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Alocución por la fiesta de la Santísima Trinidad

Gracias a todos los que hacen posible esta emisión radial en este domingo 7 de junio, día en que la Iglesia celebra la fiesta solemne de la Santísima Trinidad.

Felicitamos a todas las personas que llevan el nombre de Trinidad y al pueblo de Guara. El titular de la iglesia de Guara es la Santísima Trinidad y El Padre y El Hijo y El Espíritu Santo están en este pueblo bendiciéndolo, enseñándole y guiándole.

En la segunda lectura de la misa de la Santísima Trinidad escuchamos un fragmento de la Palabra de Dios en la 2da Carta a los corintios, capítulo 13, versículos 11 al 13.

(Canción)

Queridos hijos e hijas, cuando éramos niños en el catecismo nos contaban que san Agustín estaba muy preocupado porque no entendía el misterio de la Santísima Trinidad, un solo Dios y tres personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Paseando por la playa san Agustín se encontró un niño que echaba agua del mar en un hueco que el mismo niño había abierto.

-¿Qué haces? Preguntó san Agustín.
-Echo toda el agua del mar aquí.
-San Agustín replicó: Estás loco.

El niño respondió: Primero lleno todo este hueco con el agua del mar antes de que comprendas el misterio de la Santísima Trinidad.
Ciertamente es un misterio revelado por Cristo que no podemos comprender con nuestra limitada inteligencia humana, pero la vida está llena de misterios, es un misterio para los astrónomos el universo en expansión por los cuatro puntos cardinales. Son un misterio para los ingenieros las celdas perfectas que hacen las abejas en sus colmenas. Es un misterio el cuerpo humano que hace expresar a los médicos que dos y dos no son cuatro. Los misterios de la fe y de la vida no se entienden con la mente, pero sí con el corazón. José Martí ha dicho “Dios no necesita quien lo defienda, lo defiende la naturaleza”, por eso cuando veamos las flores, el arcoíris, cuando estudiemos los cuatro estómagos de la vaca, cuando estemos en la playa, cuando comamos mangos, exclamemos: Gloria al Padre, Gloria al Hijo, Gloria al Espíritu Santo. Y cuando los esposos se encuentren exclamen: Gloria al Padre, Gloria al Hijo, Gloria al Espíritu Santo. Y cuando veamos a una embarazada llena de esperanza que lleva un fruto bendito exclamemos: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Y cuando veamos a nuestra madre que nos llevó dentro de ella y cuidó nuestra vida y la defendió como una leona a pesar de que algunos no querían que viviéramos, ya sea delante de ella o delante de su tumba: Gloria al Padre, Gloria al Hijo, Gloria al Espíritu Santo.

(Canción)

Jesucristo es el Hijo de Dios hecho hombre, segunda persona de la Santísima Trinidad. El Encuentro Nacional Eclesial Cubano ha dicho de Él: es el Camino, la Verdad, la Vida, la Luz, la cabeza, la piedra angular, el fundamento, el Buen Pastor, la puerta, la palabra última y definitiva de los hombres, el mediador único, la causa última de nuestra salvación, nuestra paz, cada uno de nosotros ha de tener escrita su experiencia y su sentir de Cristo, y leerla ante su sacerdote, ante su diácono, ante su monja, con estos escritos podríamos editar un libro que tendría muchos lectores.

(Canción)

El Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad y el agente principal de la evangelización. El Espíritu Santo es quien ha dado su sabiduría, ciencia, inteligencia y consejo a los misioneros, a los catequistas, a los educadores católicos para enseñar, enseñar es un regalo que permanece toda la vida y una misión esencial de la Iglesia. El Espíritu Santo es quien da su don de piedad a los que visitan enfermos, dan de comer y beber al hambriento y sediento, acogen al peregrino callejero, visten al desnudo, auxilian al preso y sus familiares y acompañan y consuelan con la esperanza de la vida eterna a quienes lloran la muerte de sus seres queridos. Es el Espíritu Santo quien multiplica el amor de los esposos de setenta y cinco años de casados, cincuenta, veinticinco, cinco, cuatro, tres, dos, un año de casados, porque para llegar a setenta y cinco hay que empezar por el primer año.

Es el Espíritu Santo quien fortalece a los jóvenes en su fe, los hace fieles amigos en las buenas y en las malas y los anima a constituir bellas familias dentro del matrimonio natural, fiel y fecundo. A la hora de dormir, queridos jóvenes, pregunten al Espíritu Santo: ¿Qué quieres de mí? Es el Espíritu Santo quien pone en nuestra persona el deseo de vivir en paz, comer en paz, trabajar y estudiar en paz, convivir en paz y morir en paz. Por eso soñamos: que nadie robe a nadie, que nadie golpee a nadie, que nadie dañe a nadie y si hubiera ocurrido la violencia, las escuelas de Perdón y Reconciliación ayudan mucho a solucionar conflictos matrimoniales, familiares, sociales y a entenderse entre los enemigos. Es el Espíritu Santo quien da perseverancia, melodía armoniosa, unidad de voces a este coro y a todos los coros, de tal manera que nos hacen sentir en las puertas del cielo, donde cantaremos eternamente: Gloria al Padre, Gloria al Hijo, Gloria al Espíritu Santo.

