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Alocución por la Fiesta de san Joaquín y santa Ana

Hoy 26 de julio, es un día dedicado a la veneración y oración de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús, el Cristo, el Mesías, el Salvador.

Escuchamos un fragmento del evangelio de San Mateo, capítulo 13, versículos 16 y 17.

San Joaquín y Santa Ana, quienes entregaban una parte de su dinero al templo, la segunda a los pobres, la tercera para la casa, grandes orantes, mañana, tarde y noche, ya no esperaban el fruto bendito deseado cuando de buenas a primeras ella nota que está embarazada y la alegría de ambos inundó la casa, la familia y el pueblo.

No se imaginaban que la niña que estaba dentro del seno estéril de Ana habría de ser la Madre del Hijo de Dios hecho hombre. Nunca soñaron cargar al nieto, hijo de la hija, el Mesías, el Esperado desde siglos por el pueblo, el Salvador, el Camino, la Verdad y la Vida.

Lo que no vieron Moisés, Isaías, los profetas del Antiguo Testamento, Joaquín y Ana lo tocaron, lo palparon, lo bañaron, lo alimentaron, lo acompañaron. Como dista el cielo de la tierra, así dista el pensamiento de Dios del de los hombres.

Los matrimonios que no han podido disfrutar el deseo de tener hijos envíen sus nombres el arzobispado con la petición de rezar por la fecundidad. Colocaremos sus nombres a los pies de las imágenes de San Joaquín y Santa Ana y todos al rezar, como estos santos, con fe, esperanza, perseverancia y solicitaremos las oraciones de las monjas contemplativas y algo maravilloso sucederá, porque la oración es poderosa y Dios da lo mejor para nosotros. Presentamos a estos matrimonios que no han podido tener hijos, delante de la Virgen de la Caridad.

Dios te salve, María…

(Canción)

Mis abuelos son viejitos, pero la abuela de Rocío no es tan viejita como la mía.

Mi abuela es linda, tiene las manos suavecitas y las uñas limpias. Mi abuela huele rico. Me gusta mucho mirarla cuando se peina: mueve el peine muy despacito, se hace una trenza y se la enrolla para hacerse un moño y se pone unos ganchos muy grandes­, le queda muy bien, no se le paran los pelos como a mí.

Mi abuelo tiene el pelo blanquito. Yo lo he visto sacar un lapicito del bolsillo y se escribe las cejas y el bigote, ¡qué bobo es!… yo no sé para qué se los quiere poner negros.

Mi abuela es bajita, un poquito más grande que yo. Yo la quiero mucho porque ella me escucha y conversa conmigo. Ella me enseñó a hacer la señal de la cruz y rezamos juntas delante del Corazón de Jesús que está en la sala.

Abuela se sabe muchas historias y oye las mías. Ella me protege cuando mami me va a castigar: mi mamá le pelea (yo no sé cómo se atreve, porque abuela es su mamá y a las mamás hay que respetarlas y obedecerlas).

Abuela prepara la leche rica y me la lleva a la cama. Ella hace unas comidas riquísimas.

Mi abuelo es muy alto y flaco. ¿Por qué se habrá casado mi abuela con él? Abuelo es serio. Se sienta conmigo cuando voy a estudiar y, a veces, pelea y quiere que yo lea bien, escriba bonito y sepa las cuentas, ¡no tiene compasión de mí! Yo no sé por qué entonces mami y papi no vienen y le pelean al abuelo… Bueno, sí sé: mami está viendo la novela y papi, cuando está, jugando dominó. Ellos siempre están muy ocupados. Por eso mi abuelo es quien me lleva a pasear, va conmigo al dentista, me lleva a las clases de música, a la escuela y me acompaña al catecismo los sábados. Los domingos mi abuela es quien me lleva a misa, porque él va muy temprano, cuando todavía yo estoy durmiendo.

Abuelo lee el periódico todas las tardes y le gusta ver el noticiero, a mí me gustan los muñequitos y a mi abuela también.

Lo mejor que hay en mi casa es el armario de mis abuelos. A mí me encanta registrarlo. Tienen muchas cosas curiosas e interesantes. Tienen fotos y ropas de cuando eran jóvenes y unos espejuelos muy cómicos. Mi abuelo tiene una campanita, la única vez que la cogí no pude hacerla sonar porque me hubieran descubierto y seguro me regañaban. Un día cogí el perfume de la abuela y me lo unté: no pude ver los muñequitos.

Abuelo se levanta tempranito todos los días, hace café y enseguida le lleva a mi abuela. Yo creo que mi abuelo quiere mucho a mi abuela, sino, no le llevaría el café a la cama. Mi abuela también quiere a mi abuelo porque cuando vamos a comer le sirve a él primero.

