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Alocución, 11 de diciembre, III Domingo de Adviento

(Canto)

Hoy, 11 de diciembre, III Domingo de Adviento, se lee en todas las Iglesias católicas del mundo el Evangelio según San Mateo capítulo 11 versículos del 2 al 11.

(Evangelio)

El Papa Francisco nos habla de Juan el Bautista:

“El Evangelio dice que Juan llevaba un vestido de pelos de camello, que su comida eran langostas y miel silvestres y que invitaba a todos a la conversión: ‘Conviértanse porque el reino de los Cielos está cerca’. Predicaba la cercanía del reino. En suma: un hombre austero y radical que, a primera vista, puede parecernos un poco duro y que infunde cierto temor. Pero entonces nos preguntamos: ‘¿Por qué la Iglesia lo propone cada año como el principal compañero de viaje durante este tiempo de Adviento? ¿Qué se esconde detrás de su severidad, detrás de su aparente dureza? ¿Cuál es el secreto de Juan el Bautista? ¿Cuál es el mensaje que la Iglesia nos da hoy con Juan el Bautista?’”.

(Canto)

“En realidad, el Bautista, más que un hombre duro, es un hombre alérgico a la falsedad. Por ejemplo, cuando se acercaron a él los fariseos y los saduceos conocidos por su hipocresía, su reacción alérgica fue muy fuerte. Algunos de ellos, de hecho, probablemente iban a él por curiosidad o por oportunismo, porque Juan se había vuelto muy popular. Aquellos fariseos y saduceos se sentían satisfechos y frente al llamamiento incisivo del Bautista se justificaban diciendo: ‘Tenemos por padre a Abraham’. Así, entre falsedades y orgullo no aprovecharon la ocasión de la gracia, la oportunidad de comenzar una vida nueva. Estaban cerrados en la presunción de ser justos. Por ello Juan les dice: ‘Den, pues, digno fruto de conversión’. Es un grito de amor como el de un padre que ve a su hijo arruinarse y le dice: ‘No desperdicies tu vida’.

”De hecho, queridos hermanos y hermanas, la hipocresía es el peligro más grave porque puede arruinar también las realidades más sagradas. La hipocresía es un peligro grave. Por eso el Bautista, como después también Jesús, es duro con los hipócritas. Podemos leer, por ejemplo, el capítulo 23 de Mateo, donde Jesús habla tan fuerte a los hipócritas del tiempo. ¿Por qué hace así el Bautista y también Jesús? Para despertarlos. En cambio, aquellos que se sentían pecadores acudían a él, confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.

”Es así: para acoger a Dios no importa la destreza sino la humildad; este es el camino para acoger a Dios, no la destreza. ‘Somos fuertes, somos un pueblo grande’, no, la humildad. ‘Soy un pecador, pero no en abstracto’ no, soy pecador por esto, esto y esto. Cada uno de nosotros debe confesar primero a sí mismo sus propios pecados, faltas, hipocresías. Hay que bajar del pedestal y sumergirse en el agua del arrepentimiento”.

(Canto)

“Queridos hermanos y hermanas, Juan con sus reacciones alérgicas nos hace reflexionar. ¿No somos también nosotros a veces un poco como aquellos fariseos? Tal vez miramos a los demás por encima del hombro, pensando que somos mejores que ellos, que tenemos las riendas de nuestra vida, que no necesitamos cada día a Dios, a la Iglesia, a los hermanos y olvidamos que solamente en un caso es lícito mirar a otro desde arriba hacia abajo, cuando es necesario ayudarlo a levantarse, el único caso. Los demás casos de mirar desde arriba hacia abajo no son lícitos.

”El Adviento es un tiempo de gracia para quitarnos nuestras máscaras. Cada uno de nosotros tiene una y ponernos a la fila con los humildes para liberarnos de la presunción de creernos autosuficientes, para ir a confesar nuestros pecados, esos escondidos, y acoger el perdón de Dios para pedir perdón a quien hemos ofendido. Así comienza una nueva vida y la vía es una sola, la de la humildad. Purificarnos del sentido de superioridad, del formalismo y de la hipocresía, para ver en los demás a hermanos y a hermanas, a pecadores como nosotros, y ver en Jesús al Salvador que viene por nosotros, no por los demás, por nosotros. Así como somos, con nuestras pobrezas, miserias y defectos, pero, sobre todo, con nuestra necesidad de ser levantados, perdonados y salvados”.

(Canto)

“Y recordemos de nuevo una cosa, con Jesús la posibilidad de volver a comenzar siempre existe. Nunca es demasiado tarde, siempre está la posibilidad de volver a comenzar. Tengan valor, él está cerca de nosotros en este tiempo de conversión. Cada uno puede pensar: tengo esta situación dentro, este problema que me avergüenza, pero Jesús está cerca de ti, vuelve a comenzar. Siempre existe la posibilidad de dar un paso más, Él nos espera y no se cansa nunca de nosotros, nunca se cansa y nosotros somos tediosos, pero Él nunca se cansa.

”Escuchemos el llamamiento de Juan el Bautista para volver a Dios y no dejemos pasar este Adviento como los días del almanaque, porque este es un tiempo de gracia, de gracia también para nosotros, ahora aquí. Que María, la humilde sierva del Señor nos ayude a encontrarle a él, a Jesús y a los hermanos en el sendero de la humildad que es el único que nos hará avanzar”.

