Resumen noticioso del recorrido de la imagen de la Virgen de la Caridad por Arroyo Naranjo

 

1. "Los preferidos de Dios"

2. "Santa Bárbara da paso a la Virgen: “Desde el Cobre hasta Párraga, ¡ ésta sí es la Madre !”"

3. "Mirada amorosa… la Virgen Peregrina en el Hospital Julio Trigo"

4. "La Virgen de la Caridad en la Capilla de Fátima"

 


Texto y foto: Dulce María Rabelo

Hospital Psiquiátrico 27 de Noviembre, Arquidiócesis de La Habana, 19 de noviembre 2011 / La Virgen no olvida nunca a sus hijos, en especial a los más débiles y enfermos, por eso a las seis y quince de la tarde, ya oscureciendo, hizo su entrada en el Hospital (antigua Quinta Canaria) la bendita imagen, donde era recibida por muchos de los pobladores con vivas y aplausos.

Ya en los jardines del recinto hospitalario trabajadores y un grupo de enfermos esperaban ansiosos la llegada de la Madre. El padre Israel Pérez los animaba a que presentaran a Ella, la Madre, sus súplicas, sus anhelos y también las gracias que a través de Ella han recibido.

El cardenal Jaime Ortega, con breves y emotivas palabras, les decía a los congregados: “…no podíamos dejar de traer a la Virgen a este lugar, ustedes son los preferidos de Dios”.

Los enfermos, a pesar de su patología psiquiátrica, contemplaban a la Virgen, le tiraban besos como si con ellos pudieran alcanzar a acariciarla. Con el rezo del Ave María y bajo una lluvia de aplausos se despedía la Peregrina de sus queridos hijos.

Al salir, la multitud de vecinos había crecido y se prestó a acompañar a la comitiva una cuadra hacia abajo, hasta la casa de las Hermanas de la Pasión, donde nuevamente se detenía breves minutos para que la Virgen pudiera ser saludada y recibir de estos otros hijos, el regalo que les hacía por visitarlos.

Ileana, vecina del lugar manifestaba: “Hacía mucho tiempo que el cubano necesitaba encontrar algo así”. Dos hombres nos comentaban: “Es algo muy sentido, la Reina tiene público, es un evento tremendo para el barrio”. Carlitos, con sus 4 años, cargado por su mamá, decía: “Esta Virgencita sí me gusta, no la de cartón, quiero llevarla a mi casa”.

Con el rezo del Ave María, el canto de Virgen Mambisa, aplausos y lágrimas en algunos rostros, se despidió la Madre para continuar su recorrido hacia el Parque de los Chivos.

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Texto: Anabel Alpízar Ravelo y Erick Alvarez Gil  /  Foto: Erick Alvarez Gil

Santuario Nacional de Santa Bárbara, Párraga, Arquidiócesis de La Habana, 20 de noviembre de 2011 /  Una multitud jubilosa salió esta mañana a las principales calles de la barriada de Párraga para brindar una calurosa acogida a la venerada imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba, que ha recorrido ya 30 000 kilómetros peregrinando por toda la Isla.

La Virgen Mambisa fue acompañada por un mar de pueblo que crecía a su paso desde la Capilla de San Eduardo hasta el Santuario Nacional de Santa Bárbara, donde otros cientos de fieles la recibieron con cerrados aplausos, vivas y cantos de alabanza. En medio de tanto entusiasmo una mujer visiblemente emocionada exclamó: “Desde el Cobre hasta Párraga, ¡ésta sí es la Madre!”, con lo cual expresaba la gratitud de muchos porque la Virgen vino hasta ellos. Luego de ser situada en las afueras del templo, ante la mirada contemplativa de sus hijos, cesó el repique de las campanas que anunciaban su presencia, para que todos juntos entonaran las notas del Himno Nacional.  

