Resumen noticioso del recorrido de la imagen de la Virgen de la Caridad por 10 de Octubre

 

1. "En la parroquia de Jesús del Monte"

2. "Dos hospitales acogen a la Virgen de la Caridad"

3. "De Jesús del Monte a Los Pasionistas: apoteosis de la Caridad"

4. "La Virgen del Amor ha llegado a los barrios de Víbora Park y La Víbora"

5. "María de la Caridad congrega al pueblo de la Víbora"

6. "¡Bendice nuestras calles, María!"

7. "La Virgen recorre el barrio de Santos Suárez"

8. "¡Al fin entre nosotros!"

9. "La imagen se marcha pero María se queda"

 



 


Texto: Raúl León  /  Fotos: Luis Pons

10 de Octubre, Arquidiócesis de La Habana, 17 de noviembre de 2011 / Este jueves tras concluir la visita al Hospital Materno Infantil 10 de Octubre, los fieles caminaron en procesión unos pocos metros, hasta la iglesia Nuestra Señora de la Guardia. En la entrada principal del templo fue dispuesta la imagen bendita, pero ante el arrollador gentío, la imagen fue trasladada hacia el interior del templo, donde pasaron los devotos para presentarle sus súplicas y acciones de gracias, ofrecerle flores, velas y cantos dedicados, en una fila que fluyó por más de tres horas ininterrumpidamente. Allí, el padre Luis Alberto dirigió súplicas y animó con cantos, mientras   otros sacerdotes y diáconos impartían bendiciones a los presentes.

A las tres de la tarde se dispuso el traslado hacia la parroquia de Jesús del Monte. Fue conducida por la Calzada de Luyanó hasta la Calzada de 10 de Octubre, donde la esperaban miles de devotos que la saludaron y acompañaron en su recorrido hacia el centenario templo parroquial, levantado en la loma donde fueron sacrificados los vegueros rebeldes en la época colonial. Al llegar a la explanada frente al templo, se entonaron las notas de nuestro Himno Nacional y el cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana, habló a todos los congregados sobre el significado y alcance histórico del hallazgo de la imagen bendita, cuyo cuarto centenario celebraremos el próximo año. Seguidamente añadió: “En momentos de nuestra historia en que la gente se alejó muchísimo de Dios, la imagen de la Virgen de la Caridad permaneció en las casas, recordando a los cubanos que aquí estaba Ella para protegernos y para guardar nuestra fe en Dios”.

El padre Luís Alberto Formoso, párroco, pidió un fuerte aplauso a la Virgen María por las gracias recibidas por su intercesión, por su presencia en nuestras vidas, e invitó a mirar fijamente al rostro de la imagen y pedir, en silencio, por la salud, la paz y el amor  entre todos los cubanos. Después continuaron las oraciones y cantos a la Virgen con súplicas por los enfermos y desvalidos, los presos y todos aquellos que necesitan de la protección maternal de María.

Pedrito y Milena, dos jóvenes de la parroquia, dijeron que ha sido bello poder contar con la presencia de la Virgen de la Caridad en sus vidas, pues les ha abierto más el corazón y se sienten más protegidos por su amorosa intercesión, pues María ha sido su guía en el camino hacia Dios.

Por su parte, Josefina, una doctora residente en la zona, confiesa que vino a ver a la Virgen de la Caridad porque le debe la vida, y cuenta que su madre se encomendó a la Virgen en el momento del parto, cuando la vida de ambas peligraba. Josefina asegura que María de la Caridad las salvó.

Durante cinco horas una fila interminable de fieles pasó por delante de la imagen bendita, ofreciendo velas, flores y oraciones, y tomaban fotos para perpetuar el momento. A las ocho y media de la noche se inició la solemne e impresionante procesión mariana por la Calzada de 10 de Octubre, hacia la parroquia de los Pasionistas, en La Víbora.

inicio


Texto. Raúl León Pérez  / Fotos: Luís Pons Hernández

10 de Octubre, Arquidiócesis de La Habana, 18 de noviembre de 2011 / A las diez y cincuenta de la mañana del jueves 17 de noviembre, la imagen de la Virgen Peregrina hacía su entrada al municipio 10 de Octubre, proveniente de  la parroquia de Nuestra Señora del Pilar, en El Cerro. Desde horas tempranas fieles y devotos se congregaron frente al Hospital Miguel Enríquez (La Benéfica) para esperarla. Personal médico, paramédico y pacientes del hospital,  desoyeron la prohibición de salir del centro asistencial para asistir al recibimiento, mientras que otros participaron desde las ventanas y balcones del edificio, un grupo de estudiantes de medicina, cubanos y extranjeros, también acudió para honrar a la Madre de todos los cubanos.
 
