PALABRA DE VIDA
Publicación mensual
Septiembre 2010



Resoluciòn1024 X 768


“No te digo hasta siete veces, sino
hasta setenta veces siete”

 (Mt 18, 22)1

 

Con estas palabras, Jesús responde a Pedro que, después de haber escuchado cosas maravillosas de su boca, le hizo esta pregunta: “Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?”. Y Jesús: “no te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”.

Pedro, probablemente, bajo la influencia de la predicación  del Maestro, bueno y generoso como era, había pensado lanzarse en su nueva línea, haciendo algo excepcional: llegando a perdonar hasta siete veces. [...].

Pero Jesús, al responder: “... hasta setenta veces siete”, dice que para Él el perdón tiene que ser ilimitado: hace falta perdonar siempre.

“No te digo hasta siete veces, sino
hasta setenta veces siete”

Esta Palabra nos hace acordar al canto bíblico de Lamec, un descendiente de Adán: “Porque Caín será vengado siete veces, pero Lamec lo será setenta y siete”2. Así comienza a expandirse el odio en las relaciones entre los hombres del mundo: aumenta como un río en plena creciente.

A este expandirse del mal, Jesús opone el perdón sin límite, incondicionado, capaz de romper el círculo de la violencia.
El perdón es la única solución para bloquear el desorden y abrir a la humanidad un futuro que no sea la autodestrucción.

“No te digo hasta siete veces, sino
hasta setenta veces siete”

Perdonar. Perdonar siempre. El perdón no es olvido que a menudo significa no querer mirar a la cara la realidad. El perdón no es debilidad, es decir, no tener en cuenta una ofensa por temor al más fuerte que lo cometió. El perdón no consiste en afirmar sin importancia lo que es grave, o bien lo que está mal.

El perdón consiste en abrir la posibilidad de una nueva relación a quien te ha hecho daño, por lo tanto, la posibilidad para él y para ti de recomenzar la vida, de tener un porvenir en el que el mal no tenga la última palabra.

“No te digo hasta siete veces, sino
hasta setenta veces siete”

¿Cómo se hará entonces para vivir esta Palabra?

Pedro le había peguntado a Jesús: “¿Cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano?”.
Y Jesús, entonces, al responder, tenía en la mira sobre todo las relaciones entre cristianos, entre miembros de la misma comunidad.

Y por lo tanto, antes que nada, que hace falta comportarse así con los otros hermanos y hermanas en la fe: en familia, en el trabajo, en la escuela o en la comunidad de la que se forma parte.

Sabemos que a menudo se quiere compensar con un acto, con una palabra correspondiente, la ofensa sufrida.
Se sabe que por diversidad de caracteres, o por nerviosismo, o por otras causas, las faltas de amor son frecuentes entre personas que viven juntas. Y bien, hace falta recordar que solamente una actitud de perdón, siempre renovada, puede mantener la paz y la unidad entre hermanos.

Estará siempre la tendencia a pensar en los defectos de las hermanas y de los hermanos, a acordarse de su pasado, a quererlos diferentes de cómo son... hace falta el hábito de verlos con un ojo nuevo, y nuevos ellos mismos, aceptándolos siempre, enseguida y hasta el fondo, aunque no se arrepientan.

Ánimo. Comenzamos una vida así, que nos asegura una paz jamás probada y mucha alegría desconocida.

 




    • Este texto fue publicado en septiembre de 1999.
    • Gn. 4, 24.
    • Rom. 12, 21.


    Miriam y yo estábamos casados desde hace 17 años y teníamos cuatro hijos. ella estaba fuera de casa muchas veces por su trabajo. después de alguos meses descubrí que tenía una relación con un colega suyo.
    Fue un momento terrible: he visto derrumbarse nuestra relación, la familia, mi vida. me sentí traicionado, profundamente herido en mi orgullo y desesperado viendo la destrucción de lo que habíamos construido a lo largo de los años.

    Poco después mi esposa decidió abandonare nuestra familia. Un día mientras yo estaba en el trabajo, vino a casa para buscar sus cosas y discutió con las hijas más grandes de 15 y 17 años.
    Yo no tenía laternativas, solamente tenía que aceptar su decisión, aunque eso nos causara un sufrimiento enorme. oré yu le pedí a Dios orando: !Ayúdame!, Dame la fuerza y la gracuia para superar todo esto. A pesar de todo lo que estaba sucediendo, yo estaba seguro de Su amor.
    Fijando la mente y el corazón en Dios, mi dolor encontraba sentido y con el alimento cotidiano de la Eucaristía, poco a poco en lugar del odio inicial estaba experimentando un sentimiento de misericordia. finalmente logré perdonar a mi esposa.
    la comunión con los demás que tratan de vivir la espiritualidad de la unidadme dio la fuerza para abrazar constantemente a Jesús abandonado y, por amor amis hijos, también para respetar la castidad y mantener, incluso en esta separación, el empeño dde fidelidad sumido con el sacramento del matrimonio.

    Amauri, Brasil




La Palabra de vida es un comentario mensual a una frase de al Escritura propuesto para impregnar la vida cotidiana, que se traduce en 91 lenguas e idiomas y llega a millones de personas en el mundo entero.
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