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Alocución radial del eminentísimo señor cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez, arzobispo de La Habana

ALOCUCIÓN RADIAL DEL EMINENTÍSIMO SEÑOR CARDENAL JUAN DE LA CARIDAD GARCÍA RODRÍGUEZ, ARZOBISPO DE LA HABANA, CON MOTIVO DE LA CELEBRACIÓN DEL “DOMINGO DE RAMOS”, INICIO DE LA SEMANA SANTA

Gracias a todos los que hacen posible esta emisión radial sobre el primer día de la Semana Santa, el Domingo de Ramos. El Evangelio de San Mateo, capítulo 21, versículos 1 al 11, nos narra lo que sucedió el primer día de Ramos de la historia:

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo: “Al llegar cerca de Jerusalén, entraron en Betfagé, junto al Monte de los Olivos. Entonces, Jesús envió a dos discípulos diciéndoles: Vayan al pueblo de enfrente y en seguida encontrarán una burra atada y su cría junto a ella. Desátenla y tráiganla, si alguien les dice algo, ustedes le dirán que el Señor las necesita y enseguida las devolverá. Entonces sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Digan a la ciudad de Sión: Mira a tu rey, que está llegando humilde, cabalgando una burra y un burrito, hijo de asna. Fueron los discípulos y siguiendo las instrucciones de Jesús, le llevaron la burra y su cría. Echaron los mantos sobre ellos y el Señor se montó. Una gran muchedumbre alfombrada con sus mantos el camino. Otros cortaban ramas de árbol y cubrían con ellas el camino. La multitud delante y detrás de él aclamaba: ¡Hosanna al hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor, hosanna en las alturas! Cuando entró en Jerusalén, toda la población, conmovida, preguntaba: ¿Quién es este? ´ Y la multitud contestaba: ´Es el profeta Jesús de Nazaret, de Galilea”.

Como hemos leído Palabra de Dios, yo digo Palabra del Señor y ustedes: Gloria a ti, Señor Jesús.

Como los israelitas hace casi dos mil años, también nosotros traeremos a aclamar a Jesucristo diciéndole: “Bendito el que viene en nombre del Señor”, ante esta situación dolorosa que vive el mundo entero. Otros años hemos buscado el guano bendito en la Iglesia, hemos cantado al Señor moviendo el guano bendito, lo hemos llevado a nuestras casas y lo hemos colocado en un lugar muy visible para recordar que, así como alabamos a Cristo en el templo, así también lo alabamos en nuestras casas con la oración, la concordia familiar y la ayuda a los vecinos.

Hoy, aunque no tenemos el guano bendito, queremos cantar, alabar, dar gracias y pedir a Dios. Acabaremos a Dios de la siguiente manera: Nos decimos unos a otros en la casa, “Dios te quiere mucho y yo tan bien”.
Cuando formamos todos alrededor de la mesa contamos las cosas buenas que distinguen a nuestra familia. Muchas de ellas dejadas en herencia espiritual por nuestros difuntos.

En esta Semana Santa, que va desde hoy hasta el próximo domingo, colocamos en la puerta ventana y balcón de nuestras casas, estampas, imágenes, signos religiosos católicos, como manifestación de nuestra fe y anuncio de que estamos en Semana Santa.

Esta noche en el Canal Educativo, después del noticiero, juntos todos los de casa, vemos la película Jesús de Nazaret, la comentamos y cada uno dice lo que más le impresionó.

Cada noche, antes de dormir, rezamos el Padrenuestro y el Ave María. Dormiremos en paz. La esposa soñara que duerme al lado de un santo. El esposo soñara que duerme al lado de un ángel. Los hijos soñaran que duermen protegidos por la Virgen de la Caridad.

Cada noche a las 9 p.m. clamamos a Cristo aplaudiendo, orando y felicitando a los médicos, enfermeros y agentes sanitarios que atienden a los enfermos.
Ahora que pasamos tanto tiempo unidos en la casa, es bueno pensar y reflexionar cómo podemos vivir más unidos. Esta comparación del vuelo de las aves palmípedas nos puede ayudar a una mayor concordia familiar, que es una forma de alabar a Dios. Cuando veas a las aves palmípedas emigrar dirigiéndose hacia un lugar más cálido para pasar el invierno, fíjate que vuelan en forma de V. Tal vez te interese saber por qué lo hacen en esa forma. Lo hacen porque al batir sus alas, cada ave produce un movimiento en el aire que ayuda al grupo que va detrás de ella. Volando en V, la bandada de aves incrementa su poder de vuelo en un 71 por ciento en comparación con un ave que vuela sola. Las familias que comparten una dirección común y tienen sentido de comunidad pueden llegar a cumplir sus objetivos más fácil y rápidamente, porque ayudándonos entre todos los logros son mayores.

