Testimonios de nuestros seminaristas

 

 

Otros testimonios

 

Salmo 1

¡Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni en la senda de los pecadores se detiene, ni en el banco de los burlones se sienta,
mas se complace en la ley de Yahveh , su ley susurra día y noche!
Es como un árbol plantado junto a corrientes de agua, que da a su tiempo el fruto, y jamás se amustia su follaje; todo lo que hace sale bien.
¡No así los impíos, no así! Que ellos son como paja que se lleva el viento.
Por eso, no resistirán en el Juicio los impíos, ni los pecadores en la comunidad de los justos.
Porque Yahveh conoce el camino de los justos, pero el camino de los impíos se pierde.

 

 

Javier Díaz Hernández

Curso propedéutico

Mi nombre es Javier Díaz Hernández, soy de la Provincia de Pinar del Rio, tengo 27 años de edad. Cursé estudios en la Universidad de Cultura Física donde me licencié en Ajedrez. Me encuentro estudiando y formándome en el Seminario San Carlos y San Ambrosio para en un futuro, si Dios quiere, ser ordenado sacerdote de Nuestro Señor Jesucristo.

Comencé mis estudios el 10 de Septiembre del 2012 con mucho entusiasmo y alegría en mi corazón, pensando que con el paso del tiempo alcanzaría nuevos conocimientos que ampliarían tanto mi desarrollo intelectual como espiritual. Las primeras semanas de septiembre fueron muy difíciles para mí, porque no lograba adaptarme a levantarme tan temprano en la mañana para la celebración de la Misa con la oración de Laudes. Me ha costado mucho concentrarme en los estudios porque extrañaba el calor de mi hogar y el amor de las personas que más quiero, mis padres. Pero con el paso del tiempo las cosas fueron mejorando, sobre todo, mediante la relación con mis compañeros, los que comparten aula conmigo, y el resto que viven en el Seminario.

Los formadores son estupendos sacerdotes, en especial el padre Ariel, que es mi formador y el sacerdote encargado de mi pastoral. En el corto tiempo que llevo viviendo en el Seminario he vivido experiencias muy bonitas en mi pastoral de las parroquias de Peñalver y Tapaste donde he conocido nuevas personas, en especial entre el grupo de jóvenes y adolecentes que frecuentan dichas parroquias.

La vida en el seminario es muy variada: estudiamos mucho, pero también hacemos deporte en la tarde y, los fines de semana, seminaristas y formadores pasamos un buen rato de entretenimiento viendo buenas películas. Estar en un Seminario de tanto renombre en Cuba, donde estudiaron personalidades como el Padre Félix Varela es un privilegio y una bendición que mi Señor me ha concedido; espero poder corresponder del mejor modo a su llamada a ser en el futuro Pastor de las ovejas de su rebaño. Gracias por vuestra oración.     


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