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Alocución de S.E.R. cardenal Juan de la Caridad García

Hoy, domingo 2 de agosto, decimoctavo domingo del Tiempo Ordinario, en todas las iglesias católicas del mundo se lee este fragmento del evangelio según San Mateo, capítulo 14, versículos 13 al 21.

En tiempos de Jesús, el pueblo tenía necesidad de Dios, de paz, tranquilidad, esperanza. Por eso seguía al profeta, al que hablaba en vez de Dios y no le importaba el tiempo con tal de recibir la paz que buscaba. Como se hacía tarde, los discípulos de ayer y hoy dicen: Es muy tarde, despide a la multitud que te cae atrás y que se vayan. Pero Jesús replica: Denles ustedes de comer. Y con los 5 panes y 2 peces que regaló un muchacho, Jesús alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, se los dio a los discípulos y ellos se lo dieron a unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Damos gracias a Dios por nuestras abuelas que compartieron sus platos de comida con los vecinos enfermos y necesitados y cuando muchas veces se quedaron temblando sin nada, sintieron la alegría de dar, que es mejor que recibir y experimentaron la multiplicación de lo entregado que Dios devolvió mediante varias personas. Quizás ya nuestros mayores con su generosidad han dado de comer a más de cinco mil personas y como a Dios no se le gana en generosidad, Él sigue devolviendo multiplicadamente para que todo llegue a otras cinco mil personas y más.

Damos gracias a Dios por aquellas personas que buscan, cocinan, reparten comida en nuestras iglesias. Su trabajo sudoroso y complicado, Dios no lo olvida y la alegría de la perseverancia da mucha felicidad a quienes sirven y son servidos. Y en el momento final de nuestras vidas, escuchar: Ven, bendita de mi Padre, recibe en herencia el Reino que te fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, y cada vez que lo hiciste con el más pequeño, el más viejo, el más necesitado, el más insoportable, el más sucio, el mal vestido; lo hiciste conmigo.

(Canción)

Una tarde, Víctor Manuel se acercó a su mamá Dacyamila, quien preparaba la cena en la cocina, y Víctor Manuel le entregó una hoja de papel en la que había escrito algo… Después de secarse las manos en el delantal, ella leyó lo que decía:

Por sacar las malas hierbas del jardín – 10 pesos

Por limpiar mí cuarto – 5 pesos

Por comprar los mandados de la libreta – 3 pesos

Por cuidar a mi hermanita mientras llevabas la abuela al policlínico – 10 pesos

Por sacar la basura – 5 pesos

Por barrer el patio – 7 pesos

Total a pagarme hoy – 40 pesos

Dacyamila miró al niño con fijeza. Víctor Manuel aguardaba, lleno de expectativa, esperando que le diera la cantidad de dinero que según él merecía. Entonces Dacyamila tomó el lápiz y en el dorso de la misma hoja escribió:

Por cargarte nueve meses en mi barriga: Nada.

Por tantas noches de desvelos, curarte y orar por ti: Nada.

Por los problemas y el llanto que me has causado: Nada.

Por el miedo y las preocupaciones que me esperan: Nada.

Por las comidas, ropa y juguetes de toda tu vida: Nada.

Por limpiarte muchas veces la nariz: Nada.

Costo total de mi amor: Nada.

Nuestra madre, nuestro padre, nuestros abuelos, familiares y amigos nos han regalado mucho. Dios nos ha regalado mucho: La Iglesia nos ha regalado mucho.

Regalemos también nosotros sin esperar nada a cambio. Viviremos como lo que somos: hijos de Dios y hermanos de todos.

(Canción)

En la multiplicación de los panes, Jesús hizo lo mismo que en la Última Cena: tomó los panes, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos.

Jesús nos regala el pan de vida, que es su Cuerpo y su Sangre, alimento espiritual de vida eterna.

¡Qué fe la de tantos católicos que participan en misa los 52 domingos del año!

¡Qué fe la de tantos católicos que desde kilómetros lejanos, a pie, en bicicleta, en guagua, en botella, están en la misa dominical!

¡Qué fe la de quienes bajo relámpagos, truenos, lluvias torrenciales, llegan a la misa dominical empapados y con las suelas de los zapatos despegadas!

¡Admiremos, felicitemos e imitemos!

Como quien come de este pan de Cristo, vivirá para siempre, pidamos al Espíritu Santo la luz para cautivar al esposo, esposa, hijos, nietos, nueras, yernos, para que así como almorzamos juntos el domingo, podamos hacer lo mismo recibiendo la comunión todos juntos, el Día del Señor en nuestra comunidad y después toda la familia en el banquete de la casa del cielo.

(Canción)

El próximo martes 4 de agosto celebraremos la memoria de San Juan María Vianney, patrono de los párrocos.

Ese día, en la Catedral Metropolitana de La Habana, a las 10 am, bendeciremos los óleos de los enfermos y de los catecúmenos y consagraremos el óleo crisma perfumado.

Los sacerdotes renovaremos las promesas del día de la ordenación sacerdotal y concelebraremos unidos la misa.

Envía una felicitación a los sacerdotes que han marcado tu vida de una u otra manera. Escribe o dile su lema de ordenación y que rezas para que lo pueda cumplir.

(Canción)

Oh Dios, en quien vivimos, nos movemos y existimos, concédenos la lluvia necesaria, serena la furia de las tempestades, aleja de nosotros los ciclones y huracanes, para que ayudados con los bienes de la tierra, podamos aspirar a los bienes del cielo. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

La bendición de El Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo descienda sobre ustedes, sobre sus familias y permanezca para siempre. Amén.

(Canción)

 

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