galilea, llamado también mar o lago de Tiberíades o lago de Genesaret, es de agua dulce y contiene muchos peces. Su litoral está salpicado por ciudades y bellas aldeas. Las colinas que rodean a este mar son verdes y fértiles.

Persona flotando en las aguas del mar Muerto, consecuencia de la alta salinidad de este mar. |
El otro mar es el Mar Muerto. Es célebre por la concentración de sales minerales en él que le dan una gran densidad a sus aguas No tiene peces. La vegetación no tiene condiciones que le permitan vivir y crecer. Sus alrededores están desiertos. No existen en sus alrededores áreas verdes. El Mar Muerto presenta un aspecto desolador.
¿De dónde viene esta diferencia? La explicación es simple y simbólica.
El mar de Galilea recibe por el norte las aguas del río Jordán con toda su carga de vida y fertilidad. Pero no guarda para sí esta fertilidad. Las aguas siguen su curso hacia el sur.
Es un mar que recibe las aguas del Monte Hermón y de las colinas del Golán. Mar riquísimo en aguas y en vegetación, el mar de Galilea no vive para sí, reparte todo aquello que recibe de las cimas de los montes y colinas, de lo alto.
El Mar Muerto es totalmente diferente. Recibe igualmente el agua del río Jordán, pero retiene esta agua para sí. No tiene salida. En cuanto las aguas se evaporan todas las sales minerales se acumulan en el enorme recipiente cerrado. La excesiva evaporación y por ende la concentración de sales en él, lo hace estéril, no permite vegetación alguna… no tiene vida.
Es un mar que mata. Es el Mar Muerto.

El Lago Tiberíades aparece en la parte superior del mapa. El que está más al sur es el Mar Muerto. |
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