Noticias

Alocución 10 de diciembre de 2023

 

Hoy, 10 de diciembre, segundo domingo de Adviento, escuchamos en todas las iglesias católicas, el evangelio según San Marcos, capítulo 1, versículos 1 al 8.

(Evangelios)

La Palabra de Dios, anunciada por el profeta Isaías, comienza a hacerse realidad. Ha llegado el mensajero: Juan el Bautista, quien muestra el camino, que grita en el desierto la hora de preparar, dejando atrás el mal, una vida nueva.

El Bautista anuncia la llegada del Mesías, Salvador, que es más fuerte que él.

Para recibir al Salvador hay que allanar el sendero, quitar el pecado y la maldad y colocar en lo chapeado semillas de amor y esperanza. El que viene y nos bautizará con el Espíritu Santo aniquilará la maldad de nuestras personas, nos hará buenos hasta nuestras raíces y nos convertirá en personas nuevas, familias nuevas, iglesias nuevas, pueblos nuevos.

Escuchemos cada día la voz de la Palabra de Dios. El evangelio 2024, que se oferta en todas las iglesias será de gran ayuda.

Nos ponemos en camino dejando a la espalda el mal que nos ha hecho sufrir y mirando hacia delante al Pastor de nuestras almas que nos conduce a los pastos de la felicidad mediante el amor y nos empuja hacia la vida eterna.

(Canción)

Rezamos con Hugo de San Víctor:

¡Oh grandeza del amor, por el que amamos a Dios, lo preferimos, nos dirigimos a Él, le alcanzamos, lo poseemos! Si me pregunto por tus características, caigo en la cuenta de que eres el camino maestro, que acoge, dirige y guía a la meta; eres el camino del hombre a Dios y el camino de Dios a la humanidad.

¡Oh camino feliz, sólo tú conociste el cambio de grandes bienes, por los que vino nuestra salvación! Tú has conducido a Dios hacia los hombres, tú diriges los hombres hacia Dios. Él descendió por este camino cuando vino a nuestro encuentro; nosotros lo recorremos hacia arriba, cuando vamos hacia él: ni Dios podía venir a nosotros, ni nosotros podíamos ir a él, sino por medio del Amor.

No sé cuál sea el mayor elogio que se pueda decir de ti, si afirmar que has hecho bajar a Dios del cielo, o que has elevado al hombre de la tierra al cielo; grande es tu poder, si por tu medio Dios se ha humillado tanto y el hombre ha sido ensalzado tanto (Hugo de San Víctor, In lode del divino amore, Milán 1987, 280-281).

(Canción)

Los santos nos hablan de la conversión y cambio de vida para preparar la venida del Salvador, que vino ya hace 2024 años, que viene ahora, todos los días, muy especialmente en la celebración de la Navidad y que vendrá al final de los tiempos para bendecir todo lo bueno realizado por nosotros.

Acudan al médico mientras pueden, no sea que después quieran y no puedan (San Juan de Nápoles).

El joven rico no tuvo bastante valor para contener el vino nuevo teniendo un odre viejo, y se rompió por la tristeza (San Cirilo).

¡Ahora! Vuelve a tu vida noble ahora. —No te dejes enga­ñar: «ahora» no es demasiado pronto… ni demasiado tar­de (J. Escrivá de Balaguer).

[…] cuanto más retrasamos salir del pecado y volver a Dios, mayor es el peligro en que nos ponemos de perecer en la culpa, por la sencilla razón de que son más difíciles de vencer las malas costumbres adquiridas. Cada vez que despreciamos una gracia, el Señor se va apartando de nosotros, quedamos más débiles, y el demonio toma mayor ascendiente sobre nuestra persona. De aquí concluyo que, cuanto más tiempo permanecemos en pecado, en mayor peligro nos ponemos de no convertirnos nunca (santo cura de Ars).

Recorramos todas las etapas de la historia y veremos como en cualquier época el Señor ha concedido oportunidad de arrepentirse a todos los que han querido convertirse a Él (San Clemente)

No hay momento tan precioso para pedir a Dios nuestra conversión como el de la Santa Misa (santo cura de ars).

Debemos rogar, no sólo no caer en el mal cuando no hemos caído, sino también ser libres de él cuando hayamos caído (San Agustín).

En la oración tiene lugar la conversión del alma hacia Dios, y la purificación del corazón (San Agustín).

