Homilía de S.E.R. cardenal Juan de la Caridad García en el Sermón de las 7 Palabras
El madero en que están fijos los miembros del hombre que muere en la cruz es también la cátedra del Maestro que muere en la cruz.
Señor Jesucristo, desde tu cruz mira a todos los moribundos, enfermos graves, a quienes sufren grandes dolencias corporales y diles: “Estoy al lado de cada uno, los quiero, los fortalezco y asumo sus sufrimientos y los uno a los míos soportados en la cruz, y unidos los sufrimientos los ofrecemos como una oración en favor de los médicos, enfermeros, familiares que nos cuidan.
Señor Jesucristo, tú que conoces de traiciones a tantas personas abandonadas como las esposas, ancianos, hermanos, amigos, y como tú has hecho; ayúdalas a no quedarse con la marca dolorosa y continuar el camino de la vida, que es muy rico y evita que el rencor posea y destruya sus corazones y acompáñalos en el perdón.
Señor Jesucristo, tú estuviste preso, amarrado, escupido, flagelado, coronado de espinas, golpeado, burlado. Mira a las personas que han pasado lo mismo que tú y fortalecidas sus vidas con el perdón a sus enemigos, continúen su misión familiar llenos de paz y tranquilidad.
Señor Jesucristo crucificado, tuviste a tu lado a la Virgen, a la mujer de Cleofás, a María Magdalena y el apóstol San Juan. Bendice a las personas que nos han acompañado en los momentos de nuestro dolor y consérvanos una enorme gratitud para con ellos durante toda nuestra vida.
Albrecht Durer era un famoso pintor alemán del siglo XVI. Una de sus obras maestras se titula El descenso de la cruz. En esa pintura hay un detalle conmovedor, muestra a uno de los discípulos sosteniendo en sus manos la corona de espina de Jesús y apretando uno de sus dedos en una espina para sentir el dolor de Jesús.
Señor Jesucristo, aquí estamos para estar a tu lado como la Verónica, quien limpió tu rostro, como el Cireneo que te ayudó a llevar la cruz, como la Virgen, San Juan, la mujer de Cleofás, María Magdalena, José de Arimatea, Nicodemo.
Dinos a qué personas crucificadas, en esta Semana Santa, podemos acompañar, consolar, servir. Ya sabemos que es a Ti a quien auxiliamos en esas personas.
Nos ayuda mucho llevar una cruz sobre nuestro cuerpo. Ella nos recuerda los sufrimientos de Cristo y lo que el mismo Cristo nos enseña desde su cátedra de la cruz.
Y Cristo desde la cruz nos dice:
Si nadie te ama, mi alegría es amarte.
Si lloras, estoy deseando consolarte.
Si te encuentras débil, te daré mi fuerza y mi alegría.
Si nadie te necesita, yo te busco.
Si te sientes inútil, yo no puedo prescindir de ti.
Si estás vacío, mi ternura te colmará.
Si tienes miedo, te llevaré en mis brazos.
Si quieres caminar, iré contigo.
Si me llamas, acudo siempre.
Si te pierdes, no duermo hasta encontrarte.
Si estás cansado, soy tu descanso.
Si pecas, soy tu perdón.
Si me hablas, trátame de tú.
Si me pides, soy don para ti.
Si me necesitas, te digo: «Estoy aquí, dentro de ti».
Si te resistes, no quiero que hagas nada a la fuerza.
Si estás a oscuras, soy lámpara para tus pasos.
Si tienes hambre, soy pan de vida para ti.
Si eres infiel, yo soy fiel contigo.
Si quieres hablar, yo te escucho siempre.
Si me miras, verás la verdad en tu corazón.
Si estás en prisión, te voy a visitar y liberar.
Si te manchas, no quiero que guardes las apariencias.
Si piensas que soy tu rival, no quiero quedar por encima de ti.
Si quieres ver mi rostro, mira una flor, una fuente, un niño.
Si te sientes excluido, yo te acogeré.
Si todos te olvidan, mis entrañas se estremecen recordándote.
Si no tienes a nadie, me tienes a mí.
Si eres silencio, mi palabra habitará en tu corazón.