Al llegar al lugar, la imagen de la Virgen fue recibida con aplausos y vítores y, acto seguido, nuestro arzobispo el cardenal Jaime Ortega, reflexionó acerca de la labor de la Iglesia en el cuidado “de los enfermos y de todos los necesitados, a imitación de Jesucristo, a quien vemos en los evangelios siempre atento a ellos”, y aclaraba el verdadero sentido de la caridad cristiana, la cual “no significa dar una limosnita, sino que adquiere su máxima expresión al darse uno mismo a los demás, como lo hacen las madres por sus hijos, como lo hacen todos aquellos que dedican sus vidas a atender a los enfermos”. Por eso la Madre de la Caridad visitó aquel hospital, “porque Ella nos trae a Jesús, nos trae el amor”, dijo el arzobispo.

Después invitó a todos a rezar con él el Avemaría y les impartió su bendición. Para que todos pudieran ver bien de cerca a la imagen bendita, esta fue sacada de la urna mientras el padre Luis Alberto Formoso, párroco de Jesús del Monte, cuyo territorio incluye este Hospital, pedía la bendición de la Patrona de Cuba para todos los que allí trabajan y quienes ahora son sus pacientes.

Un solemne silencio invadió el lugar cuando el párroco pidió  a los presentes que presentaran sus súplicas desde lo más profundo del corazón a la Virgen mambisa.

En la continuación del recorrido por el territorio de la Parroquia, la Madre bendita no podía dejar de visitar al Hospital Materno Infantil de 10 de Octubre (Hijas de Galicia), donde la aguardaban  también trabajadores y pacientes, junto a cientos de vecinos que esperaban ansiosos la llegada de la imagen. Frente al Hospital, nuestro arzobispo habló a los presentes diciendo: “Esa Madre que llevó en su vientre a Jesucristo, el Hijo de Dios, es la Madre del único Dios Salvador, por eso nosotros vamos a pedirle por las mamás que están aquí, por las que esperan y por las que ya tienen a sus hijos recién nacidos. Vamos a pedirle para que la vida siempre florezca en el seno materno, para que nunca se corte la vida que crece en el vientre de una madre. Pidamos  por nuestras madres, por nuestros niños, para que haya en los cubanos un aprecio por la vida del ser humano desde el momento mismo de la concepción hasta la muerte.”  

inicio


Texto: Habey Hechavarría Prado  /  Foto: Orlando Márquez

10 de Octubre, Arquidiócesis de La Habana, 18 de noviembre de 2011 /  Por “la Calzada más bien enorme de Jesús del Monte”, arteria urbana donde el poeta Eliseo Diego tuvo una de sus más encantadoras visiones líricas, desfiló la Bendita Imagen de la Virgen María de la Caridad, para darle un lustre más espiritual y cristiano a la hoy nombrada, con garbo fundacional, Calzada del Diez de Octubre. Quienes tuvimos la oportunidad de acompañarla, entre una incalculable oleada de multitudes, desde la parroquia de Jesús del Monte hasta la parroquia de Los Pasionistas, atravesando un tramo de esa estrecha pero populosa avenida, asistimos a un evento histórico de fervor religioso y de patriotismo en el municipio más poblado de La Habana.

La convocatoria de la Virgen es impresionante. Días antes hubo avisos, acciones misioneras y muchísimos comentarios personales (principal medio de comunicación en Cuba), para divulgar lo que sucedería en la ya inolvidable noche del 17 de noviembre de 2011, después de las ocho y media de la noche. La imagen que los mambises veneraron y que les acompañó en sus esfuerzos independentistas, movilizó, a lo largo de unas diez cuadras, a varios miles de personas residentes en los barrios de Santos Suárez, Lawton y La Víbora, según cálculos aproximados. Hasta la banda Municipal se sumó a la procesión aportando una mayor sonoridad. Solo la Virgen en Cuba puede tanto.

La gente se apostó a ambos lados de la calle, inundó balcones y azoteas, salió de tiendas y lugares públicos, se le veía correr por las entrecalles para no perderse el paso de la Señora. Se detuvieron carros y motocicletas. Guaguas repletas de gente, como siempre, detenidas por la procesión, no mostraban caras adustas de pasajeros importunados sino rostros fascinados ante lo insólito o emocionados hasta las lágrimas, cuerpos salidos por las ventanas, cámaras y teléfonos móviles que intentaban eternizar el momento. Pero lo más conmovedor era la voz de las personas, sus aplausos, las aclamaciones que se confundían con los agasajos a la belleza de la imagen iluminada y viajera, peticiones desesperadas, piropos de hijas e hijos que, enamorados de su Madre, rompen ataduras formales para expresar lo que sale espontáneamente del corazón. Y, gracias a Dios, todo lo que este reportero escuchó, fue hermoso y edificante en medio de la inocencia o de la sencillez popular que se dejaba guiar por cánticos, oraciones y rezos marianos tradicionales, inducidos desde el carro.