Mi abuelo se pone cómico cuando mi abuela se enferma. Se sienta al lado de la cama y la mira, ¡qué bobo es! Así no la va a curar. Mi abuelo nunca se enferma.

Mis abuelos no me gritan nunca. Siempre hablan bajito y no son como la maestra y mami, que se creen que soy sorda A ellos hay que prestarles mucha atención, porque sus consejos serán muy importantes para mi futuro. Ellos saben porque son viejitos.

Yo quiero que mis abuelos vivan siempre, porque yo lo quiero mucho y ellos son muy buenos. Por eso mami y papi pueden trabajar tranquilos, porque saben que ellos me cuidan.

Yo los llevo a la bendición de los abuelos, cuando la novena a Santa Ana y ellos, en premio, me regalan una bata nueva que estreno en la misa de San Joaquín y Santa Ana, el día de los abuelos.

Cuando voy a dormir, le pido la bendición a mi abuela. Yo le pido a Dios y a la Virgencita de la Caridad que no dejen que a mis abuelos les dé catarro ni dolor de barriga, y les doy las gracias porque tengo los mejores abuelos del mundo.

Yo quiero que mis padres sean como mis abuelos.

La abuela de Rocío no es tan bonita como la mía.

San Joaquín y Santa Ana, rueguen por mis abuelos. Ana Laura.

(Canción)

Mis abuelos son muy buenos, ellos se llaman Joaquín y Ana, como los abuelos de Jesús. Yo tengo algunos amiguitos que no tienen abuelos, pobrecitos, ¡qué solitos deben estar!

Yo me siento muy bien cuando estoy con ellos, aunque, a veces, son muy pesados. Mi abuelo ayuda a cocinar a mi abuela, me compra dulces y naranjas, Así mi abuelo hace refresco de naranja, pero ella me persigue todo el tiempo: ¡Muchacho, no te encarames!, ¡Niño, ven acá!, ¿Dónde tú estabas metido?, ¡Ya tienes las manos sucias!, ¡Mira esas rodillas!, ¿Qué te hiciste en el pelo? Déjame mirarte las orejas, ¡Ave María, si se puede sembrar un boniato en ellas!, ¡Ay! Los zapatos nuevos, mira muchacho qué va a decir tu madre cuando venga. Luisito, ven a bañarte… así es siempre. Mi abuelo le hace comprender a mi abuela que yo tengo que aprender a jugar, desarrollarme, conocer. ¿A ver? ¿Cómo voy a aprender a repellar las paredes igual que mi abuelo si no lo hago? Qué culpa tengo yo que el fango no sirva para eso, ¡claro! No se veía muy bonita la pared de la cocina, pero mi abuela no reconoció mi esfuerzo. Menos mal que llegó mi abuelo y la convenció que entre los dos íbamos a pintarlo todo.

Mi abuelo es mi amigo, a él no le importa que me ensucie las manos, claro, cuando terminamos me las tengo que lavar bien. Yo le ayudo en la casa, arreglamos alguna silla o puerta que esté medio rota, barremos el patio y recogemos la basura, regamos las matas de plátano (me encanta porque termino todo mojado) y mi abuelo me dice: ¡Ya muchacho, que vas a matar las matas de tanta agua!, y mi abuela, que siempre se antoja, hace que reguemos sus orquídeas.

Mi mamá y mi papá trabajan mucho y cuando llegan a la casa están también ocupados, y no pueden ayudarme a hacer las tareas, pero mi abuelo sí puede, él se sienta conmigo y como quiere que yo aprenda no me sopla nada, todo tengo que sacarlo de mi cabeza y de los libros, él me ayuda a buscar bien en el texto donde se encuentra la solución. Él sabe muchas historias interesantes, algunas son fantasía, pero otras son de verdad, yo no sé por qué mi abuelo no se puso de maestro, porque hubiera sido muy bueno, él no se pone bravo cuando yo no entiendo o no encuentro la solución, no me grita. Él entonces habla más bajito y piensa junto conmigo.

Me gusta acostarme por la noche con mis abuelos, los oigo conversar, se hacen historias, hablan de cómo era su familia cuando ellos eran jóvenes o niños, cómo vivían, qué hacían. Ellos querían y respetaban mucho a sus padres, pero a veces hacían las mismas cosas que yo hago ahora y ¡a prepararse!, sus papás los castigaban muy duro.

Yo converso con mi abuelo cuando él me lleva para la escuela, él siempre sabe las respuestas de mis preguntas, él siempre está contento y me hace sentir contengo a mí también, y al final, él siempre tiene la razón. Él siempre me recoge por las tardes cuando salgo de la escuela, a veces vamos al parque un rato, jugamos a tirarnos la pelota, yo se la tiro alto y él siempre la coge; pero si está cansado, yo corro alrededor del parque y él mira el tiempo en el reloj (mira que me gusta ese reloj de mi abuelo, él se lo guarde en el bolsillo y tiene una cadenita, yo le voy a decir que me lo regale cuando yo sea grande).

