Homilía de S.E.R. cardenal Juan de la Caridad en la Fiesta de Nuestra Señora de la Paz
Bendita tú, Virgen María, creada por Dios Padre a imagen y semejanza suya, en el seno materno de Isabel por el amor de Zacarías y concebida sin el pecado original que nos dejaron Adán y Eva.
Bendita tú, Virgen María, elegida para ser la Madre del Hijo de Dios hecho hombre a quien llevaste en tu virginal seno materno, lo cargaste, lo amaste, lo bañaste, lo alimentaste, lo enseñaste, aprendiste de Él y como toda Madre, estuviste al lado de Él en los caminos, las bodas, la cruz, la resurrección.
Benditos nosotros, Virgen María, que nos recuerdas que somos imagen de Dios Padre, que es amor, paz, concordia y nos creó así en el seno materno de mamá.
Bendita nuestra mamá, que como la Virgen, nos dijo al enterarse de que estábamos dentro de Ella: Bienvenido, Bienvenida, y nos defendió cuando alguien le pidió que se hiciera el aborto.
Me gusta mucho lo que hace el Padre Rolando. Cuando ve a una embarazada la felicita y ella se pone contenta, la bendice y su criatura la patea como diciendo: Gracias, y después le regala como una pequeña ayuda material pero grande por el cariño: 500 pesos.
Bendita tú, Virgen María, porque eres madre de nuestros hijos. Ayúdanos a enseñarles que la mayor felicidad es estar juntos. Andar por el camino de Cristo por el cual nunca nadie se ha perdido.
Bendita tú, Virgen María, salud de los enfermos, consuelo de los afligidos, esperanza de los pecadores, aliento de los ancianos, auxilio de las madres de los presos.
Bendita tú, Virgen María que nos enseñaste a compartir la comida y los bienes materiales con aquellos que lo necesitan. ¡Qué paz los que dan! ¡Qué paz los que reciben!
La Hermana Claudia aprendió con su papá a ser carpintera.
No hace mucho tiempo, dos hermanos que vivían en granjas adyacentes empezaron a discutir. Ésta fue su primera discusión seria que tenían en 40 años de cultivar juntos hombro con hombro, compartiendo maquinaria e intercambiando cosechas y bienes de forma continua.
Esta larga y beneficiosa colaboración terminó repentinamente.
Comenzó con un pequeño malentendido y fue creciendo hasta llegar a ser una diferencia mayor entre ellos, hasta que explotó en un intercambio de palabras amargas, seguido de semanas de silencio.
Una mañana alguien llamó a la puerta del hermano mayor. Al abrir la puerta, encontró a un hombre con herramientas de carpintero. “Estoy buscando trabajo por unos días”, me llamo Jesús, “quizás usted requiera algunas pequeñas reparaciones aquí en su granja y yo pueda ser de ayuda en eso”.
“Sí”, dijo el mayor de los hermanos, “tengo un trabajo para usted. Mire al otro lado del arroyo aquella granja, ahí vive mi vecino, bueno, de hecho es mi hermano menor. La semana pasada había una hermosa pradera entre nosotros y él cogió su tractor y desvió el cauce del río para que quedara entre nosotros. Bueno, él pudo haber hecho esto para enfurecerme, pero le voy a hacer una mejor. ¿Ve usted aquella pila de desechos de madera junto al granero? Quiero que construya una cerca, una cerca de dos metros de alto, no quiero verlo nunca más.”
El carpintero le dijo: “Creo que comprendo la situación. Muéstreme donde están los clavos y la pala para hacer los hoyos de los postes y le entregaré un trabajo que lo dejará satisfecho.”
El hermano mayor le ayudó al carpintero a reunir todos los materiales y dejó la granja durante todo el día para ir al pueblo a por comida. El carpintero trabajó duro todo el día midiendo, cortando, clavando. El granjero regresó cuando se acercaba la noche, el carpintero justo había terminado su trabajo.
El granjero quedó con los ojos completamente abiertos y la boca abierta. ¡No había ninguna cerca de dos metros! En su lugar había un puente. ¡Un puente que unía las dos granjas por encima del río! Era un bonito puente con pasamanos.
En ese momento, su vecino, su hermano menor, vino desde su granja y abrazando a su hermano le dijo: “Eres un gran tipo, ¡mira que construir este hermoso puente después de lo que he hecho y dicho!”.
Estaban en su reconciliación los dos hermanos, cuando vieron que el carpintero tomaba sus herramientas. “¡No, espera!”, le dijo el hermano mayor. “Quédate unos cuantos días. Tengo muchos proyectos para ti”, le dijo el hermano mayor al carpintero.
«Me gustaría quedarme», dijo el carpintero, «pero tengo muchos puentes que construir». Si me quieres ayudar…
Virgen de la Paz, ruega por nosotros, para que vivamos en paz, trabajemos en paz, suframos en paz, ayudemos en paz, muramos en paz. Sabemos que está a nuestro lado. Pedimos por las personas en conflicto y así la paz venza a la guerra, al rencor, al desprecio.