Todo pensamiento que nos quita la esperanza de la conversión proviene de la falta de piedad; como una pesada piedra atada a nuestro cuello, nos obliga a estar siempre con la mirada baja, hacia la tierra, y no nos permite alzar los ojos hacia el Señor (Rábano Mauro).

(Canción)

Una vez el diablo fue a hacer un reconocimiento para ver cómo rezaban los hombres. Su gira fue breve porque los hombres y mujeres que rezaban ahora eran raros como las moscas blancas; fue también una vuelta satisfactoria, porque repetían siempre las mismas oraciones que eran totalmente inocuas.

Regresaba a casa contento, cuando notó que en un campo un labrador gesticulaba mucho. Lleno de curiosidad, se ocultó detrás de un arbusto y estuvo observando. El hombre estaba discutiendo violentamente con Dios: lo maltrataba, ¡le decía de todo!

En aquel momento, pasó por allí casualmente un cura.

«Buen hombre», le dijo al labrador: «¿Por qué te comportas así? ¿No sabes que insultar a Dios es pecado?».

El labrador respondió: «Reverendo, si la tomo con Dios, es porque creo en él; si lo maltrato, es porque lo quiero; si grito, ¡es porque él me escucha!».

«Tú desvarías», dijo el cura alejándose.

Pero el diablo, que sabe más que un cura, quedó muy alarmado: había descubierto a un hombre ¡que todavía era capaz de rezar!

(Canción)

Una tarde la Madre Teresa de Calcuta, después de haber tra­bajado todo el día, se acercó a una pobre muchacha. Levantó los pocos trapos que la cubrían y la lavó.

La muchacha fijó sus ojos en los de la religiosa. Con un hilo de voz le preguntó: «¿Por qué haces esto?».

Madre Teresa respondió: «Porque te quiero».

La chica se iluminó y susurró por tres veces: «¡Dímelo otra vez! ¡Dímelo otra vez!. ¡Dímelo otra vez!».

Es uno de los muchos episodios que se cuentan de la Madre Teresa de Calcuta. Que haya sido exactamente así no cuenta mucho. Cuenta el eterno mensaje, basta pertenecer al género humano para estar necesitados de amor.

(Canción)

Roguemos hermanos, al Señor de vivos y muertos y cantémosle: Ven Señor, Jesús.

Señor Jesucristo que viniste a salvar a los pecadores, líbranos de caer en la tentación: Ven Señor, Jesús.

Tú que vendrás con gloria para juzgar a tu pueblo, muestra en nosotros tu poder de Salvador: Ven Señor, Jesús.

Ayúdanos a cumplir con fortaleza de espíritu los preceptos de tu Ley para que podamos esperar tu venida sin temor: Ven Señor, Jesús.

Tú que eres bendito por los siglos, concédenos por tu misericordia, que llevando ya desde ahora una vida santa, esperemos con gozo, tu gloriosa aparición: Ven Señor, Jesús.

Padrenuestro…

Dios te salve, María…

Que los ruegos y ofrendas de nuestra pobreza te conmuevan, Señor, y al vernos desvalidos y sin méritos propios, acudas compasivo en nuestra ayuda. Amén.

(Canción)

Felicitamos a las personas que llevan el nombre de la Virgen de Guadalupe, cuya fiesta celebramos el próximo día 12.

Felicitamos a las personas que llevan el nombre de Santa Lucía, cuya fiesta celebramos el próximo día 13.

Felicitamos a las personas que llevan el nombre de San Lázaro, cuya fiesta celebramos el 17.

La bendición de El Señor para todos ustedes que nos escuchan. Inclinamos la cabeza para recibir la bendición. Al final de cada invocación rezamos: Amén.

El Dios Todopoderoso y rico en misericordia. Por su Hijo Jesucristo, en cuya venida en carne creemos y cuyo retorno glorioso esperamos, en la celebración de los misterios del Adviento, nos ilumine y nos llene de sus bendiciones. Amén.

Dios nos mantenga durante esta vida firmes en la Fe, alegres por la Esperanza y diligentes en el Amor. Amén.

Y así, los que ahora nos alegramos por el próximo nacimiento de nuestro Salvador, cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria, recibamos el premio de la vida eterna. Amén.

Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes, sobre sus familias, sobre los que han hecho posible esta emisión, y permanezca para siempre. Amén.

(Canción)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *