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Desde que nos preparamos para este tercer trimestre de nuestra revista, pensaba cuántos acontecimientos importantes ocurrirían en este período marcado muy especialmente por las vacaciones, etapa tan importante en las vidas tanto de los estudiantes como de los padres que anhelan garantizar el futuro de sus hijos, a la vez que requiere de extrema atención y cuidados en esta época vacacional.

También pusimos todo nuestro interés en preparar el tan anhelado taller diocesano de nuestro Movimiento, que es siempre tan bien acogido por nuestras hermanas porque es el lugar de encuentro de todas las mujeres para compartir sus anhelos, angustias, tristezas o simplemente contarnos unas a otras lo que acontece en nuestras vidas. Fue así que el pasado 11 de junio, en el Asilo de Santovenia, lugar que siempre nos acoge con tanto respeto y amor, nos dimos cita 120 hermanas de distintas comunidades, a pesar de lo malo del transporte, el calor y las dificultades que siempre tenemos para dedicar un sábado a este tipo de evento; no obstante, allí estábamos. Fue muy especial el poder contar con el P. Chema, sacerdote de la orden carmelita; él gentilmente aceptó nuestra invitación y, sin lugar a dudas, su tema de espiritualidad caló profundamente en nuestras conciencias y en nuestros corazones, invitándonos a meditar siempre en “la palabra clave” para cada acontecimiento de nuestra vida. Luego, la maravillosa intervención de nuestra querida Rita Petrirena, quien nos hizo un recorrido del papel de la mujer desde la creación hasta nuestros días, haciendo énfasis en lo que el papa Francisco plantea en todo momento y cuánto nos queda por alcanzar en la Iglesia y en la sociedad; además, nos explicó todo el trabajo que encierra el Plan Pastoral en nuestra Iglesia y la labor que podemos desempeñar en él. Después, como es ya habitual, en la hora del almuerzo compartimos nuestras vivencias y el pan de cada día. Cerramos con broche de oro, al invitar al grupo musical CAUCE que nos deleitó con lindísimas canciones y nos hizo hasta bailar al compás de su música. Damos gracias a Dios por el día que pasamos y le pedimos que siempre podamos mantener nuestro espíritu de mujeres cristianas y cubanas, tal como dice el himno del Movimiento.


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Me pregunto por qué nos asustamos hoy ante la palabra vacaciones. La vida no es la misma y el costo de la vida no es igual, estamos de acuerdo, pero ello no significa que le quitemos a las vacaciones el deseo de vivirlas, de disfrutarlas al máximo con los medios que tenemos a nuestro alcance. Debemos ponernos del lado de niños, adolescentes y jóvenes y ser creativos, audaces, intrépidos como pequeños exploradores. Volvamos los adultos a retomar el gozo de las vacaciones, si lo tuvimos y si no lo tuvimos. ¿Qué nos impide crear hoy los tiempos y espacios que nos recreen el cuerpo, las fuerzas, la mente y sobre todo el corazón? (leer)



Después de quince años de servicio con mujeres marginadas, debo agradecer en primer lugar al Señor y luego a todas esas personas que se encuentran en el Movimiento de Mujeres Católicas, a diversas organizaciones, a las colaboradoras de nuestro Movimiento en las comunidades y a los que de una forma u otra han ayudado para que se hiciera realidad esta labor del Movimiento Diocesano de Mujeres Católicas y lograr la continuidad del proyecto “Taller de la Esperanza”.

Vale destacar que fueron las propias mujeres beneficiarias y protagonistas del proyecto las que seleccionaron su nombre y según han manifestado, gracias a este sueño ellas viven felices en estos tiempos difíciles -como suelen afirmar- reconociendo a Cristo y afrontando sus vidas con una visión diferente ya que han aprendido que los problemas pueden resolverse cuando se tiene a Cristo como único salvador en el corazón y nos colocamos en sus manos; ellas pidieron recibir los sacramentos del bautismo, confesión, comunión, confirmación y algunas han santificado su unión matrimonial ante Dios, en el altar.(leer)


Leer artículoComo deben saber, las mujeres en tiempos de Jesús apenas teníamos derechos. Pasábamos de la dependencia del padre a la dependencia del esposo y si este fallecía, seguíamos dependiendo de algún hijo varón o de algún pariente del marido que quisiera hacerse cargo de nosotras, las viudas. Acuérdense de Melcá, la viuda pobre que solo tenía dos moneditas de cobre y las ofreció al tesoro del gran templo de Jerusalén. (Lc.21,1-4, ver Nosotras N°12).
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