Sorprendían, cortaban la respiración, hacían temblar las expresiones de reconocimiento ante una experiencia tan evidente de lo sagrado en los mismos lugares donde sucede nuestra cotidianidad. Unos decían que era muy bonita la Madre de la Iglesia, otros afirmaron que se “erizaban” solo de verla, algunos quisieron abalanzarse sobre el carro que la transportaba; quienes estaban lejos lanzaban flores, si es que no llegaban a besar o tocar el cristal o la carrocería. En aquellas circunstancias, las frases quizá teológicamente discutibles, en medio de aquella fiesta y del homenaje espontáneo, pudieron más que la recta doctrina que el pueblo cubano mayoritariamente ignora. Eso no constituyó un impedimento para manifestar el amor a Dios y a la Virgen con una fe que arrastra a los tímidos, seduce a los reticentes y convence a los desconfiados. Así mismo sucedió con personas que se sintieron bendecidas cuando momentáneamente el carro se detuvo delante de ellos, u otros que participaron en la procesión, convencidos que su lugar estaba al lado de la Auxiliadora de los cristianos que porta la Cruz redentora y muestra al Niño Jesús.

II


A pocos metros de la frontera de las dos parroquias vecinas, en la intersección de la Calzada con la misma calle nombrada Dolores (hacia Lawton) o Lacret (hacia Santos Suárez), se sumó el arzobispo de La Habana, cardenal Jaime Ortega, quien fue recibido con aclamaciones. Desde allí, Su Eminencia presidió la procesión que fue ganando en fervor en la medida que se acercó a la plaza frente a la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús y San Pablo de la Cruz (Los Pasionistas). La animación elevó el embullo popular que unas cuadras después, en el cruce de Santa Catalina, había alcanzado un punto casi  de ebullición. Tal situación se hizo más evidente cuando, al llegar el vehículo al borde la referida plaza, sonaban las campanas, se iluminaron las espigadas torres del templo y se desplegó una enorme bandera cubana, mientras el pueblo pedía que sacaran a la Virgen.

Lo que pasó después desató el gozo de una multitud inquieta y apasionada de miles de personas que, a las nueve y media, había colmado el área. Por un estrecho canal abierto en medio de la multitud, la Peregrina llegó a una tarima apostada en la esquina del templo, sobre la cual, de inmediato, descendió una delicada lluvia de pétalos. La Bendita Imagen de la Caridad, las flores y la bandera dieron paso al canto del Himno Nacional. Se impuso el recogimiento y el respeto ante lo sagrado y lo patriótico, dos valores y registros que el pueblo de Cuba ha sabido defender y cultivar. Las vibrantes palabras que el señor cardenal dirigió a la inmensa y atenta concurrencia pusieron énfasis en este aspecto y en la presencia y la significación de la Virgen en nuestro devenir nacional. También aludió a los atributos que el pueblo valora en María de Nazareth y describió la riqueza insondable del trato que debemos darle a la Madre de Cristo y Madre nuestra. El Arzobispo no desaprovechó la oportunidad para referirse a la próxima visita del Santo Padre Benedicto XVI a Cuba.

Tras la intervención del Pastor de la Arquidiócesis, continuó la animación con cantos, oraciones y otras intervenciones de los sacerdotes Israel Pérez y el párroco Evelio Rodríguez, pasionista. Una hora después, el pueblo cedió un espacio para permitir que la urna, con la imagen de la Reina de Cuba, entrara finalmente en el templo, delante de una multitud un poco más calmada que, no obstante, inundó la nave de la iglesia a los pocos minutos. Todos querían ver a la Patrona, la Madrecita del Cobre, querían rogarle, suplicarle su poderosa intercesión ante la Santísima Trinidad con la que está en perfecta comunión.

Ubicada en el presbiterio, delante del altar y tras el comulgatorio, la iglesia de Los Pasionistas albergó no solo la más grande devoción religiosa de nuestro país, no solo a uno de los símbolos principales de la nacionalidad, ni fue otra escala en este inimaginable peregrinar de la Virgen por la Isla, sino que se convirtió, por unos instantes, abrevadero natural de la misericordia del Padre Celestial, pues mediante las manos de cuatro sacerdotes transmitió sus bendiciones al pueblo. Se bendijo a niños y embarazadas, pero hicieron fila para recibir bendiciones personas de ambos sexos, de todas las edades y perfiles raciales. Y todo se hizo bajo la mirada protectora de María Santísima, cuya entronización realzó los fulgores del manto amarillo con pedrerías que, a la 1: 30 a.m., cuando este reportero salía para empezar a escribir, todavía iluminaba las almas de muchos vecinos y fieles que llegaban a su encuentro.

inicio


Por: Alejandro Alejo Velasco  /  Fotos: Irina Alejo Barrios

La Víbora, Arquidiócesis de La Habana, 19 de noviembre de 2011 / Con júbilo y profunda devoción los residentes de esta zona de La Habana han recibido a la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre acontecimiento, que de manera especial, estamos viviendo todos los cubanos.