(Canto)

En el camino del Bautista:
Es bueno saber que hay hombres de ciencia, pero es mejor que seamos hombres y mujeres de conciencia.
Es bueno saber lo que tenemos que hacer, pero es mejor hacer lo que debemos hacer.
Es bueno hacer planes y fijarse un propósito, pero eso es mejor llevarlos a cabo.
Es bueno desear el éxito, pero es mejor realizar las cosas necesarias para lograrlo.
Es bueno hacer promesas, pero es mejor cumplirlas.
Es bueno tener dignidad, pero es mejor no pisar la de otros.
Es bueno tenerlo todo, pero es mejor compartir con el que no tiene nada.
Es bueno saberse amado y comprendido, pero es mejor amar y comprender.
Es bueno procurar no fracasar, pero es mejor ayudar al fracasado.
Es bueno buscar la verdad, pero es mejor hablar siempre con ella.
Es bueno tener fe, pero es mejor sembrarla en los que aún no conocen a Dios. Pero hazlo ya, porque el tiempo del Adviento pasa.

(Canto)

Representación navideña en la Catedral.
Todos los niños de la Catequesis de la Catedral estaban entusiasmados y querían que la representación navideña fuera toda una maravilla. La iban a representar los niños pequeños, pero entre ellos había uno con limitaciones quién sabe por qué causas. Era más lento en aprender que los demás. Él quería estar en la presentación y a la catequista le dio tanta pena verlo con tal entusiasmo que le dio un papel pequeño, el del posadero que rechazaba a María y a José porque la casa de alojamiento estaba llena.
El día de la obra, la Catedral estaba a reventar, hasta había mucha gente de pie. Cuando estaban en la parte en la que llegan José y María a la posada, en la que este niño con problemas tenía que hablar, pasó algo inesperado. José tocó la puerta, salió el posadero, pero cuando ya les iba a decir que no había alojamiento, vio a la Virgen embarazada de quien iba a ser nuestra salvación y se le llenaron los ojos de lágrimas. Les dijo entonces: “Pasen, pasen… La señora puede dormir en mi cama y yo dormiré en el suelo”. Hubo un gran silencio en la Catedral y a muchas personas se les saltaron las lágrimas. La representación fue un gran éxito a pesar de que no mostró lo que realmente pasó en esa noche de Navidad. Pero todos sintieron que algo había cambiado en sus vidas. Ese niño limitado le había enseñado una lección de amor, en su inocencia les mostró que debemos amar y ayudar a otros, no importa quiénes sean, porque somos hijo de Dios y estamos aquí para hacer el bien y sin pedir nada a cambio.

(Canto)

Rezamos a Santa María del Loreto.
Santa María del Loreto, tú viviste en la casa de Nazaret, Belén y Egipto y al estar con san José y Jesús, imaginaste la Casa del Cielo que pertenece a todos los hijos del dueño, el Padre Dios.
Santa María del Loreto, tú viviste en el hogar de la fe, el amor, la esperanza, la alegría y la paz.
Santa María del Loreto, en tu casa se podía pedir agua, comida, auxilio, consuelo y con san José y Jesús ayudabas a todos.
Santa María del Loreto ruega para que nuestra casa sea como la tuya, pobre pero linda, que nuestro hogar sea como el tuyo, lleno de calor familiar, y después todos en tu Casa del Cielo, junto al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo… Amén.

(Canto)

En todas las Iglesias católicas también se lee hoy la carta de Santiago capítulo 5 versículos 7 al 10.
“Así pues, hermanos, esperen con paciencia la venida del Señor. Vean cómo el labrador aguarda el fruto precioso de la tierra, esperando con paciencia las lluvias tempranas y tardías. Pues ustedes hagan lo mismo, tengan paciencia y buen ánimo, porque la venida del Señor está próxima. Hermanos, no se quejen unos de otros para que no sean condenados, pues el juez está ya a las puertas. Tomen como modelo de constancia y sufrimiento a los profetas que hablaron en nombre del Señor”.
Palabra de Dios… Te alabamos Señor.

La paciencia a su vez se expresa en sus diversos matices. Miren al labrador, dice Santiago. Se pone al agricultor como ejemplo de quien sabe esperar, pero no con una paciencia pasiva. Tiene el gusto y el valor de sembrar porque tiene la certeza de que la semilla dará su fruto. En la misma dirección apunta la enseñanza de la paciencia de los profetas que han hablado en nombre de Dios y han tenido la osadía de hacerlo, aunque el fruto con frecuencia era poco alentador, pero conscientes de que el éxito lo conocía el Señor. El segundo aspecto de la paciencia es el buen uso de la palabra en nuestras relaciones con los demás. El paciente tiene ánimo y sabe animar y, a la vez, sabe evitar las continuas lamentaciones que no llevan a nada.

(Canto)

(Oración del Padrenuestro)

Madre del Redentor, Virgen fecunda, puerta del cielo siempre abierta, estrella del mar, ven a librar al pueblo que tropieza y quiere levantarse. Ante la admiración de cielo y tierra, engendraste a tu santo creador y permaneces siempre Virgen. Recibe el saludos del ángel Gabriel y ten piedad de nosotros pecadores.
Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes, sobre sus familias y permanezca para siempre… Amén.

(Canto)

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