PALABRA DE VIDA
Publicación mensual
Mayo 2010



Resoluciòn1024 X 768

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<<El que me ama será amado por mi Padre, y también yo lo amaré y me manifestaré a él>>.
(Jn 14, 21)

     En el último discurso de Jesús, el amor está en el centro: el amor del Padre por el Hijo, el amor por Jesús que es cumplimiento de sus mandamientos.

      A los que escuchaban a Jesús no les resultaba difícil reconocer en sus Palabras un eco de los Libros Sapienciales: “El amor es la observancia de sus leyes (1) y fácilmente la contemplan – la Sabiduría – los que la aman” (2). Y sobre todo, ese manifestarse a quien lo ama encuentra su paralelo en el Antiguo Testamento, en el libro de la Sabiduría (Sab 1,2) donde se dice que el Señor se manifiesta a los que no desconfían de Él.

    Ahora bien, el sentido de esta Palabra de vida que proponemos es: el que ama al Hijo es amado por el Padre, y es a su vez amado por el Hijo que se manifiesta a él.

 

<<El que me ama será amado por mi Padre, y también yo lo amaré y me manifestaré a él>>.

 

    Tal manifestación de Jesús, sin embargo, requiere amar. No se concibe un cristiano que no tenga este dinamismo, esta carga de amor en el corazón. Un reloj no funciona, no da la hora – y se puede decir que ni siquiera es un reloj – si no está cargado. Así un cristiano que no esté siempre en la tensión de amar, ni merece el nombre de cristiano.

    Y esto porque todos los mandamientos de Jesús se resumen en uno solo: en el amar a Dios y al prójimo, en el de ver y amar a Jesús.

    El amor no es mero sentimentalismo sino que se traduce en vida concreta, en el servicio a los hermanos, especialmente, a los que tenemos al lado, empezando por las pequeñas cosas, por los servicios más humildes.

    Dice  Charles de Foucould: “Cuando se ama a alguien, se está realmente en él, se está en él con el amor, se vive en él con el amor, ya no se vive en su, uno está  ‛desapegado’ de sí, está  ‛fuera’ de sí”. (3)

    Y por este amor se enciende en nosotros su luz, la luz de Jesús, según su promesa: “A quien me ama… me manifestaré” (4). El amor es fuente de luz: amando se comprende más a Dios que es amor.

    Y esto hace que amemos aún más y profundicemos en la relación con los prójimos.

    Esta luz, este conocimiento amoroso de Dios es, por tanto, el sello, la prueba del verdadero amor. Y se puede experimentar de varios modos, porque en cada uno de nosotros la luz asume un color, una tonalidad propia. Pero tuene características comunes: nos ilumina la voluntad de Dios, nos da paz, serenidad y comprensión cada vez más plena de la Palabra de Dios. Es una luz calida que nos estimula a caminar por la senda de la vida de una manera cada vez más segura y eficaz.

   Aunque las sombras de la existencia nos hagan incierto el camino, aunque la oscuridad nos bloquee, esta Palabra del Evangelio nos recordará que la luz se enciende con el amor y basta un gesto concreto de amor, por pequeño que sea (una oración, una sonrisa, una palabra) para darnos ese rayo que nos permite proseguir.

    Cuando vamos en bicicleta de noche, si nos paramos se nos echa encima la oscuridad, pero si nos ponemos a pedalear de nuevo, la dinamo dará la corriente necesaria para ver el camino.

    Así sucede en la vida: basta volver a poner en marcha el amor, el verdadero, el que da sin esperar nada, para encender de nuevo en nosotros la fe y la esperanza. 

                                          

 


1.- Sab 6,8  
2.- Sab. 6,12
3.-Charles de Foucauld. Scritti Spirituali, VII Cittá Nuova, Roma 1975, pág. 110
4.- Jn 14, 21

 

“Cuando empecé a tratar de vivir la Palabra de Vida era más pequeña y conté esta experiencia a mis amiguitas, pero no me entendieron y me criticaron. Al inicio esto me dolía mucho, pero tal vez eso me ayudó a seguir adelante.
Y no me arrepiento, pues he podido crecer en espiritualidad y poco a poco mis amigas han empezado a escucharme. Cada vez que puedo, les doy la hojita de la Palabra de Vida y compartimos nuestras impresiones. Ahora una de ellas trata de vivirla también.
Claro que no es fácil ir contra la corriente, hay que enfrentar las críticas de los demás muchachitos sólo porque crees en Dios, porque vas a la iglesia, porque no fumas, ni bebes…
A veces he tenido que elegir entre ir  a la iglesia o ir al repaso, participar de alguna reunión o quedarme a estudiar.
Hace algunas semanas había un encuentro importante el domingo por la tarde y yo tenía una prueba el lunes. No estaba segura de que debía hacer: si quedarme a estudiar o ir. Pero algo dentro me empujaba a ir, para manifestarle a Jesús mi amor.
Me lleve los libros y en el camión aproveche las dos horas de viaje para estudiar. El lunes salí muy bien en la prueba, me pareció que Jesús de ese modo me manifestaba su amor.
Y no es la única vez que me ha sucedido, me parece que cada vez que pongo a Jesús en el primer lugar de mi vida, la Sabiduría me hace experimentar su luz y elegir lo mejor

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D.- 15 años - Cuba



  
La Palabra de vida es un comentario mensual a una frase de al Escritura propuesto para impregnar la vida cotidiana, que se traduce en 91 lenguas e idiomas y llega a millones de personas en el mundo entero.
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