Durante su recorrido por las comunidades de la Parroquia de Santa Lucía, la Virgen Peregrina hizo dos breves paradas: una delante de la biblioteca Municipal Karine y otra ante el monumento de María Auxiliadora. Frente a una multitud que esperaba ansiosa la imagen de la Patrona de Cuba, el cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana, agradeció a aquellos que mantuvieron encendida la llama de la fe y sin los cuales no podíamos estar viviendo estos momentos de gracia.

Valoró positivamente la labor que realiza la biblioteca; sugirió que su trabajo podría continuar en otro edificio y así dejar este espacio, antigua capilla del colegio María Auxiliadora, para que los fieles pudieran celebrar allí su fe.

A la llegada a la iglesia de Santa Lucía Mártir una multitud, poco acostumbrada a suceso tan sorprendente, dejó su rutina diaria y quiso darle la bienvenida a la Madre de Dios y poner ante sus pies agradecimientos, sueños y peticiones.

El Arzobispo se dirigió a los presentes y habló sobre la Virgen, de la necesidad no solo de tener valores sino de tener virtudes para trabajar por esos valores. Recordó al Padre Félix Varela cuando dijo que; “No hay Patria sin Virtud, ni virtud sin religión”.

El padre Sergio Bertrán, párroco de estas comunidades, hizo peticiones por los niños, los padres y los enfermos, especialmente por aquellos que tienen problemas físicos y mentales. Entre cantos y oraciones la comunidad pasó ante la imagen de la Virgen Mambisa mientras a la salida del templo recibían las bendiciones de sacerdotes de la congregación de los verbitas.

En horas de la tarde la imagen de la Madre de Dios se dirigió hacia el Hogar de Veteranos lugar donde estuvieron aquellos que participaron en nuestras guerras de independencia, los mismos que en carta al Papa Benedicto XV pidieron fuera proclamada la Virgen de la Caridad como Patrona de Cuba. Por ello niños vestidos como mambises y con una gigantesca bandera cubana, abrieron paso entre la multitud para dirigirse al parque Emilia de Córdoba frente a la capilla de Nuestra Señora del Sagrado Corazón donde se celebraría la eucaristía.

Ya en el parque y en presencia de la imagen de María, se celebró una solemne eucaristía presidida por Mons. Jaime Ortega, y Mons. Alfredo Petit, y Mons. Juan de Dios, obispos auxiliares de la Habana: y otros sacerdotes de la arquidiócesis. En la celebración participaron además de los integrantes de las comunidades de la parroquia de Santa Lucia, el pueblo del barrio y otros fieles de las iglesias pertenecientes a la vicaria sur. Todos siguieron la misa con cantos y oraciones.

En su homilía, el cardenal Ortega habló de la importancia de la fe, para la vida. Hizo mención que es la imagen de la Virgen de la Caridad el símbolo más antiguo que tenemos como nación: “Cuando no teníamos escudo, himno y bandera, ella acogía las súplicas de todos los cubanos” precisó el Arzobispo de la Habana. Recordó que Maceo tenía una medalla de la Caridad y no salía al combate sin tocar en su pecho la misma, y esta lo acompañó hasta su muerte. Por eso tanto simbolismo cuando la imagen de la Virgen Peregrina acudió a su tumba en el Cacahual.

Como ofrenda a la Santa Madre de Cuba fue llevada una cesta de mariposas, flor nacional, por niños de la parroquia.

El pueblo acudió respetuosamente a los pies de la Imagen y como ya lo había hecho antes le expresó sus anhelos y esperanzas.

En horas de la noche, después de la Celebración la Imagen siguió su peregrinar hacia Arroyo Apolo.

Todos nos hemos acercado a Jesús a través de María.


inicio


Por Habey Hechavarría Prado

La Víbora, Arquidiócesis de la Habana, 19 de noviembre de 2011 / Las filas interminables de personas deseosas de postrarse ante la imagen de la Virgen de la Caridad, o que anhelaban la bendición de un sacerdote o de un diácono, fue la expresión más notable que la devoción popular ofreció a la Patrona de Cuba en la iglesia habanera de los Padres Pasionistas, de La Víbora. Estas manifestaciones públicas de fe, tan inusuales, transformaron el ambiente del barrio e impresionaron mucho porque contrastaron con la rutina cotidiana de sus moradores. Ellos, junto a personas de los barrios aledaños y los transeúntes ocasionales, tuvieron en los días 17 y 18 de noviembre varias ocasiones de acercarse a la venerada imagen que tantas emociones y voluntades ha movido a lo largo del país desde el inicio de la peregrinación.   