(Canción)

Como Dios es familia y El Padre y El Hijo y El Espíritu Santo son un solo Dios y tres personas distintas, y Él es el Creador de la familia, nuestra familia hecha a imagen y semejanza de Dios ha de ser una, ha de estar unida en las alegrías y las penas.

Los esposos son dos personas fundamentales en la familia y Dios quiso que fueran una sola carne y una sola persona y como del amor de los esposos nacen los hijos, la felicidad de los hijos se apoya en la unidad del papá y de la mamá.

Estimados José Ramón y Maricruz, Sergio y Ana, Félix e Hilda, William y Maura, Felipe y Chabela, Alberto y Alicia, Pepe y Aleida, Margarito y Chuchi, Yuri y Mónica, Moisés y Janet, Ernesto e Hilda Rosa, Juan y Clarita:

Estimados esposos y esposas. ¡Qué maravilla que Dios los haya creado para que se enamoraran, se casaran y constituyeran una bella familia! ¡Qué maravilla vivir unidos durante tantos años de matrimonio natural, fiel, fecundo y sacramental! ¡Qué maravilla haber sorteado unidos tantas dificultades, haber sufrido juntos enfermedades, penas, dolores y el amor en medio de tantas tempestades haya crecido! ¡Qué maravilla haber disfrutado tantas alegrías, fiestas, celebraciones propias de ustedes, de los hijos, nietos y demás familiares! ¡Qué maravilla que el amor de hoy sea más grande que el del día de la boda! ¡Qué maravilla amarse hoy más que ayer pero no tanto como mañana! ¡Qué maravilla el amor de Dios para ustedes! ¡Qué maravilla el amor de ustedes para con Dios! ¡Qué maravilla un matrimonio tan amoroso!

La bendición de Dios Padre que los creó para amarse, la bendición de Jesucristo, camino del amor y la bendición de El Espíritu Santo los acompañe siempre a ustedes, a sus hijos y familiares. Amén.

(Canción)

Como los hijos son fruto del amor del padre y la madre, necesitan crecer en el amor para vivir en una familia unida.

Tiempo atrás un hijo dijo a sus padres:

Dicen que soy el futuro… ¡No malogren mi presente!

Dicen que soy la esperanza de la paz… ¡No me induzcan al odio!

Dicen que soy la promesa del bien… ¡No me confíen al mal!

Dicen que soy la luz del mundo… ¡No me abandonen a las tinieblas!

No me digan que mis abuelos eran muy buenos… ¡Enséñenme con su ejemplo, lo bueno y lo justo que son ustedes!

Dame un ejemplo de honradez y de virtud con lu paciencia… ¡No me encaminen con sus actos al odio y la venganza!

No espero solamente el pan… ¡Denme luz y entendimiento!

No deseo sólo la fiesta de su cariño… ¡Le suplico amor con que me eduquen!

Hoy necesito de ustedes, enséñenme a ser hombre de bien y de provecho… ¡No me regañen cuando ya sea tarde, si no me ayudaron cuando yo era niño!

Les pido que no me engañen escondiendo sus dolores… ¡Enséñenme que la vida tiene también muchos sinsabores!

No les ruego solamente juguetes y dinero… ¡Les pido sanos consejos y palabras buenas!

No sean simple adorno en mi camino… ¡Sean alguien que llama a lu puerta en nombre de Dios!

Enséñame a ser hombre trabajador honrado, que cultive la vida como un deber sagrado… ¡No me hagan un parásito de lo que no he ganado, ni lamenten mi vida si me hacen desdichado!

Enséñame el trabajo y la humildad, el sacrificio y el perdón… ¡Compadézcanse de mí y oriéntenme hacia el bien, para que sea bueno, justo y trabajador!

Enséñenme el respeto que todos nos debemos con el ejemplo, respetando lo ajeno… ¡Tronchen de mí la envidia, que sólo es un veneno que no se satisface, aunque se llegue a viejo…!

Corríjanme mientras hay tiempo, y ayúdenme hoy… ¡Para que mañana no los haga llorar!

(Canción)

San Pablo en la Primera Carta a los Corintios, capítulo 12, versículo 14 al 28 nos lo dice:

Dios es uno solo y tres personas distintas, quiere que nuestra familia, nuestra iglesia y nuestro pueblo sean como el cuerpo humano, formado por distintos miembros es un solo cuerpo, así deseamos que sea nuestra familia, nuestra iglesia y nuestro pueblo. Formados por varios miembros ser una sola persona en el amor, la concordia y la paz.

Como manifestación de gratitud a quienes atienden y cuidan nuestra salud, los médicos, los enfermeros, envíe sus nombres para hacerles un obsequio de un Nuevo Testamento con los Salmos. Llamen al teléfono 78624000.

En las manos de Dios nuestro Padre ponemos a todas las personas que nos quieren, a todas las personas que nos ayudan, a todas las personas que son hijas de Dios y hermanas nuestras.

Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

Y nos unimos espiritualmente a Cristo:

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos. Amén.

Al salir de la casa, al pasar frente a una iglesia, al entrar a la casa, al levantarnos, al acostarnos, decimos: En el nombre de El Padre, y de El Hijo y de El Espíritu Santo. Amén.

Cuando el esposo salga, la esposa hace la señal de la cruz sobre la frente de su esposo; cuando el hijo o la hija salgan la mamá o el papá hacen la señal de la cruz sobre la frente de los hijos y dicen: En el nombre de El Padre, y de El Hijo y de El Espíritu Santo. Amén.

(Canción)

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