Cuando llegamos a la casa por la tarde, mi abuela me tiene preparada la merienda y mi abuelo siempre le pregunta si hay para él, ¡a veces mi abuela pone una cara, yo no sé por qué!

Mis abuelos me llevan a misa los domingos. Después de la misa mi abuelo recoge un grupo de amiguitos y vamos al parque, o al casino, o al guiñol, o a Coppelia, siempre regresa cansado y dice que le duelen los pies.

A mí me gusta mucho el domingo, porque almorzamos mejor que nunca y todos juntos, mi mamá, mi papá, mi abuela, mi abuelo y yo. Mi abuela bendice los alimentos porque dice que hay que darle gracias a Dios que nos lo proporciona y además por todas las personas que con su trabajo hacen posible que esto sea así. Todos estamos contentos con la mesa, mi mamá y mi papá se ven felices, conversan con mis abuelos, se hacen bromas, se habla de cosas serias, pero nunca se critica ni se habla mal de los vecinos y amigos.

Yo soy un niño feliz porque en mi familia nos queremos mucho. Y todos se preocupan por mí, aunque sean abuela y abuelo los que siempre están conmigo. Mi abuela me enseñó a rezar y querer a Dios y a la Virgencita, y a ser un niño limpio (bueno, más o menos). Mi abuelo me lleva al catecismo y me aconseja mucho. Él es mi amigo y amiguito de mis amigos. Mami y Papi quieren a mis abuelos y los respetan mucho, gracias a ellos pueden trabajar y salir al cine o a una fiesta (que dicen que yo no puedo ir) y están tranquilos porque saben que estoy cuidado.

En la misa de Santa Ana y San Joaquín le pediré a Dios que cuide mucho a mis abuelitos, para que siempre estén conmigo y daré gracias porque ellos son uno de los más grandes regalos que he tenido en mi vida. Luisito

Santa Ana, ponemos en tus manos la alegría y el gozo de la casa: nuestros nietos.

Preséntalos a tu Hija, la Virgen, para que Ella les muestre siempre el camino, la verdad y la vida, que es Jesucristo.

Santa Ana, ponemos en tus manos la ternura y el cariño de la casa: las esposas y madres, enséñales a tener un hogar donde todos quieran regresar temprano.

San Joaquín, esposo de Santa Ana, Padre de la Virgen y abuelo de Jesús: te presentamos a los esposos y padres, enséñales a nunca irse de la casa, ser la columna fuerte de la economía, la confianza y la seguridad de quienes vivan en la casa.

Santa Ana y San Joaquín, abuelos ejemplares que supieron guiar a la Santísima Virgen en la fe y en la confianza en Dios, les presentamos a nuestros abuelos, enséñalos a saber guiar la fe de sus nietos y serles fieles a Dios.

Santa Ana y San Joaquín, ponemos en sus manos a nuestra Comunidad. Enséñanos a vivir como lo que somos, Hijos de Dios y hermanos de todos. Amén.

Los abuelos que quieran enviarnos al Arzobispado sus nombres y los de sus nietos serán atendidos con gusto.

(Canción)

Rezamos por el Cardenal Jaime Lucas Ortega Alamino en el primer aniversario de su fallecimiento.

 

Dios Padre, al que creaste a imagen tuya, que eres amor, paz, alegría y eternidad, en el seno materno de Adela y lo hiciste hijo tuyo en el Bautismo, reconócelo, así como lo creaste en la puerta del cielo que le pertenece porque es hijo tuyo.

Señor Jesucristo, a quien le dijiste y él lo enseñó que quien come de tu pan vivirá para siempre, cúmplele tus promesas ahora que llega a tu casa después de haber sembrado semillas de eternidad.

Espíritu Santo, a quien ungiste en el Bautismo, la Confirmación y el Orden Sacerdotal, recíbelo con sus unciones resplandecientes y preséntalo a la Iglesia celestial revestido de sacerdote, obispo y cardenal.

Santa María de la Caridad, madre de Jaime Lucas, a quien te rezaba 50 veces al día y llevaba tu escapulario, preséntale sus inmensas obras de caridad al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

San Cristóbal, carga al Cardenal Jaime y cuéntale a todos los que están en la casa de doce puertas del cielo cuantos él cargó y ayudó.

Todos los santos, rueguen por nosotros que quedamos en este valle de lágrimas y ayúdennos a realizar la misión que Dios, la Iglesia y el cardenal Jaime Lucas nos encomiendan. Amén.

Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre abuelos y nietos, sobre yernos y nueras que regalaron a los abuelos los nietos y sobre toda la familia y permanezca para siempre. Amén.

(Canción)

 

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