Sin embargo, no bastaron las casi veinte horas que esta hermosa representación de María Santísima estuvo en el templo que atienden los misioneros pasionistas. Ni alcanzó la disponibilidad plena de los ministros para atender a tantos devotos; desde que, alrededor de las diez y media de la noche del día 17, la imagen se colocó en el presbiterio, comenzó un fluido de personas que mantuvo el templo abierto durante toda la visitación. Incluso, en cierto momento de la madrugada, cuando disminuyó el paso de los fieles, todavía, y de manera esporádica, entraban personas buscando a la Madre de Dios.

Con el alba, aumentó el número de visitantes, a la vez que recomenzaron las principales actividades parroquiales, aunque no pararon un instante el cuidado del orden, la atención a los cooperantes y peregrinos, además del aseguramiento general. A las seis de la mañana se rezó y cantó un Rosario de la Aurora, horas después se brindó una catequesis sobre la Virgen María, más tarde hubo una reflexión sobre la devoción mariana y a las doce del mediodía, tras el rezo del Ángelus, ante una iglesia ya totalmente llena, las oraciones dieron paso a la gala cultural-religiosa, donde, entre canciones y poemas dedicados a la Caridad del Cobre, destacaron las interpretaciones musicales de Bernardo Lichilín, Félix Bernal, Michel Toll y Ana Hechavarría. A las dos de la tarde, el inicio de la Santa Misa, oficiada por el párroco Evelio Rodríguez y concelebrada por otros sacerdotes pasionistas, constituyó el momento cumbre de estas jornadas.

Para entonces, apenas se podía caminar en el templo por la cantidad de personas cada vez más interesadas en acercarse a la imagen de la Virgen, conscientes de que se aproximaba el momento de la partida hacia la parroquia cercana de Santa Clara. En general, nunca se detuvieron las oraciones vocales o mentales, ni el ofrecimiento de flores que repletó el presbiterio. Las mujeres embarazadas o no, los niños, jóvenes y hombres venían en ritmo creciente. Al respecto, las filas para las bendiciones (una de las cuales llegaba hasta la calle) se detuvieron solo para dar paso a la gala y a la Misa.

Un rato antes de la salida, el pueblo continuó venerando a su Patrona en el pórtico de la iglesia. Como la noche anterior, una multitud se congregó en la Plaza de los Pasionistas. No fueron entonces cinco mil personas sino menos de la mitad, pero sí el miso fervor, los mismos aplausos, aclamaciones y cánticos. Continuaron los rezos, las meditaciones sobre la riqueza insondable de amor y sabiduría que la Santísima Trinidad derrama sobre Nuestra Señora, y el pueblo asentía con un enjambre de voces, brazos y ojos suplicantes.

Cuando a las cinco de la tarde se alejaba la caravana de coches y el auto que transporta la bendita imagen se incorporaba a la Calzada del Diez de Octubre, escuché claramente, bajo tantos saludos, una voz femenina joven que susurró: ¡Virgencita, yo te quiero!

inicio


Por: David Gómez Valdés

10 de Octubre, Arquidiócesis de La Habana, 26 de noviembre de 2011 /  Desde bien temprano, el viernes 25 de noviembre, una multitud de vecinos y trabajadores de centros aledaños, se reunió en la plazoleta de la iglesia de San Francisco de Paula en espera de la Virgen Peregrina, la cual arribó cerca de las diez de la mañana, proveniente de la parroquia de Los Pinos.  

A pesar de ser el viernes día laboral, muchas fueron las personas, creyentes o no, que quisieron estar presentes en el lugar y acompañar a su paso a la Madre del Pueblo Cubano. Hombres, mujeres, algunos niños salidos de sus escuelas y ancianos, decidieron ir junto a ella por todo el trayecto que trajo a la imagen bendita por la larga calle Finlay, la cual comunica Los Pinos con el barrio de El Naranjito.

Las autoridades civiles cooperaron en la escolta, especialmente, cuando alcanzó la avenida San Miguel, donde se detuvo un momento ante el Departamento de Seguridad del Estado (antigua residencia de los Padres Maristas). Oficiales y soldados le saludaron, con su presencia y silencio; venía a la mente la frase de nuestro Titán de Bronce, Antonio de la Caridad Maceo: “Quien no quiere a Dios, no quiere a la Patria”.

