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Alocución 18 de febrero de 2024

 

(Canción)

18

(Evangelio)

El Espíritu Santo empujó a Jesús hacia el desierto. Para el libro del Éxodo el desierto es algo transitorio, pasajero, provisional. La vida humana es así: tiene límites y nada material nos podemos llevar después de la muerte. El Espíritu en el desierto hace presente en Jesús esta realidad pasajera para después el mismo Jesús enseñárnosla.

También el libro del Éxodo nos dice que el desierto es casa del demonio y a él le encanta invitarnos a dejar a Dios a un lado y también su enseñanza.

El demonio nos invita a negar a Dios, romper el matrimonio, abandonar a los hijos y padres ancianos, servirnos de la violencia olvidando que somos hermanos. Cada vez que somos tentados, estamos en el desierto, el mismo lugar donde Jesús venció las tentaciones. La tentación no es ni buena ni mala. Sólo dice quién soy yo. Por eso rezamos: “No nos dejes caer en la tentación”.

El desierto es experiencia de Dios. Sin bulla, sin conversaciones tontas, sin nada, podemos experimentar quien es el Dios Papito, misericordioso, quien camina a nuestro lado y nos habla en silencio. Es bueno tener, durante el día, momentos largos de silencio para poder escuchar la voz de Dios, quien en el silencio habla muchas veces.

El desierto es lugar de la confianza.  Así lo indica muchas veces el libro del Éxodo. En el desierto, cuando faltan personas que nos dejaron y no poseemos abundantes bienes materiales, sólo podemos confiar en el Señor.

En el dolor, la traición, la desilusión solo cuando todas las puertas están cerradas, solamente podemos confiar en el Señor.

El desierto es el lugar de la confianza.

Cuando no vemos, hay que caminar en la esperanza de que Dios cumple lo que promete.

Caminamos en la fe, no en la vista.

Quienes hacen peregrinaciones a pie, como quienes van a El Cobre, llevan el mínimo de equipaje porque el equipaje pesa y hace más lento el camino. Confiando en Dios caminamos sólo con los bienes materiales necesarios y para compartirlos.

Un turista visitó a un maestro hindú y al entrar en el cuarto el turista notó que el maestro no tenía asientos.

Preguntó el turista: ¿Usted no tiene asientos?

El maestro dijo: Usted tampoco.

Pero el turista respondió: Pero yo estoy de viaje.

El maestro respondió: Yo también estoy de viaje.

Todos estamos de viaje hacia la vida eterna. Los bienes materiales innecesarios nos pueden impedir el caminar ligero en el amor, la paz y la concordia.

Para tratar de vivir mejor estos cuarenta días de la Cuaresma, que nos llevan a la Semana Santa, la lectura del libro del Éxodo nos ilumina. Algunos llaman al libro del Éxodo evangelio del Antiguo Testamento.

El Éxodo desarrolla dos temas principales: la salida del pueblo de Dios dejando la esclavitud de Egipto y la Alianza de Dios con su pueblo en el monte Sinaí.

Hay un tercer tema: la marcha por el desierto. Moisés, que ha recibido la revelación del nombre de Dios, Yahveh, conduce a los israelitas liberados de la esclavitud. Dios, en una manifestación teofánica impresionante hace alianza con su pueblo y le dicta sus leyes. El pacto, apenas sellado, queda roto por la adoración del becerro de oro pero Dios perdona y renueva la Alianza.

Son 40 capítulos los del libro del Éxodo. A capítulo por día adelantamos en la lectura, meditación y oración a las que nos invita el Éxodo.

(Canción)

San Juan Crisóstomo nos habla de la tentación.

La tentación es útil, primero para que te des cuenta de que ahora eres ya más fuerte.

Segundo: para que tengas moderación y humildad y no te engrías por los dones recibidos.

Tercero: la malicia del demonio, que acaso duda de si realmente lo has abandonado y por las tentaciones puede tener certidumbre plena de que te has apartado de él definitivamente.

Cuarto: las tentaciones te hacen más fuerte que el hierro, mejor templado.

Quinto: te dan la mejor prueba de lo preciosos que son los tesoros que se te han confiado porque si no viera el demonio que estás ahora constituido en más alto honor de la virtud, no te hubiera atacado.

No temas nunca a la tentación si tienes bien fuerte la virtud, porque la tentación no daña sino que produce paciencia.

El fuego no perjudica al oro, ni la tribulación al alma generosa, sino que ambos se purifican.

Donde se da limosna, no se atreve a penetrar el diablo.

(Canción)

Un señor rico que le gustaban las flores quiso un día plantar un jardín frente a su mansión, y para ello seleccionó las mejores semillas de las más bellas flores. 

Preparó el suelo, sembró las semillas y, algunos meses más tarde, empezaron a brotar los hermosos y coloridos especímenes. Pero por desgracia, entre las flores había arraigado también una mala hierba bastante común en la región. 

Sin saber qué hacer, el señor contrató los servicios de varios jardineros, pero ninguno acertó a solucionar el problema.

Desesperado, mandó llamar al jardinero más anciano de aquellas tierras. Después de hacerle algunas preguntas, el jardinero del rey se puso a contemplar el jardín. 

Unos instantes más tarde, miró al caballero y le dijo: 

-Estaría bien que empezara su señoría se convenciera de que siempre encontrará alguna mala hierba entre las mejores plantas.

En la Cuaresma sacamos las malas hierbas de nuestros pensamientos, de nuestros afectos, de nuestros corazones y colocamos, en el lugar de las malas hierbas, las semillas hermosas de la virtud, así viviremos una hermosa Cuaresma.

(Canción)

Acudamos a Nuestro Redentor que nos concede estos días de perdón, y bendiciéndole, cantemos:

Misericordia Señor, por tu bondad.

-Cristo, vida nuestra, Tú que por el bautismo nos has sepultado contigo en la muerte, para que contigo también resucitemos, concédenos caminar hoy en una vida nueva.

Misericordia Señor, por tu bondad.

-Señor Jesús, tú que pasaste por el mundo haciendo el bien, haz que también nosotros seamos solícitos del bien de quienes nos rodean.

Misericordia Señor, por tu bondad.

-Ayúdanos Señor a trabajar concordes en la edificación de la felicidad familiar, sin olvidar nunca tu Reino eterno del cielo, camino al cual vamos.

Misericordia Señor, por tu bondad.

-Tú Señor que eres médico de los cuerpos y de las almas, sana las dolencias de nuestro espíritu para que crezcamos cada día en santidad.

Misericordia Señor, por tu bondad.

Padrenuestro…

Dios te salve, María…

Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes, sobre sus familias, sobre quienes han hecho posible esta emisión radial, y esta bendición permanezca para siempre. Amén.

(Canción)

2 comentarios en «Alocución 18 de febrero de 2024»

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