Alocución 21 de enero de 2024
(Canción)
Hoy, 21 de enero, domingo tercero del tiempo litúrgico ordinario, escuchamos en todas las iglesias católicas el evangelio según San Marcos, capítulo 1, versículos 14 al 40.
(Evangelio)
Conversión es cambiar, mejorar, progresar, dejar atrás el pasado malo y comenzar una vida nueva.
Un ladrón puede dejar de serlo y convertirse en una persona honrada. Un padre que abandonó a sus hijos puede regresar a la casa, abrazar a sus hijos y pedir perdón. Un hijo que dejó solos a sus padres ancianos puede reflexionar, recapacitar y hacerlos felices con su regreso.
Toda persona mala puede ser buena y una persona buena puede ser mejor.
La Biblia está llena de relatos de conversión: el jefe del ejército que crucificó a Jesús exclamó: Verdaderamente éste era hijo de Dios (Marcos 15, 39; la conversión de Zaqueo (Lucas 19, 1-10; la conversión del buen ladrón crucificado al lado de Jesús; (Lucas 23, 42); la conversión de San Pablo; (Hechos 9, 1-19); la conversión de Lidia y su familia en la ciudad de Tiatira (Hechos 16, 14-15); la conversión de la mujer pecadora que ungió a Jesús en casa de Simón, el fariseo (Lucas 7, 36-50); la conversión de la samaritana (Juan 4); la conversión de la adúltera (Juan 8, 1-11); la conversión de Jonás y el pueblo de Nínive que leemos hoy en la primera lectura de la misa dominical.
Lectura del libro de Jonás.
El libro de Jonás nos dice que el amor de Dios no tiene fronteras y no excluye a nadie. Vale la pena leer este libro que pertenece al Antiguo Testamento.
(Canto)
El Señor Jesús quiere servirse de cada uno de nosotros para que nuestra familia crea en el evangelio y se acerque al Reino de Dios.
Para la conversión de todos y para el Reino del amor Jesús necesita discípulos. El Papa Francisco nos dice cómo se es discípulo de Jesús.
¿Qué significa ser discípulos de Jesús? Según el Evangelio de hoy podemos tomar tres palabras: buscar a Jesús, vivir con Jesús, anunciar a Jesús.
En primer lugar, buscar. Dos discípulos, gracias al testimonio del Bautista, comenzaron a seguir a Jesús y Él, «al ver que lo seguían, les pregunta: “¿Qué buscáis?”». Son las primeras palabras que Jesús les dirige: ante todo les invita a mirar en su interior, a interrogarse sobre los deseos que llevan en el corazón. “¿Qué estás buscando?”. El Señor no quiere prosélitos, no quiere “seguidores” superficiales, el Señor quiere personas que se interroguen y se dejen interpelar por su Palabra. Por lo tanto, para ser discípulos de Jesús es necesario ante todo buscarlo, tener un corazón abierto, en búsqueda, no un corazón saciado o conforme.
¿Qué buscaban los primeros discípulos? Lo vemos a través del segundo verbo: vivir. Ellos no buscaban noticias o informaciones sobre Dios, o señales o milagros, sino que deseaban encontrar al Mesías, hablar con Él, estar con Él, escucharlo. La primera pregunta que hacen: «¿Dónde vives?». Y Cristo les invita a estar con Él: «Vengan y verán». Estar con Él, quedarse con Él, esto es lo más importante para el discípulo del Señor. La fe, en suma, no es una teoría, no, es un encuentro, es ir a ver dónde vive el Señor y habitar con Él. Encontrar al Señor y habitar con Él.
Buscar, vivir y, finalmente, anunciar. Los discípulos buscaban a Jesús, después fueron con Él y estuvieron toda la tarde con Él. Y ahora, anunciar. Vuelven y anuncian. Buscar, vivir, anunciar. ¿Yo busco a Jesús? ¿Vivo en Jesús? ¿Tengo el valor de anunciar a Jesús? Ese primer encuentro con Jesús fue una experiencia tan fuerte que los discípulos recordaron para siempre la hora: «era como la hora décima». Esto muestra la fuerza de ese encuentro. Y sus corazones estaban tan llenos de alegría que sintieron inmediatamente la necesidad de comunicar el don recibido. De hecho, uno de los dos, Andrés, se apresura a compartirlo con su hermano, Pedro y lo lleva al Señor. Buscar al Señor, estar con Él.
Hermanos y hermanas, también nosotros hoy hagamos memoria de nuestro primer encuentro con el Señor. Cada uno de nosotros ha tenido un primer encuentro, tanto en familia como fuera… ¿Cuándo encontré al Señor? ¿Cuándo el Señor tocó mi corazón? Y preguntémonos: ¿Somos todavía discípulos enamorados del Señor, buscamos al Señor o nos hemos acomodado en una fe hecha de costumbres? ¿Vivimos con Él en la oración, sabemos estar en silencio con Él? ¿Yo sé vivir en oración con el Señor, estar en silencio con Él? Y después, ¿sentimos el deseo de compartir, de anunciar esta belleza del encuentro con el Señor?
Que María Santísima, la primera discípula de Jesús, nos conceda el deseo de buscarlo, de estar con Él y de anunciarlo.
(Canción)
Del 18 al 25 de enero la Iglesia reza por la unidad de los cristianos.
El Concilio Vaticano II, en el decreto sobre el ecumenismo, ha propuesto: “Promover la reconstrucción de la unidad entre todos los cristianos es uno de los propósitos principales del Sagrado Sínodo Ecuménico Vaticano II. Es frecuente entre los católicos reunirse para orar por la unidad de la Iglesia con aquella oración que el mismo Salvador, la víspera de su muerte, elevó ardientemente al Padre: “Que todos sean uno”.
En algunas circunstancias especiales, como son las oraciones por la unidad y en las asambleas ecuménicas, es lícito e incluso deseable que los católicos se unan con los hermanos separados en la oración. Estas oraciones en común son un medio sumamente eficaz para pedir la gracia de la unidad y expresión auténtica de los vínculos que siguen uniendo a los católicos con los hermanos separados: “Donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, allí estoy Yo en medio de ellos”.
Rezamos:
Que nuestras voces y nuestros corazones se unan, hermanos, a la oración de todos los cristianos, para pedir a Dios, nuestro Padre, un solo rebaño, bajo un solo Pastor.
Que todos sean uno…
Pedimos por la santa Iglesia católica: para que, con humildad, reconozca y confiese sus culpas ante todos los cristianos y esté siempre dispuesta a perdonar las ofensas que de ellos haya recibido. Roguemos al Señor.
Que todos sean uno…
Roguemos al Señor por los obispos y sacerdotes de las iglesias ortodoxas, por los pastores de las comunidades cristianas no católicas: para que guíen a sus fieles con desinterés y firmeza hacia la unidad en el amor y en la verdad. Roguemos al Señor.
Que todos sean uno…
Por todos nosotros y por los miembros de nuestra Iglesia, para que nuestra fidelidad al Evangelio nos purifique de todo sectarismo y nos haga amar a quienes no piensan como nosotros. Roguemos al Señor.
Que todos sean uno…
Dios todopoderoso y eterno, que quieres la unión de todos tus hijos: míranos con bondad, y pues nos han consagrado con un mismo bautismo, que los lazos de la caridad nos unan en la plenitud de la fe. Por Jesucristo nuestro Señor.
- Amén.
Padrenuestro…
Dios te salve, María…
Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes, sobre sus familias, sobre los que han hecho posible esta emisión y permanezca para siempre. Amén.
(Canción)