Resumen noticioso del recorrido de la imagen de la Virgen de la Caridad por el Cerro

 

1. "La Virgen de la Caridad convierte la calle en templo"

2. "La Virgen visita el Hospital Pediátrico del Cerro"

3. "María de la Caridad camina con nosotros"

4. "Todos fueron uno con María"

5. "Una luz en la oscuridad. Entrevista al padre José Alfonso Álvarez, párroco de El Salvador del Mundo"



 

 

 

 

 

 

 

 

 


Texto y foto: Rolando Sabin

El Cerro, Arquidiócesis de La Habana, 14 de noviembre de 2011 / La imagen de la Virgen de la Caridad llegó a la comunidad La Inmaculada, en el barrio de Las Cañas, el 14 de noviembre a las ocho y media de la mañana. La entusiasta acogida que le tributaron fieles y vecinos, marcó la entrada de la Madre en el territorio de la parroquia El Salvador del Mundo, en el municipio El Cerro y en la Vicaría Norte.

La imagen fue colocada en la entrada del parqueo, mirando a la calle. La mañana estuvo llena de emociones, todos querían acercarse y tener su momento de intimidad con la Patrona de Cuba. Numerosos niños vinieron  a saludarla y, con gesto de especial ternura, dejaron cartas dirigidas a la Virgen.

Fue una verdadera experiencia de fe y oración, matizada por pequeños regalos que alegraban el espíritu entre emoción y emoción. “Que de nuevo brille el sol / lleno de luz y esperanza / donde el niño es el futuro / y el anciano la enseñanza”, reza un fragmento de los versos escritos para María de la Caridad por Haydee Soto García, una anciana de la comunidad que por estar enferma no pudo acercarse, pero se hizo presente con su poesía.

Otra anciana, Mara Tranqué, pidió permiso para cantar delante de la Virgen una canción dedicada a monseñor Juan de Dios  Hernández, obispo auxiliar de La Habana, quien estaba de cumpleaños ese día, y todos le agradecieron con un fuerte aplauso.

Para Asunción Horta, la visita no podía terminar sin cumplir una promesa: recitar unos versos ante la querida imagen. Asunción hizo la Primera Comunión en la capilla y se siente ligada a la Iglesia a través de la Virgen. Los versos se convirtieron en canción que hizo vibrar a los asistentes.

Monseñor Juan de Dios Hernández y varios sacerdotes estuvieron toda la mañana bendiciendo a numerosas personas y familias. La Virgen permaneció constantemente acompañada por una multitud. Entre oraciones y ofrecimientos de flores y velas, las familias presentaron a la Madre a sus hijos más pequeños, a sus ancianos y enfermos. Podía adivinarse en los rostros emocionados y a menudo llenos de lágrimas, que también le presentaban sus dolores y temores, sus sufrimientos y esperanzas. Se sentía la presencia del Padre junto a la imagen de la Madre, derramando amor en abundancia.

La oración final fue dirigida por el obispo auxiliar. “Esta mañana, el templo ha sido la calle”, nos dijo, resumiendo la experiencia vivida en las dos horas y media que duró la visita. La Virgen partió hacia el Hospital Pediátrico del Cerro, pero nadie quería verla marchar, así que todos nos fuimos con ella hasta su siguiente destino.

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Texto: Rolando Sabin  /  Foto: Rosa María Payá

El Cerro, Arquidiócesis de La Habana, 14 de noviembre de 2011 / La imagen de la Virgen Mambisa visitó en la mañana del 14 de noviembre las inmediaciones del Hospital Pediátrico del Cerro. Una multitud impresionante la recibió con júbilo y devoción.

No era la primera vez. En la Peregrinación de 1951-52 esta misma imagen estuvo en este hospital, llamado entonces Sanatorio La Milagrosa, perteneciente a la Asociación de Católicas Cubanas y atendido por las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, al cual hoy casi todos siguen llamando “las Católicas”. Allí se alojó y fue velada con gozo exultante, según testimonios de la época recogidos en el número especial de la publicación Semanario Católico, de septiembre y octubre de 1952.

Y en 2011, a las puertas de celebrar el año próximo el 400 aniversario del hallazgo de la imagen de la Patrona de Cuba, regresó. En esta ocasión venía de la capilla La Inmaculada, en Las Cañas, desde donde la acompañaron  numerosas personas en su recorrido por las calles Primelles y la Calzada del Cerro.

