Por: Yarelis Rico Hernández / Fotos: Orlando Márquez La entrada de la bendita imagen de la Caridad del Cobre a la capital cubana se produjo este domingo seis de noviembre por el poblado de Menelao Mora, asentamiento rural que se ubica entre el municipio artemiseño de Mariel y la comunidad costera de Playa Baracoa. Bajo una pertinaz llovizna que se hizo sentir desde las primeras horas de la madrugada, los vecinos de la localidad salieron a la carretera para recibir a la Virgen. La Caridad bordea el mar Texto y foto: Guillermo Padilla Alfonso
Todos decían: “¡Ya viene!”, “¡Qué linda!”, “¡Preciosa!”, “¡Viva la Virgen!”. La experiencia de este recorrido inicial por el oeste de la capital puso a prueba toda una etapa de preparación que incluyó oraciones, reuniones de coordinación y entrenamiento. Numerosos fieles, a la espera del paso de la Virgen por sus comunidades, aseguran estar con las “pilas cargadas”, aunque creen –fielmente– que no existirán obstáculos y sí estremecedoras muestras de fe popular, sentida, guardada y protegida por muchos años. Por: Yarelis Rico Hernández / Foto: Orlando Márquez La pequeña iglesia, ubicada en la intersección de las calles 17 y 5ta. Avenida, municipio Playa, fue capilla de la antigua Pontificia Universidad Católica Santo Tomás de Villanueva. Con el paso del tiempo, este hermoso edificio de culto fue destinado a diversas funciones hasta llegar a un avanzado deterioro y abandono total. Poco a poco fue convirtiéndose en un lugar de paso: baño público, pista de patinaje diurno, lugar de citas y un largo etcétera.
Recordaba el cardenal Jaime Ortega que ante esta realidad, María se presenta con su mensaje de amor y concordia. “Ella nos dice que hace falta paz en el corazón, serenidad, sentimientos de comprensión y perdón”. “No estamos aquí para atacar u odiar a los que profanaron tanto a esta iglesia, utilizándola para fines atroces. No tenemos en el corazón rencores u odios. Caridad significa Amor. No somos gente rencorosa, ni duros en el trato; somos acogedores. Como decía Martí, hombre de pensamiento profundamente cristiano: ‘Para ser dichoso, hay que ser bueno’.” El Arzobispo de La Habana dijo tener esperanzas en que los trabajos reconstructivos que hasta hoy todavía no se acometen en Santo Tomás, permitan celebrar para el próximo año la misa de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre en el interior del templo. Varias decenas de personas de todas las edades, sexos y razas, congregadas al frente de la pequeña iglesia tras sentir el tañer de las campañas anunciando la visita de la Virgen, escucharon con júbilo la esperanzadora noticia. María Freites Gómez, aseguró tener fe en el futuro. “Sé que pronto la fotografía de esta iglesia será otra, su fachada cambiará y ya no veremos la entrada como está ahora, tapiada con bloques. Hoy ya sonaron las campanas. Creo que pocos recuerdan la última vez que escucharon ese sonido aquí”. Entre los asistentes estaba el joven Félix Eduardo León Fraga, director de uno de los tres tecnológicos que se ubica en las instalaciones de la antigua universidad de Villanueva. “Ni los profesores ni los estudiantes fuimos convocados para recibir a la Virgen, no se nos dijo nada. Vinimos por interés personal, pura iniciativa individual”, afirmó. Para Silvia Montenegro Pérez, vecina del reparto Flores desde 1957, “la presencia de la imagen de La Caridad es un signo de esperanza”. La anciana de ochenta años recordó emocionada los momentos vividos en este templo durante buena parte de su vida. “Esta era la iglesia que visitaba pues me quedaba muy cerca de casa. Después de que el Gobierno la ocupó me incorporé a la comunidad de Corpus Christi, pero los años ya no me acompañan para caminatas tan largas. Si la Virgen vino hasta aquí es porque pronto vamos a tener abierta la iglesia, es un signo de que han oído nuestras súplicas”. Texto y fotos: Guillermo Padilla Alfonso Los padres Rodolfo Lóiz e Israel Pérez animaron el encuentro con alabanzas y oraciones a la Virgen. Una vez más se bendijo a niños, embarazadas, enfermos y ancianos. El obispo dialogó con feligreses de la comunidad católica para después partir hacia la barriada de Romerillo.
