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La voz del Seminario San Carlos y San Ambrosio de La Habana

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Año I mayo-agosto/ 2014 No. 3

Portada y contraportada

Editorial

Toda celebración trae consigo alegría, intercambio de regalos, ceremonias  que terminan siendo una fiesta entre amigos, entre hermanos.

Esta edición celebra varios acontecimientos de nuestra Iglesia universal y local: la elevación a los altares de dos grandes papas: Juan XXIII y Juan Pablo II, los aniversarios sacerdotales del obispo emérito de Pinar del Río, monseñor José Siro y de monseñor Juan Francisco Vega de la diócesis de Cienfuegos, quien fuera rector del Seminario. Todos, hombres ejemplares al servicio de Dios y de la Iglesia.

Estos acontecimientos han marcado significativamente el tiempo cuaresmal y pascual. Nos han invitado a la conversión, fijos los ojos en el Señor resucitado que nos primerea en el amor. Él nos atrae hacia el Cenáculo y allí se nos manifiesta como Palabra, encuentro y testimonio. Allí nuestros corazones, desbordados por la Gracia, reciben la fuerza para la evangelización.

Entramos, como Seminario, en la última etapa del curso: tiempo para evaluar el camino recorrido y descubrir la pascua, el paso de Dios por nuestra vida. Ya vemos acercarse los exámenes finales, nos vamos despidiendo de los que concluyen sus estudios eclesiásticos y una mirada de ilusión se proyecta hacia el verano ya próximo. ¡Contamos con sus oraciones!

  

Liturgia

Los cristianos inauguramos las solemnes fiestas de la Resurrección del Señor con la gran Vigilia Pascual, celebración cargada de signos. El primero de todos es el fuego nuevo que con su luz destruye las tinieblas y con su crepitar acaba con el silencio de la Noche Santa. Así nuestros corazones y nuestra vida, cuando están lejos de Cristo, se encuentran en las tinieblas del error. Solo Cristo puede conducir este mundo hacia la luz de la Verdad. Este fuego nos recuerda al Espíritu del Padre que resucita a Jesús de entre los muertos. Mientras el sacerdote enciende el cirio pascual dice «La luz de Cristo que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu». No basta con asistir al rito exterior tenemos que dejar entrar al Espíritu de Amor para que Cristo resucite en nosotros y nos transforme con su luz.

Catecismo

Dones de Dios y, entre todos, preciadísimos e insustituibles son nuestras madres: la carnal y la celestial, la Virgen María. Ella "es verdaderamente la Madre de los miembros de Cristo porque colaboró con su amor a que nacieran en la Iglesia los creyentes. Jesús antes de morir encomendó a María la filiación de Juan: Mujer ahí tienes a tu hijo. Con esto le señaló una gran misión: ser la mamá de todos los que, como Juan, llegaran a ser discípulos del Hijo crucificado, muerto y resucitado. Para María somos hijos en Cristo Jesús, el Hijo único de Dios. Igualmente, Jesús concedió a Juan, y en él a todos los creyentes, el amparo materno de la Virgen: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió como algo propio. También el Señor nos invita a acoger el don de la Virgen Madre, a confiarnos a Ella.

Por Adrián Torres Medina

Chiste gráfico

Yupi...!!!, mamá, hoy no tenemos

clases porque es día de plaga

ya le he dicho mil veces que se va a pasar la eternidad conmigo...

pero no me entiende

Ver Éxodo 7-12

Ver Jn 17, 24

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Por Charles Monegal Ortega

Revista Cenáculo - Publicación seriada del Seminario San Carlos y San Ambrosio de la Habana

Arquidiócesis de san Cristóbal de La Habana

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