Cada vez que un ave sale de la formación, siente inmediatamente la resistencia del aire, se da cuenta de la dificultad de hacerlo sola y rápidamente vuelve a la formación para beneficiarse de las demás. Como familia. Si nos unimos y nos mantenemos junto a aquellos que van en nuestra misma dirección, el esfuerzo familiar será menor, será más sencillo y más placentero alcanzar las metas.

Cuando quien va delante. Se cansa, se pasa a uno de los lugares de atrás. Yo, toro de la casa, toma su lugar. Los de la casa obtenemos mejores resultados. Si nos apoyamos en los momentos duros, si nos respetamos compartiendo los problemas y los trabajos más difíciles.

Las aves que van detrás graznan para alentar a las que van delante para mantener la velocidad. En nuestra familia, una palabra de aliento a tiempo ayuda, da fuerza, motiva, produce el mejor de los beneficios.
Finalmente, cuando un ave se enferma o cae herida por un disparo, otras dos salen de la formación y la siguen para apoyarla y protegerla. Si nos mantenemos uno al lado del otro, apoyándonos y acompañándonos, si hacemos realidad el espíritu de familia.

Si pese a las diferencias, podemos conformar un grupo humano para afrontar todo tipo de situaciones, si entendemos el verdadero valor de la comunión familiar. Si somos conscientes del sentimiento de compartir, la vida será más simple y el vuelo de los años más placentero.

En estos momentos difíciles miramos hacia arriba. El Salmo 34 nos dice: “Levanten así a Dios la mirada y los llenará de luz”. Cuentan que el capitán de un barco de vela, ya en altamar, mandó subir al palo mayor a un joven grumete. Una vez arriba, el muchacho migró triunfante hacia la cubierta. Y la vio tan pequeña y con el balanceo del barco contempló el profundo y tenebroso mar y empezó a tener miedo. De pronto, el capitán percibió que el muchacho podía desvanecerse y caer sobre la cubierta o bien al mar, y le gritó: “Muchacho, ¡mira hacia arriba!”

El joven grumete instintivamente miró hacia el firmamento y se encontró con aquel cielo que conocía. El capitán le gritó de nuevo: “Baja poco a poco, pero no dejes de mirar hacia arriba”. Aprender a mirar hacia lo alto, más allá de lo que pueden ver los ojos físicos, es un seguro infalible para superar lo insuperable y darles sentido a los sinsentidos de la vida. Quien sabe mirar hacia arriba, todo lo supera. Quien sabe mirar al cielo, nada le perturba. Quien sabe mirar hacia lo alto mantendrá la ilusión de vida y la fortaleza deseada. Quien tiene puesta la mirada hacia las alturas, nunca le faltará motivos para la esperanza y la alegría.

Rezamos con Santa Teresa: “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta”.

Rezamos la siguiente oración y ustedes van repitiendo: “Señor Jesús, nuestro médico divino, te pedimos que nos guardes del coronavirus y de todas las enfermedades letales. Ten misericordia de todos los que han muerto. Sana a todos los que están enfermos. Ilumina a todos los científicos que están buscando un remedio. Fortalece y protege a todos los asistentes sanitarios que están ayudando en estos momentos a los enfermos. Concédeles sabiduría a todos los responsables civiles que están intentando limitar el contagio. Y dales la paz a todos los que tienen miedo y están preocupados, especialmente a los ancianos y las personas en situación de riesgo. Que tu preciosa sangre sea nuestra defensa y salvación. Por tu gracia transforma el mal de la enfermedad en momentos de consolación, crecimiento en la fe, la esperanza y una mayor vivencia del amor. Que temamos al contagio del pecado y de la maldad más que cualquier otra enfermedad. Nos abandonamos con toda confianza a tu infinita misericordia”.

¡Santa María de la Caridad, ruega por nosotros!

Bajo tu protección nos acogemos Santa Madre de Dios. No deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades. Antes bien, líbranos siempre de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!

Nos ponemos en las manos de Dios Padre que nos pensó desde la eternidad para una misión familiar. Nos ponemos en las manos de Dios Padre que nos creó a su imagen y semejanza en el seno materno. Nos ponemos en las manos de Dios Padre, que nos acompaña en alegrías y penas. Nos ponemos en las manos de Dios Padre que nos perdona.

Nos ponemos en las manos del Dios Padre que nos espera en la Casa del Cielo. Y lo hacemos con las palabras y los sentimientos de Jesús. Todos alzamos las manos: “Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”.

Y la bendición de Dios Todopoderoso que los creó para constituir una bella familia. La bendición de Jesucristo, el camino por el cual nunca nadie se ha perdido, la bendición del Espíritu Santo que puede lograr sueños mayores y mejores de los que tienen, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén

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