Luego la bendita imagen dobló por la avenida Mayía Rodríguez, y se situó ya ante el barrio conocido como El Mónaco.

Al arribar a su destino, fue recibida con el repique incesante de las campanas y gritos de júbilo, siendo acogida por monseñor Alfredo Petit Vergel, obispo auxiliar de La Habana y párroco de la comunidad. La Iglesia parroquial de San Francisco de Paula (que este año cumplió cien años de construida) estaba lista para la ocasión como una hija alegre de ver a su Madre luego de tantos años. Muchos fueron los globos, flores, velas y los rostros con lágrimas en los ojos. Los aplausos a su llegada no se hicieron esperar, todos querían estar bien cerquita de su Madre y Reina. María del Cobre volvía al mar, pero un mar de pueblo: personas con deseos, sueños y esperanzas.

Colocada en el sitio especial preparado para Ella, se entonó el Himno Nacional. Posteriormente, el cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana, pronunció las palabras de bienvenida a las personas congregadas en la plazoleta de la parroquia y bendijo a todos. La imagen entró al templo con el canto “Virgen Mambisa”.

Allí estaba, orgullosa, Emma Pulido, de 77 años, la cual vio a la Virgen del Cobre cuando presidió la misa de clausura del Congreso Nacional Católico en le año 1959.

Otra de las presentes, Zoraida Orama, de 57 años, expresó: “Yo vengo a ver a la Virgen, en representación de la madre cubana, para pedirle e implorarle la libertad de mi hijo que se haya recluido. Rezo no solamente por mi hijo, le pido a Ella la libertad de muchos presos cubanos, pues Ella es la Patrona de Cuba, dentro y fuera; y que pida a Jesús que perdone a mi hijo por lo que hizo y le permita no sentir tanta culpa.”

Profundamente emocionada llegó ante la Virgen Mambisa, Marta Valdés Alzugaray, de 62 años, la cual se le concibió la dicha de tener dos hijos, aun cuando decían que era estéril; le agradece a María del Cobre la curación de su hijo Adrián de un terrible padecimiento. Pidió además que nuestro país sea capaz de lograr sus buenos objetivos, sin tener que padecer la guerra.      

Cierre del primer momento

A las doce, todos los cristianos detienen su jornada laboral y recuerdan que Dios se hizo Hombre en las entrañas purísimas de María, por lo cual se rezó a esa hora señalada el Angelus, a la vez que sonaban las campanas. Seguidamente se inició el rezo del santo rosario con  intenciones específicas (por la paz del mundo, la reconciliación, los presos y sus familiares, los jóvenes y por las vocaciones cristianas). No cesaron de venir personas de todas partes: embarazadas, niños, enfermos, ancianas del hogar aledaño que atienden las Hijas de la Caridad, discapacitados, pueblo  en general, para ser bendecidos por los sacerdotes que vinieron por la ocasión. Cada diez minutos se oraba con un Ave María y se entonaban cantos.

A las cinco de la tarde, la bendita imagen fue llevada hacia la capilla de Santa Teresita, en el barrio de Santa Amalia. Esta capilla fue obra de monseñor Alfredo Llaguno, obispo auxiliar de La Habana (1963- 1972), el cual era muy devoto a Santa Teresa del Niño Jesús y le dedicó esta capilla, atendida desde entonces por los párrocos de San Francisco de Paula.

Saliendo por la céntrica avenida Mayía Rodríguez, siguió por calles secundarias, encontrando a su paso gente de pueblo, desde aceras, portales, balcones, que agradecieron su presencia de unión, paz y amor. Unos lanzaban flores blancas y amarillas o las alzaban a su paso. Al llegar, la comunidad colmó las vías aledañas al templo; la capilla resultó pequeña para los dos mil asistentes, quienes encendieron velas, y en silencio rezaron a Dios por intercesión de María Santísima de la Caridad del Cobre. Tras permanecer unas dos horas con la comunidad de Santa Teresita, la imagen volvió a la parroquia de Paula.

Velada nocturna y despedida en la mañana.

Marcaban los relojes, las ocho de la noche, cuando la Virgen Mambisa arribó a la parroquia por la calle Espadero, la cual desemboca en la iglesia. A la luz de la luna, en fase de cuarto menguante, se rezó el segundo rosario y todos participamos en la Celebración de la Palabra, en la cual hubo ofrendas especiales a la Virgen: la flor de la mariposa, la bandera cubana, las claves, una cesta de frutas, y se liberó una paloma como símbolo de paz para Cuba y el mundo. A las doce en punto, se entonó el canto “A los pies de la Virgen”, cantado por toda la comunidad, que se mantuvo en vigilia y oración durante toda la noche, hasta el amanecer.