En Romerillo “no quedó una sola persona en casa” La visita de la Virgen de la Caridad del Cobre a la barriada de El Romerillo dejó perplejos a muchos. Pocos imaginaban que tantas personas se reunieran en esta pequeña comunidad marginal para saludar a la Patrona de Cuba. Hasta los propios vecinos comentaban lo sucedido con asombro. Niños, jóvenes, adolescentes, ancianos, mujeres… hombres rudos, enmudecían ante la bella imagen. “No quedó una sola persona en casa”, dijo una joven madre como para resumir aquella imagen poco o nada usual. La comitiva que acompañaba a la Virgen iba encabezada por el cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana, los padres Rodolfo Lóiz e Israel Pérez y el diácono Luis Corzo. Una vez iniciada la caminata en medio de una multitud fervorosa, la satisfacción y el gozo se apoderó del rostro de los clérigos, al tiempo que en un ambiente fraterno y cordial dialogaban con los presentes. Las espontáneas muestras de devoción popular, pero bien arraigadas en sus corazones, conmovieron a muchos miembros de la caravana. Madres, padres, abuelas y abuelos querían fotografiar a sus hijos y nietos con la Virgen, también con el arzobispo o con el párroco de la zona. La imagen de personas abriendo sus brazos a lo alto era una señal clara de ofrecimiento a la Caridad del Cobre. El cálculo pudiera ser cinco mil personas, quizás más. Las imágenes hablan por sí solas. Se escuchaban expresiones como “¡Virgencita ayúdame!” “¡Qué linda!”. Después de quince minutos de procesión, el cardenal se dirigió a todos: “¡Qué bien se han portado acompañando a la Virgen de la Caridad! No pensaba que había tantos habitantes en Romerillo. Creo que han pasado todos a saludar a la Virgen con mucha alegría, entusiasmo. Siempre la Madre nos trae eso… Este ha sido el regalo grande que Dios le hizo a los cubanos”. El invitó a todos a rezar juntos el Ave María. Antes de bendecirlos, el cardenal manifestó sus mejores deseos a los pobladores de Romerillo, a quienes invitó a vivir la experiencia de Dios. Una multitud acompañó la caravana hasta el templo del Corpus Christi, próxima parada de la Peregrina. Texto y foto: Guillermo Padilla Alfonso
Una vez más, el cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana, dirigió la palabra al pueblo congregado. Destacó el papel de María en la obra salvadora del Creador y convocó a todos a acercarse a Ella para hallar el Amor y la Esperanza, que como nación, necesitamos. Un nutrido grupo de personas se apretó al pie de la escalera por más de una hora para pasar frente a la Bendita Imagen, que se colocó a la entrada del templo. Ante ella depositaron flores, presentaron sus intenciones y rezaron. Niños de corta edad se arrodillaron ante ella, cerraron sus ojos y apretaron sus diminutas manos en gesto de profunda devoción; también adultos de todas las edades. Abundaron las lágrimas y los rostros totalmente conmocionados. Varios sacerdotes se encargaron de la animación e impartieron bendiciones a los presentes, también oraron por los enfermos, los ancianos, las embarazadas, las autoridades del país... “No es la bulla, la alegría o los vivas lo que nos impresiona más. Son estas manifestaciones de conversión real del corazón. Esos son los frutos que la Virgen nos está dejando”, comentó el padre Rodolfo Lóiz, párroco del Corpus Christi. A las siete de la noche, unas doscientas personas entraron en procesión hasta el interior de la iglesia acompañando a la Virgen que fue colocada en el centro del presbiterio, pero el templo se fue llenando paulatinamente hasta que se ocuparon todos los bancos. Misioneras de la Inmaculada Concepción (MIC) animaron con cantos, oraciones o reflexiones. Así se mantuvo ininterrumpidamente hasta pasadas las diez de la noche cuando se cerró el templo. Al reabrir la iglesia, a las seis de la mañana del jueves 10 de noviembre, ya había gente esperando para entrar. A las siete comenzó la eucaristía presidida por el padre Gregorio Álvarez y concelebrada por el padre Rodolfo Lóiz. Una hora más tarde, la Peregrina partió rumbo al Parque de los Chivos. La comitiva se detuvo frente al policlínico 28 de Enero y los sacerdotes impartieron bendiciones y oraron por todo el personal médico y de servicios del centro asistencial, los enfermos, los vecinos, las embarazadas, los niños y ancianos. Texto: Yarelis Rico y Guillermo Padilla Alfonso / Foto: Orlando Márquez
“Aunque deberíamos esperar el anuncio oficial del Papa –dijo el cardenal– su visita será un gran bien para Cuba en el orden espiritual. Ese bien que también trae esta peregrinación. La gente dice: ‘¡Qué falta nos hacía esta visita!’. Con este recorrido, se despiertan en nosotros una serie de valores internos que nos hacen ser mejores.”