Al llegar frente a la Escuela Secundaria Básica “José Martí”, situada junto al Hospital, se hizo un alto. Los estudiantes de la escuela estaban en clases y no pudieron salir a saludar a la Madre, pero ella viene para todos, razón por la  cual se hizo una oración pidiendo por los alumnos, sus profesores y todos los encargados del proceso docente. Tú sabes, Padre bueno, que en los hombros de estos jóvenes y niños descansa el futuro—oró el padre Ramón Rivas sj. Y en los rostros de muchos padres de los estudiantes, allí presentes, se notaba el gesto agradecido. 

En la calle, frente al Policlínico del Hospital y con la Escuela al fondo,  ocurrió el encuentro entre la Caridad y el pueblo. Balcones, azoteas, y todo espacio disponible para albergar una persona, estaban llenos. Los ómnibus que pasaban por la calzada detenían su paso para ver qué pasaba, y cuando veían a la Virgen las ventanillas se llenaban de imágenes entrañables: rostros emocionados, personas que se persignaban, exclamaciones de júbilo. Y una y otra vez, se escuchaba a su paso: ¡Qué bonita!

Monseñor Juan de Dios Hernández, obispo auxiliar de La Habana, se dirigió a los presentes explicando las razones de la peregrinación y recordó que si nos quedamos solamente con la experiencia del encuentro de nada nos vale, hace falta la fe para que este encuentro sea fructífero. La fe que nos compromete.

Muchos trabajadores sanitarios que laboran en el pediátrico estaban presentes, pero los niños ingresados no pudieron disfrutar del encuentro con la Virgen. El momento de la despedida llegó demasiado pronto y María tuvo que partir a su siguiente destino, en una mañana cargada de bendiciones. Cuando se alejaba por la Calzada del Cerro, un mar de brazos le tributó un interminable adiós: María, te vas, pero te quedas.

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Texto y fotos: Rolando Sabin 

El Cerro, Arquidiócesis de La Habana, 15 de noviembre de 2011 / La Virgen Mambisa visitó el Hogar de ancianos Teresa Jornet en la tarde del 15 de noviembre. En los rostros de los residentes y hermanas podía verse el júbilo del encuentro tan esperado. El pequeño salón donde se la colocó apenas podía albergar a tantas personas del barrio que se acercaban para verla y rezar ante ella.

A medida que se acercaban las seis de la tarde, la Calzada del Cerro iba llenándose de personas. Todos querían acompañar a la Virgencita en la procesión que estaba por comenzar. Hasta el sol parecía resistirse a ocultarse. Poco antes de las seis, llegó el cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana, el cual fue recibido con un aplauso.

Por fin, la procesión comenzó. Una gran cruz escoltada por dos ciriales la encabezaba, seguida por la Banda de Música de Mazorra, que entonaba cantos marianos.

Le seguía una multitud de niños de la catequesis del Corazón de María. Llevaban en sus pequeñas manos globos en forma de corazones, y antorchas. Vestían de mambises. La emoción estaba en todos los rostros. La historia pasaba ante nosotros en aquellos pequeños: fueron nuestros mambises quienes pidieron ante ella protección y ayuda en El Cobre, en Santo Tomás de Santiago, y donde quiera que había una imagen suya. Fueron ellos quienes la llevaron en su pecho en combate, y quienes pidieron y obtuvieron de Benedicto XV que la nombrara Patrona de Cuba.

Los mambisitos escoltaban a una veintena de niñas, vestidas con albas, quienes portaban entre todas una enorme decena del Rosario, la oración mariana por excelencia. La misma oración que rezaba Carlos J. Finlay mientras, en El Cerro, elaboraba su teoría. La que rezan tantas familias cristianas, la que todos deberíamos rezar.

Y luego, el pueblo. Rostros sencillos, marcados por el sol y los sufrimientos, alegres esta noche porque la Madre está con nosotros en nombre de su Hijo. ¡Cuánto dijeron las lágrimas y las sonrisas esta noche! Y como parte del pueblo que es, la Iglesia iba con ellos. Allí las Hermanitas de los Ancianos Desamparados y las Hijas de la Caridad, diáconos, sacerdotes y nuestros obispos. Y en el lugar cimero, ella, la Madre, con su razón de ser en sus brazos y su mejor propuesta en quién se resume todo: Jesús, nuestro Salvador.

Llegamos ya con noche cerrada al Hogar Santovenia, última estancia de la Virgen en el territorio de la parroquia El Salvador del Mundo. La imagen fue colocada en la entrada del vetusto y bello edificio, para que todos los que colmaban la rotonda de acceso al mismo pudieran contemplarla.