Los músicos le ofrecieron su arte a la Madre. El tenor Bernardo Lichilin, acompañado por la violinista María Teresa Gómez, interpretó varias obras. Por su parte, el joven Félix Bernal le dedicó el Ave María de Schubert, entre otros cantos. Mabel Serrano, de 23 años, ejecutó tres piezas al violín con gran maestría: Ave María, Meditación de Thais y Tema de amor, de Frank Fernández.

A las seis de la mañana comenzó el rosario de la aurora. Seguidamente, a las ocho, la imagen visitó el Hogar de Ancianas de San Francisco de Paula, donde viven ciento sesenta y una internas, al cuidado de nueve hermanas Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Su superiora general sor Nadieska Almeida Miguel, recibió junto a las trabajadoras a la Virgen. La imagen se detuvo breves instantes ante cada puerta de las siete salas existentes en el Hogar, mientras se rezaba el Ave María.

A las diez de la mañana se despidió la imagen de la Virgen del Cobre, que salió por la avenida Mayía Rodríguez, en dirección al Mónaco, lugar donde se detuvo unos minutos. Así continuó la caravana de autos, custodiada por personas a ambos lugares de la calle, hacia la parroquia La  Milagrosa.

 

inicio


Por: Aida de Puzo  /  Fotos: Orlando Márquez

Santos  Suárez, Arquidiócesis de la Habana, 26 de noviembre de 2011 / A las 10:15 a.m. procedente de la parroquia de San Francisco de Paula, llegó la bendita Imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre a la barriada de Santos Suárez, parroquia de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, donde prestan servicios padres de la Congregación de la Misión, los paúles. Desde horas tempranas de la mañana, en profesión de fe y de respeto a nuestra Patrona, acudieron al lugar señalado para recibirla cientos de personas, en particular decenas de niños de las escuelas cercanas que asisten a la catequesis. Al divisarse la cercanía de la imagen se escucharon los aplausos y aclamaciones a la Madre de todos los cubanos.

La imagen vino acompañada por el cardenal Jaime Ortega Alamino, arzobispo de la Habana; por monseñor Alfredo Petit, obispo auxiliar, y por el padre Luis Alberto Formoso, párroco del Buen Pastor, de Jesús del Monte. La recibió el padre Jesús María Lusarreta, párroco de La Milagrosa. Después del intercambio de saludos, la banda de música de la Tutelar de Guanabacoa entonó las notas del Himno Nacional, y se comenzó el recorrido hacia el Templo, mientras el pueblo entonaba cantos a la Virgen de la Caridad.

Los niños encabezaban la marcha, muchos vestidos de mambises, otros enarbolando banderitas cubanas o flores de los colores de la enseña nacional. Detrás les seguían los muchachos de Infancia Misionera, quienes llevaban un rosario gigante, símbolo de la fe que nos une a María; y cerraba el desfile la amada imagen de Nuestra Patrona, seguida por el pueblo.

Al paso de la madre se vieron los rostros de los hombres y las mujeres de nuestro pueblo que reflejaban el respeto a la mujer Inmaculada que trajo al mundo a Jesús. Había rostros con lágrimas en sus ojos, expresión de anhelos, alegrías o temores; algunos movían sus labios en una oración silenciosa, mientras mantenían sus ojos fijos en la imagen, como si depositaran en ella las esperanzas de sus vidas.

Al llegar al templo, el arzobispo de La Habana se dirigió a todos los allí reunidos con palabras de ánimo para que comprendiéramos la necesidad de acercarnos a María y seguir su ejemplo de humildad, imitar su acción misionera y apreciar que la Virgen María de la Caridad nos muestra en su lado izquierdo a su Hijo, único camino para la vida eterna, y en el lado derecho la Cruz, símbolo de la Evangelización.

Más adelante, el cardenal Jaime Ortega señaló la importancia del amor a los padres, a los hijos, de la fidelidad matrimonial y de la unidad familiar Sus palabras fueron breves pero llenas de amor y concluyó con la bendición a todos los presentes.

A continuación, el grupo de niños Down bailando un zapateo cubano en la calle que accede al templo, inició la bienvenida parroquial a la Virgen de la Caridad. Posteriormente la imagen fue trasladada al interior del templo para que los fieles depositaran sus ofrendas y presentaran sus oraciones. Como aspecto característico de esta parroquia en la devoción a María, se colocaron desde las andas de la Virgen dos largas cintas con una estampa de la Virgen Caridad en el extremo, para que el pueblo le diera el “beso a la Madre”.