El padre Rodolfo Lóiz, anfitrión de la Virgen desde ayer, la entregó de manera oficial al padre Gregorio Álvarez, fraile capuchino y sacerdote de esta comunidad. Después de escuchar las notas del Himno Nacional, ambos se estrecharon en un fraternal abrazo e inmediatamente después condujeron la imagen desde el parqueo hasta la entrada principal del gigantesco templo. Ya en el altar, el padre Gregorio presentó la Virgen a los fieles que colmaban el lugar (caben más de mil doscientos en el templo) con las siguientes palabras: ‘Bienvenida bendita imagen de la Caridad a tu casa’. El pueblo irrumpió en nutrido aplauso. Acto seguido se anunció el concierto del grupo coral Ópera La Calle. Hubovarios momentos de bendiciones a embarazadas, niños, enfermos y ancianos. Permanente fue la oración de todos, individual y colectiva. Luego de impartir bendiciones y rezar con el pueblo reunido en torno a la Virgen, el cardenal Jaime Ortega conversó unos minutos con periodistas presentes en el lugar. Nuestro arzobispo les habló de la importancia que tuvo la visita a Cuba del anterior Pontífice, Juan Pablo II, en un viaje que “marcó la historia de la Iglesia y la nación cubana”. De igual manera, destacó que la cualidad del actual Papa como “hombre conciliador”, posibilitará una “mejor relación Iglesia-Estado, mejor comprensión de lo que es la fe religiosa, que es constructiva y no destructiva, y mejor comprensión de lo que la Iglesia católica quiere”. A las doce y quince minutos de la tarde, después del rezo del Magnificat, partió la imagen rumbo a San Antonio de Padua. Texto y foto: René Gómez Fernández A las tres de la tarde la comitiva partió rumbo a la capilla de La Anunciación, en 5ta.-B y 62. Junto a las personas allí congregadas, tres jóvenes violinistas interpretaron el Ave María para darle la bienvenida a la hermosa imagen. En medio de una verdadera devoción mariana, llegó el cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana, quien pronunció unas sentidas y esperanzadoras palabras y anunció la posible venida de Su Santidad el Papa Benedicto XVI para la primavera del próximo año.
En su recorrido la Imagen llegó al Parque de los Próceres Africanos, ubicado en la manzana comprendida entre las calles 11 y 13, 64 y 66, donde la esperaban más de dos mil personas. La emoción de los presentes creció al ver acercarse la camioneta blanca que transporta a la Virgen. La imagen de la Caridad del Cobre fue colocada en lo alto de la glorieta y el pueblo cantó el Himno Nacional. A medida que iba pasando el tiempo aumentaba el número de personas, estimadas en varios miles. Entre tanto fervor llegó nuestro Arzobispo. Animó a todo el pueblo a poner su esperanza en Dios y buscar la unidad de la familia. Terminada su alocución y entre vivas y aplausos, fue bendiciendo a niños, ancianos, hombres y mujeres que llegaban hasta él. Para todos tuvo una palabra de aliento, consuelo y confianza. A las seis de la tarde, la querida imagen fue trasladada en procesión hasta la parroquia de la Santa Cruz de Jerusalén. El paisaje sorprendía. Las aceras lucían diferentes con las cientos de personas que las iban ocupando; unas miraban, otras lanzaban flores al paso de la Virgen. También conformaban el panorama padres con sus hijos en brazos, ancianos solos o acompañados de sus familiares, personas en sillas de ruedas. La Madre los convocaba a caminar con ella, juntos, al paso del tiempo y de la vida, serenos, con la mirada al frente. Muchos lloraban ante tanta manifestación de fe. A la entrada del templo ya se encontraban reunidas más de seiscientas personas.La alegría se volvió desbordante en aquella multitud que cantó y aplaudió a la Virgencita del Cobre. El repicar de las campanas fue un momento emocionante, histórico, significativo y esperanzador… Ya en el interior