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EL TIEMPO ENTRE BORDADOS

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Queridas hermanas:

Vamos caminando con Jesús, vivo y resucitado en nuestros corazones y de forma muy especial en este año de la Misericordia, en el cual cada una de nosotras debe llevar, a todos los ambientes donde estamos presentes, un mensaje de amor, de alegría y de esperanza.

A pesar del agobio y las carencias presentes en nuestras vidas, mostremos a todos nuestro regocijo por llevar en nuestros corazones a un Cristo que vive, que se hace presente en nuestras realidades y nos impulsa con su espíritu a dar testimonio de fe y amor, además de convocarnos al anuncio de la buena nueva del Evangelio.

Los meses de enero, febrero y marzo enmarcan fechas y acontecimientos muy significativos en nuestras vidas, entre otras festividades celebramos el día del amor y la amistad y el día internacional de la mujer; en todos ellos se hace presente el amor. Y como centro de estos meses, celebramos también la Cuaresma, tiempo litúrgico fuerte en el cual los cristianos, de manera particularmente intensa, recorremos un camino de reflexión y conversión con vistas a celebrar dignamente la Pascua, la resurrección del Señor. En ello, resulta fundamental reforzar nuestra espiritualidad así como nuestra fe, para convertirnos en mejores y más auténticos seguidores de Jesucristo.

¡Qué el Espíritu Santo esté con nosotras, llene nuestros corazones y nos mueva a actuar siempre con misericordia!


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Muchos sabemos que desde hace un buen tiempo, en el mundo actual, se toma partido públicamente por la mujer, en aras de que pueda vivir a plenitud su dignidad y tenga su verdadero lugar en la sociedad. Una de mis preguntas, siempre latente, es: ¿qué entendemos la mayoría por el lugar de la mujer, por su plena dignidad?

Existe el Día Internacional de la Mujer y la campaña que dice: “No a la violencia contra la mujer”, y lo vemos en la televisión; algunos de nuestros artistas son parte de esos grupos a favor de su defensa. En estos momentos, hay vallas en nuestras calles donde se menciona este tema. En el ámbito eclesial, existe mundialmente, el Movimiento de Mujeres Católicas; y aquí, en nuestra Cuba querida también. Demos gracias a Dios por todo ello, pues ese siempre ha sido el designio de Dios, ya que el hombre y la mujer fueron creados a su imagen y semejanza, sin discriminación o relevancia de uno sobre el otro. Creados en igual dignidad. Por lo tanto, Dios quiere que vivamos en la dignidad que él mismo nos concedió. (leer)


universidad de la habana En este comienzo del año 2016, la mujer cubana debe detenerse un tiempito y pensar “sus roles” en la vida cotidiana. Sin dudas, las cubanas ejercen “un multioficio”, que si bien es compartido con otros países, en este terruño tiene una carga adicional. Por regla general, tiene un día sumamente laborioso y sus posibilidades de trabajar en la calle, más el tiempo de la transportación, más la casa con el esposo y los hijos, y si a ello se le añade la convivencia con uno de los padres o los dos se completa la sobrecarga. Por tanto, la labor de instruir y educar a los hijos se ve reducida a dar órdenes y regañar, a tratar de agilizarlos para que realicen sus tareas cotidianas y, cuando puede, ver la telenovela, aunque casi siempre se queda dormida. ¡Vaya vida! (leer)


Leer artículoAunque para identificarme tras de mi nombre digan: “la hermana de Moisés”, no por eso dejé de tener mi propia personalidad y, como ustedes dicen hoy, mi propia identidad de género. Se lo demostraré con la Biblia en la mano; soy bisnieta de Levi, tataranieta del patriarca Jacob (Núm. 26,59).
Recuerden que cuando mi hermano Moisés estaba en una canastilla en el río Nilo, yo me quedé a cierta distancia y cuando llegó la hija del Faraón con su séquito, salí de mi escondite y me atreví a proponerle una nodriza para que diera de mamar al niño. Miren qué valentía: una mujer rompiendo el anillo de seguridad de la hija del Faraón; miren mi astucia al proponer, nada menos que a mi madre para cuidar al niñito Moisés. Lean, por favor, el libro del Éxodo 2,1-10.
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