En horas de la tarde, se inició el recorrido por el territorio parroquial, visitando la capilla de Los Caracoles, el Hospital Coco y Rabí y el asilo de ancianos 24 de Febrero.

inicio


Por: Arlen Martínez Herrero  /  Foto: Orlando Márquez


Santos Suárez, Arquidiócesis de La Habana, 28 de noviembre de 2011 /
“¡Vamos, las flores! ¡Pide por la familia, los viejitos, los niños, que la Virgencita te está esperando!”, fue el pregón de uno de los “floreros” apostados desde temprano en la intersección de las calles Milagros y Mayía Rodríguez, junto a centenares de personas que aguardaban la llegada de la Madre de Dios a los predios de la parroquia San Juan Bosco.

“¡Mírala ahí!, ¡Ya viene!”, fueron frases escuchadas entre la multitud. La loma de Mayía, la misma que deja sin aliento al caminante, fue esta vez una buena noticia para todos: la Imagen de la Virgen descendió por ella y sus hijos, impacientes por tenerla cerca, pudieron contemplarla desde la lejanía.

Al compás de la música de la Banda de Conciertos Ordaz, la Virgen, precedida por un grupo de acólitos y niños de la catequesis, fue escoltada por una multitud durante su traslado por la Avenida Santa Catalina, hasta ser colocada a las puertas del templo. Allí, luego de entonar el Himno Nacional y en medio de un silencio conmovedor, el cardenal Jaime Ortega Alamino invitó al pueblo a dejarse tocar por el amor mariano: “Llévense la foto de la Virgen en el corazón, primero mírenla a Ella”. El arzobispo de la Iglesia habanera predicó también sobre la importancia de cultivar los valores humanos y recordó la máxima martiana “dichoso es el que es bueno”, pues no basta solo con reconocer los valores, sino que es necesario desarrollar la virtud y realizar buenas acciones.  

Con estentóreos ¡vivas! a la Virgen, a su Hijo Jesucristo y a la tierra cubana, pasó la imagen al interior de la iglesia, donde recibió los regalos y ruegos de sus hijos, quienes no escatimaron esfuerzos para agradar a la Patrona.

Ancianos con bastones o en sillones de ruedas, obreros que interrumpieron su faena, muchachos de tecnológico, infantes en brazos de sus padres, doctores, enfermeras, niños con sus uniformes escolares, mujeres embarazadas y familias enteras, desfilaron en frente de la imagen para presentar sus súplicas y dar gracias por la intersección de María ante su Hijo Jesucristo. Es que la Virgen de la Caridad moviliza, supone una gran fiesta, fiesta preparada por un pueblo de profundas raíces religiosas que quiere avivar su fe y demostrarla públicamente. ¡Gracias a la Virgen por este regalo!

inicio


Por: Miriam Romero Nasiff  /  Fotos: Manuel Alvarez Gil

Víbora, Arquidiócesis de La Habana, 29 de noviembre del 2011 /  Por más de veinticuatro horas la imagen de Nuestra Señora, la Virgen de la Caridad del Cobre, acompañó a toda la comunidad de San Juan Bosco de la Víbora y a todos los que desde otros lugares de la ciudad sintieron la necesidad de venerarla, de agradecerle, de pedir su intercesión ante nuestro Señor y de presentarle sus alegrías y tristezas.
Desde horas tempranas de la mañana, el templo recibió a todos los que sintieron la necesidad de participar en la Eucaristía dedicada a la Virgen y despedir después la imagen de la Caridad del Cobre.

La imagen se ha marchado, pero la Virgen ha venido para quedarse entre nosotros y como dijo el padre Santiago, párroco de nuestra iglesia, ella ha venido a guiar nuestros pasos, ha traído un mensaje a todos y a cada uno en particular.

La comunidad de San Juan Bosco, fundador de la congregación salesiana y patrono de nuestra comunidad, hombre mariano por excelencia, se ha regocijado con esta visita y desea que el mensaje de la Virgen María quede en el corazón y en las obras de cada uno de sus hijos.

Con oraciones, canciones, vítores y aplausos fue despedida la imagen de la Virgen Mambisa por una multitud congregada al frente del templo.

La Caridad es Amor, ahora nos queda demostrarle a nuestra Madre que su visita aumentará nuestra Fe y nuestro compromiso cristiano.

inicio


Tomado de: Nosotros Hoy - Segmento noticioso del Sitio WEB de la COCC.


 

-Servicio de noticias-
Arzobispado de San Cristóbal de La Habana. 2010-2020©
Puede reproducir parcial o totalmente esta información, siempre que cite la fuente original

Calle Habana No. 152 esq. a Chacón, La Habana Vieja. La Habana. Cuba. C.P. 10100
Teléfono:(53 7) 862-4000 - 862-4008 - 862-4009.

E-mail: info@arquidiocesisdelahabana.org
2010-2020©