Mons. Juan de Dios, obispo auxiliar de La Habana, dio la bienvenida a nuestra Madre y a todos los allí reunidos. El Obispo invitó a que no sólo presentáramos a la Caridad nuestras penas, necesidades, problemas, sueños y aspiraciones; sino que esperáramos también que ella nos entregara lo más grande que tiene en sus manos: su hijo Jesucristo y la cruz del cristiano. Sus palabras fueron una auténtica catequesis en la que también se oró comunitariamente por los niños, los jóvenes, las familias, los enfermos, los presos, los más necesitados y por Cuba.

Este Santuario, acostumbrado a recibir a gran cantidad de personas devotas de Santa Bárbara,  quedó pequeño para albergar a quienes de muchas partes llegaron a venerar a María en la centenaria imagen ofreciéndole flores, velas y plegarias. La enorme concurrencia propició que la Santa Misa, presidida por el querido párroco P. Félix, fuera celebrada a las dos de la tarde, una hora antes de lo previsto.

Los niños de la catequesis y otros grupos de la comunidad, dirigidos por las Hermanas Hijas de la Pasión de Jesucristo, ofrecieron una velada cultural a María con cantos, bailes y poesías. Este momento tuvo su punto culminante al caer la tarde cuando nuestro Arzobispo, el cardenal Jaime Ortega, se dirigió a los presentes y les dijo que el amor, título de nuestra Reina y Madre, no es dar algo a los demás, sino la entrega de sí mismo a los demás. Pidió también que el paso de la Virgen dejara una transformación en todos nosotros y finalmente impartió la bendición.

La Madre de los cubanos, con un amor preferencial por los últimos, quiso quedarse en Párraga, uno de los barrios más pobres de La Habana, para que todos sus hijos pudieran acudir a ella hasta el amanecer.

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Texto y foto: Dulce María Rabelo

Arroyo Naranjo, Arquidiócesis de La Habana, 22 de noviembre de 2011 / Desde horas tempranas la entrada del Hospital General Docente Julio Trigo, tenía un ir y venir de personas que no era el habitual. Muchos de los estudiantes se agrupaban en la calle que da acceso al parqueo, esperaban, al igual que trabajadores, hospitalizados y vecinos del lugar la llegada de la Virgencita, algunos comentaban que ya la habían visto al pasar por las comunidades cercanas,  pero, es ¡tan linda!
La ansiosa espera era amenizada con cantos a la Virgen, por las religiosas Misioneras del Corazón de Jesús y muchos miembros de la comunidad de Nuestra Señora de Fátima, ubicada casi al lado del Hospital.

A las nueve y quince minutos aparecía la Madre, recibida con aplausos, vivas y cantos, por la gran multitud que colmaba las inmediaciones del Hospital y la Calzada de Bejucal. Monseñor Rodolfo Loiz, los sacerdotes Sergio, Eloy, Carlos Joel, Israel y el diácono Abraham, animaban e invitaban, desde lo alto del parqueo, donde paró la comitiva, a que todos presentaran a la Virgen lo que desde el fondo de sus corazones tenían reservado para compartir con Ella.

El padre Israel pidió un aplauso para todo el personal que labora en el Hospital y hace lo posible por aliviar el dolor de los que a ellos acuden. También una oración para los hospitalizados, para que encuentren en María el consuelo y la esperanza en medio de la enfermedad.

Momento significativo y de gran ternura fue la oración y bendición que se hizo dirigiendo la mirada al Hospital Materno Infantil Ángel Arturo Aballí, por los niños que allí se encuentran, para que la mirada y la sonrisa maternal de la Madre permitan la mejoría de su salud. A continuación, la oración se hizo por todas las embarazadas, por las que esperan y por las que ya tienen a sus niños, para que en ellas  siempre se engrandezca el amor maternal y para que no veamos truncar la vida de ninguna criatura en su concepción. Para todos los trabajadores y pacientes se pidió un fuerte aplauso.