El cardenal Jaime Ortega se dirigió a los presentes, hablándonos del regalo que Dios nos ha hecho con la Virgen, a quien nosotros llamamos “de la Caridad”, que es lo mismo que del Amor. El amor que Cristo nos propone, que es aquel que llega a perdonar y amar a los enemigos y no el que se banaliza usando expresiones inadecuadas como hacer el amor.

La Virgen quedó con los ancianos y las hermanas toda la noche en Santovenia. Cuando marchábamos, unas jóvenes iban cantando: ven con nosotros a caminar, Santa María ven… Pensé que está noche, como en toda nuestra historia, María ha caminado con nosotros, y lo sigue haciendo: maternal, solícita, protectora y llamándonos insistentemente a seguir a Jesús.

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Texto y fotos: María Elena Hernández y Arístides O´Farrill

El Cerro, Arquidiócesis de La Habana, 17 de noviembre de 2011  / El mediodía del  miércoles 16 de noviembre arribó a la parroquia de Nuestra Señora del Pilar, en la barriada de El Cerro, la imagen peregrina de María de la Caridad del Cobre.

Como sucede en todos los sitios por donde pasa la venerada imagen, aquí fue acompañada también por centenares de personas. En esta ocasión, un grupo de niños y niñas de la barriada  honró a la Virgen y deleitó a los presentes. La expresión de amor a María tuvo  las características multiétnicas y multiculturales  de la zona de Cerro-Atarés, sitio donde se encuentra ubicada la parroquia del Pilar. Negros, blancos, mestizos… Católicos y sincréticos, habitantes de “las zonas altas del Pilar” y de los marginales y constreñidos recodos de Atarés, dejaron a un lado sus diferencias y todos fueron uno en la veneración a la imagen del Cobre.

La sencilla celebración fue presidida por el cardenal Jaime Ortega, arzobispo de la arquidiócesis  de La Habana, quien se dirigió a la muchedumbre congregada para la ocasión con unas breves palabras, explicativas del sentido de este recorrido de la imagen peregrina. El Arzobispo  estuvo acompañado por su obispo auxiliar monseñor Juan de Dios Hernández, y otros miembros del clero. Seguidamente comenzó en el patio de la parroquia una salutación a la imagen que se extendió durante varias horas. El señor párroco de Nuestra Señora del Pilar y misionero de la Caridad, padre Henry Peoittevin, conocido por sus cercanos cómo el padre Enrique y quien convalece de un  leve accidente automovilístico, estuvo todo el tiempo junto a su comunidad parroquial durante la celebración.

El homenaje a la Virgen María de la Caridad duró todo el resto del día, y en especial destacó un agasajo preparado por los jóvenes de la comunidad. En la  mañana del jueves 17, monseñor Juan de Dios bendijo a niños, ancianos y enfermos.

La imagen de la Virgen Peregrina se despidió  del barrio, otra vez acompañada de centenares de personas, e inició su recorrido hacia el populoso municipio 10 de Octubre.

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Texto: Rolando Sabin  /  Fotos: Rosa María Payá y Rolando Sabin


El Cerro, Arquidiócesis de La Habana, 20 de noviembre de 2011 / 
Terminada la visita de la imagen de la Virgen Mambisa a las comunidades de la Parroquia El Salvador del Mundo, en El Cerro, aún se respira el aroma de cambio que ha dejado. Nadie va a olvidar estos días. Tampoco el párroco, el sacerdote asturiano José Alfonso Álvarez, superior de los Padres Claretianos en La Habana. Es un hombre bueno y trabajador incansable, que ha dedicado mucho esfuerzo a la organización de la visita, moviendo y aunando voluntades.

Nos acercamos a él con unas pocas preguntas, que accedió a contestar para Nosotros Hoy con su gentileza habitual.

¿Qué le ha parecido la visita de la imagen de la Virgen?

Todo un acontecimiento, que tardará en olvidarse. El Cerro respondió con creces a la invitación que machaconamente, y durante tres meses, hicieron  los feligreses no sólo de la Parroquia, sino de las capillas, iglesias, hogares. La Virgen de la Caridad es un referente  que, aunque no significa lo mismo para todos, mueve voluntades. Unos  esperaban; otros  dudaban. Yo tenía fe en mis paisanos del Cerro. Y la gente respondió con entusiasmo.

