PALABRA DE VIDA
Publicación mensual
Julio 2011



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«Velen y oren para que no desfallezcan en la prueba. El espíritu está bien dispuesto, pero la carne es débil»
Mt 26, 41

Estas palabras son las que Jesús dirigió a Pedro, Santiago y Juan durante su agonía en Getsemaní cuando los vio vencidos por el sueño. Él había llevado allí a estos tres apóstoles –los mismos que fueron testigos de su transfiguración en el monte Tabor– para que lo confortaran en este momento tan difícil y se preparasen orando con Él, pues lo que iba a suceder sería una prueba terrible también para ellos.


«Velen y oren para que no desfallezcan en la prueba. El espíritu está bien dispuesto, pero la carne es débil».


Estas palabras, leídas a la luz de las circunstancias en las que fueron pronunciadas, hay que verlas como un reflejo del estado de ánimo de Jesús más que como una recomendación a sus discípulos, es decir, reflejan su modo de prepararse para la prueba. Ante su inminente pasión, Jesús reza con todas las fuerzas de su espíritu, lucha contra el miedo y el terror de la muerte, se abandona al amor del Padre para ser fiel hasta el fondo a su voluntad y ayuda a sus apóstoles a hacer lo mismo.
Aquí Jesús se nos presenta como modelo de quien tiene que enfrentarse a la prueba y, al mismo tiempo, como hermano que se pone a nuestro lado en ese momento difícil.


«Velen y oren para que no desfallezcan en la prueba. El espíritu está bien dispuesto, pero la carne es débil».


La exhortación a la vigilancia es recurrente en labios de Jesús. Para Él velar quiere decir no dejarse vencer nunca por el sueño espiritual, mantenerse siempre dispuesto a acoger la voluntad de Dios, saber captar sus signos en la vida de cada día y, sobre todo, saber leer las dificultades y los sufrimientos a la luz del amor de Dios.
Y la vigilancia es inseparable de la oración, porque la oración es indispensable para vencer la prueba. La fragilidad connatural del hombre («la debilidad de la carne») se puede superar mediante la fuerza que viene del Espíritu.

«Velen y oren para que no desfallezcan en la prueba. El espíritu está bien dispuesto, pero la carne es débil».


¿Cómo vivir, pues, la Palabra de vida de este mes?
También nosotros tenemos que estar preparados para afrontar las pruebas, pequeñas o grandes, con que nos topamos todos los días. Pruebas normales y pruebas clásicas con las que un cristiano no puede dejar de encontrarse un día u otro. Ahora bien, Jesús nos advierte de que la primera condición para superar las pruebas, cualquier prueba, es la vigilancia. Se trata de saber discernir, de darse cuenta de que Dios permite las pruebas no para que nos desanimemos, sino para que las superemos y así maduremos espiritualmente.

Y a la vez tenemos que rezar. La oración es necesaria porque hay dos tentaciones a las que estamos más expuestos en esos momentos: por una parte, creer que podemos arreglárnoslas por nosotros mismos; por otra, el sentimiento contrario, es decir, el temor de no ser capaces, como si la prueba fuera superior a nuestras fuerzas. Sin embargo, Jesús nos asegura que el Padre celestial no dejará que nos falte nunca la fuerza del Espíritu Santo si estamos vigilantes y se lo pedimos con fe.

Palabra de vida, abril 1990, publicada en Ciudad Nueva nº 262



Hace tiempo, de repente y sin un motivo preciso, pensé que todo sería más fácil si yo dejaba de vivir el Evangelio: ¡ya no sería necesario ningún esfuerzo para ser la primera en amar, ni para amar a “todos”!
Me parecía todo inútil, casi estúpido.

¡Había perdido a Jesús! Era terrible, estaba sola y no era feliz para nada. Una parte de mí quería a Jesús, la otra lo rechazaba. Recé mucho, aunque me pareciera que Él no estaba ya.
Un domingo por la tarde, fui a la Misa; no escuché prácticamente nada, no tenía deseos. Estaba muy triste. Después levanté los ojos y vi el crucifijo: allí estaba Jesús que en la cruz grita al sentirse abandonado por el Padre.
También yo me sentía exactamente así: abandonada.
 En ese momento, me pareció que Él hubiera venido hacia mí. Entré en mi dolor, reconocí a Jesús escondido también en mi tristeza, en mis dudas y pude decirle que estaba contenta de sentirme así porque en esa situación ¡podía amarlo!
Entonces sentí como una explosión de una alegría enorme. Pensé que había tenido una suerte muy grande y le agradecí a Dios: nunca había experimentado un amor así de grande.
Ángela, Italia

 

La Palabra de vida es un comentario mensual a una frase de al Escritura propuesto para impregnar la vida cotidiana, que se traduce en 91 lenguas e idiomas y llega a millones de personas en el mundo entero.
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