Los sacerdotes presentes se ubicaron en diferentes puntos del parqueo e impartieron la bendición a todos los médicos y personal que se encontraban presentes. Muchos sólo detenían su vista en la imagen querida. Ella, la Madre, se llevaba las súplicas y peticiones de sus amados hijos. Una trabajadora de servicio decía: “Nunca pude imaginar que Ella viniera a visitarnos y la vería tan cerquita”. Dos enfermeras comentaban que Ella les proporcionaba una alegría y una paz, que no habían experimentado antes. Una técnica decía: “Es lo mejor que ha pasado, es nuestra Patrona, si no es así no podría verla, yo no puedo ir hasta El Cobre”. Otra trabajadora comentaba que esto demuestra que hemos vuelto a nuestras raíces: “Es que me siento más libre, nuestras creencias están ahí, pero, estaban algo dormidas”. Para una doctora, “la visita que nos hace la Patrona, es signo de esperanza para nuestro pueblo, de que podemos todos juntos caminar, sin tener en cuenta credo, ideología, Ella es de todos los cubanos donde quiera que estén”.

Se acercó la despedida, rostros alegres y con lágrimas, vivas a la Virgen, a Cuba, cantos dedicados a la Madre de todos los cubanos… comenzó a salir del Hospital, hacia los repartos Alkazar y la Güinera.

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Texto y fotos: Comunidad de Fátima

Arroyo Naranjo, Arquidiócesis de La Habana, 22 de noviembre de 2011 / Portentosa fue la mañana del martes 22 de noviembre cuando, unidos en un grito de amor y esperanza. En el parqueo del Hospital Julio Trigo, tras una gran multitud de médicos, enfermeras, técnicos, trabajadores, enfermos y miembros de la comunidad, con fuertes aplausos, y significativas muestras de cariño reciben la bendita imagen de la Virgen de la Caridad. Los fieles oraron, hicieron sus peticiones con gran fervor, varios sacerdotes daban la bendición a los presentes. Momento de profunda significación, fue el de las oraciones dirigidas a los niños del Hospital Pediátrico Aballí. El padre Israel Pérez, conjuntamente con el pueblo en un noble acto de fe y misericordia, pidió a la Virgen su intercesión por todos los niños necesitados de amor, fe y salud, para que puedan encontrar el amor y consuelo de Jesucristo.


La procesión mariana se dirigió después por la Calzada de Bejucal, seguida por cientos  de fieles, al Reparto Alcázar, donde el cardenal Jaime Ortega Alamino dirigió palabras de aliento y esperanza, impartiendo su bendición a los presentes. Continuó su recorrido por la Calzada haciendo una breve parada frente a la Capilla de Fátima, con un conmovedor Ave María interpretado a violín proseguía su camino la Virgen peregrina junto a aquel mar de hombres, mujeres, jóvenes y niños, hasta entrar en el Reparto Capri, con más cantos, oraciones y gestos de amor.

La peregrinación continuó por las avenidas Güinera y Rosario, a su paso la joven Idalis, residente de la Güinera, campeona de bronce en patinaje, ofreció a la Virgen su preciosa medalla. Al pasar por las Escuelas y círculos infantiles, los niños mostraron admiración ante la imagen de María de la Caridad, agitando sus pañoletas, mientras recibían la bendición de los sacerdotes.

A la una de la tarde la imagen llegó a la Capilla y fue colocada a la entrada. Durante dos horas, sin detener el paso, la multitud de fieles desfiló frente a la imagen, mostrando una actitud de amor, en oración, reverencia, ofreciendo flores, velas, promesas. Al momento de su partida los rostros reflejaban anhelos y nostalgia de un próximo encuentro junto a la Madre.
Durante el recorrido, reinó la alegría, el gozo, la paz y el orden, en los corazones humildes, sencillos y creyentes de esta comunidad. Fue un regalo de Dios para tantos que no tienen la oportunidad de ir al Cobre a encontrarse con la Madre de los cubanos.  El tiempo de la visita concluyó y al despedirse todos sentían que acababa de llegar.


Tomado de: Nosotros Hoy - Segmento noticioso del Sitio WEB de la COCC.


 

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