Sus palabras de bienvenida a la imagen en la plaza de Galicia fueron muy emotivas. ¿Algún comentario sobre ellas?

Simplemente traté de hablar por los que no lo iban a hacer. No me costó muchos escribirlas. El corazón iba soltando las ideas y yo las traducía. Tenía en la mente muchas situaciones,  personas, necesidades,  frustraciones, lágrimas… ¡Qué mejor que contárselas a la Madrecita para que las tuviera presentes…! No soy amigo de pedir, pues Él y Ella saben lo que necesitamos, pero hice una excepción.

Luces y sombras en la visita al Cerro.

Ha habido muchas luces. Mucho esfuerzo. Mucha ilusión. Han sido meses de incertidumbre, de prever situaciones que podían o no podían darse, de tensión, de algún que otro enfado… Haciendo un balance rápido, mucho sol y poca sombra, que también la hubo. Como dicen los castizos, la ropa sucia se lava en casa.

Le vi rezando ante la imagen de la Virgen, poco antes del alba, el día de la despedida. ¿Sería indiscreto preguntar cuál era la oración de un sacerdote asturiano a la Virgen de la Caridad?

Simplemente le pedía que  haga fructificar su visita. Que lo sembrado germine. Que no quede todo en puro espectáculo. Que nos vamos a comprometer a seguir evangelizando, a poner a su Hijo en el centro de nuestras actividades. A tratar de imitarla, como modelo de seguimiento. A purificar la fe tan contaminada que tenemos. A tener claro que hay un solo Dios y que la Virgen es una criatura, la más perfecta y que fue, es y será  la Madre de Jesús, que también es Dios.

¿Cómo ha ido su trabajo pastoral en Cuba?

Se suele pensar que un esquema es universal y vale para todas las culturas  y situaciones. Pues no. Lo primero es ver, escuchar, observar. Como dicen ustedes, aplatanarse. Otros prefieren el término inculturarse. Después, aprender in situ, conocer a las personas, la situación social, religiosa, cultural, sanitaria, no dar nada por supuesto y no importar ideas de otras latitudes para aplicar en otra realidad. No dar nada por sabido. En eso trabajé. Los laicos y colaboradores me han ayudado mucho. Incluso, mis meteduras de pata han servido para ir corrigiendo actitudes y situaciones. He trabajado bastante. No, por supuesto, como cuando tenía menos años. Las humedades y las goteras de la edad acaban mermando tus capacidades y energías, pero también te hacen  más humano y comprensivo.

Estoy contento en El Cerro. No sé  el tiempo que permaneceré aquí, pero, si por mí fuera -la  obediencia manda- me quedaría hasta que la casa sea declarada en ruina, es decir, hasta que la salud responda. La gente del Cerro es excelente, en general.

Algunas experiencias sobre estos días.


Han sido días de intenso aprendizaje. Cada persona que se ponía delante de mí para que la bendijera, llevaba visible en los ojos la pantalla en la que se refleja lo bueno y lo malo de cada persona, su situación interior… Ojos irritados, llorosos, suplicantes, confusos, escépticos, descreídos,  confiados, incrédulos… hasta algunos socarrones... Y salían de una fila y se ponían en otra, como si las bendiciones fueran  efectivas por el peso y el número y no por la fe…

Y qué decir de una anciana en silla de ruedas, a la que se subió al altar,  se bajó del carrito y miró fijamente a la Madrecita… Muchas personas lloraron con el gesto.

Noté que El Cerro se agarraba a la Virgen como  el que se está ahogando y le tiran una soga para no ahogarse… ¿Qué le queda a la gente si Dios y la Virgen los abandonan?

¿Y ahora?

A seguir  trabajando por el Reino, sobre todo, por los más necesitados, por los que no pintan nada, por los que siempre sufren las consecuencias de que los ricos sean cada vez más ricos. Hay mucho que hacer. Como dice la Palabra: La mies es mucha, pero los que  tendrían que hacer el trabajo, pocos.

Nos cuesta ser sembradores. Mejor ser feligreses de domingo. Nada de complicaciones. Mi misa, mi comunión, y suficiente. ¿Habrá tocado la Virgen el corazón de la gente para que se implique en la obra de Dios?

Esperemos que sí, Padre. Que esta visita sea, como dice la canción, una luz en la oscuridad, y que esa luz no sea otra que la de Jesús, el Salvador. Muchas gracias.

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Tomado de: Nosotros Hoy - Segmento noticioso del Sitio WEB de la COCC.


 

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