del templo, la imagen fue colocada en el presbiterio. Minutos después, las personas comenzaron a ofrecerle sus ofrendas. Los niños de la comunidad, catequesis e Infancia Misionera manifestaron su veneración a la Virgen a través de cantos y poemas, al final colocaron coronas de flores a los pies de su bendita imagen. El párroco de la comunidad, el padre Félix Padrón o.f.m., bendijo a niños, embarazadas, enfermos y al pueblo en general. No pudo faltar el rezo, con intensa devoción, del Santo Rosario. A las once de la noche se celebró en el templo la Sagrada Eucaristía, presidida por nuestro párroco, concelebrada por el padre Frank Dumoiso.f.m. y animada por los jóvenes de la comunidad, los cuales interpretaron bellos cantos. Al finalizar la misa, muchos de los presentes se acercaron a la Madre de Dios para seguir ofreciéndole velas, flores, donativos... Una señora exclamó “¡Qué misa tan linda!”. Cuando le preguntaron por qué, respondió: “Porque todos los que participamos al irnos lo haremos con el corazón más dispuesto a amar a Dios, a la familia y al prójimo, como lo hizo la Virgen”. La imagen de la Caridad permaneció en el templo durante toda la noche y madrugada. Esta hora fue propicia para la conversación reposada con sus hijos. Los panaderos, con su vestimenta habitual de trabajo, se hicieron presentes en este horario para demostrar su veneración a la Virgen. A las seis de la mañana se realizó el Rosario de la aurora. A partir de las seis y treinta comenzaron a llegar adolescentes y niños con su uniforme escolar. Oraron frente a la Virgen y le pidieron la bendición. Alrededor de las ocho de la mañana llegó a la comunidad el cardenal Jaime Ortega, y fue recibido con muestras de respeto, cariño y aplausos. Se dirigió a los presentes exhortándoles a imitar a la Madre con confianza, Fe y amor. Los allí reunidos despidieron a la Caridad con una mezcla de nostalgia y alegría. La imagen partió entonces rumbo a la capilla de San Lorenzo y posteriormente a la de Nuestra Señora del Loreto.
Las más claras y expresivas muestras de un amor ferviente y dedicado se pudieron observar.
El pueblo disciplinado entró a ver a la Imagen Bendita de la Caridad, hizo sus ofrendas, dio gracias por su presencia. Hubo fotos, sonrisas, lágrimas, flores, velas, oraciones y plegarias, ¡no faltaron emociones! En la noche sonó el clarín del Himno Nacional, y los cubanos presentes agradecían una vez más la visita de la Patrona de Cuba. Hubo cantata de homenaje a la Virgen: sonidos de violines, piano, voces, poesías… y sobre todo un sentimiento de acogida liberadora, de pasión y reconciliación de unos con otros. Sonó un celular, ella le decía “Mi hermano estás a 90 millas, pero quiero que escuches esto”. Y alzó el teléfono para que escuchara, y cuando terminó, le dijo entre sollozos, “Es el Ave María de Schubert, dedicado al Virgencita, espero lo hayas disfrutado como yo”. El templo permaneció abierto toda la madrugada, dando la oportunidad a muchos de venerar a la Madre de todos los cubanos, en un clima de amor y respeto. Y en la radiante mañana del día 13, los Mariachis Juveniles de Cuba, con violines, trompetas y guitarras en mano se adentraron por el pasillo central del templo, mientras cantaban las “Mañanitas”. Con ovaciones y vivas a la Virgen, sonrisas y muchas lágrimas, se produjo la despedida, sencilla y estremecedora.
Dentro, el coro y los seminaristas animaban con cantos y oraciones, conversaban sobre María y oraban con los presentes. Fuera, un grupo de jóvenes, acólitos, hombres y mujeres de la parroquia repartían los devocionarios y también oraban junto a los que decidieron esperar en la acera la llegada de la Virgen. Tomado de: Nosotros Hoy - Segmento noticioso del Sitio WEB de la COCC.
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