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Alocución 28 de abril de 2024

(Canto)

Hoy 28 de abril, quinto domingo de Pascua, escuchamos en todas las iglesias católicas, el evangelio según San Juan, capítulo 15, versículos 1 al 8.

(Evangelio)

Jesucristo, quien gusta de servirse de imágenes naturales, nos dice que Él es la vid, Dios Padre el labrador y nosotros los sarmientos. Los sarmientos son los brotes que salen de las ramas de la mata de uva y de ellos los frutos. Si el sarmiento no está unido a la mata no da fruto.

Sirviéndonos de otra imagen, Dios es como un imán que nos atrae. Él nos tiene en su amor desde la eternidad, nos creó a su imagen y semejanza en el seno materno, nos hizo sus hijos por el bautismo y camina a nuestro lado como un Padre que carga a sus hijos y les indica el camino con palabras, enseñanzas y cercanía. Pero si entre el imán y el objeto atraído hay churre, suciedad, partículas, no hay atracción.

Si no estamos unidos a Dios que siempre quiere estar a nuestro lado, si le huimos, si cortamos la comunicación, si ponemos obstáculos entre Él y nosotros, si se nos muere la vida de hijos y no damos frutos de amor, paz y servicio, nuestra vida pierde el sentido.

Dios Padre el labrador, tendrá que podar y quitar lo que no vive para una renovación de nuestra existencia. Cuando se bota lo malo, hay una resurrección, una renovación, un resurgimiento.

Para cada uno de nosotros es vital permanecer abrazados a nuestro Padre Creador en cualquier momento de la vida.

Así como cuando hacemos algo bonito, papá y mamá nos felicitan y nos abrazan, así nosotros permanecemos abrazados al Padre Dios. Y así como cuando lloramos y sufrimos, nos abrazamos a papá y mamá y juntos derramamos nuestras lágrimas, así lo hacemos con nuestro Padre Dios. Lloramos, sufrimos, abrazados a Él y nuestro dolor adquiere un sentido.

Y como cuando nos equivocamos y nuestros padres nos regañan, pero al mismo tiempo muestran su amor y nos abrazan, lo mismo hace Dios con nosotros. Él nos abraza, Él nos perdona y nos indica pues, la corrección.

Señor Jesús, queremos estar siempre unidos a ti porque es la manera de tener plena vida. Señor Jesús, queremos permanecer unidos a ti que nunca dejas de amarnos, perdonarnos y de dar sentido a nuestras vidas.

Dios Padre, quita lo malo de nuestra vida, pódalo para que así resurja una nueva vitalidad, unos nuevos frutos de fe, esperanza y caridad.

(Canto)

San Cirilo de Alejandría nos habla acerca de nuestra unión con Dios.

«El Señor, para convencernos de que es necesario que nos adhiramos a él por el amor, ponderó cuan grandes bienes se derivan de nuestra unión con él, compa­rándose a sí mismo con la vid y afirmando que los que están uni­dos a él e injertados en su persona vienen a ser como sarmientos y, al participar del Espíritu Santo, comparten su mis­ma naturaleza, pues el Espíritu de Cristo nos une con él.

La adhesión de quienes se vinculan a la vid consiste en una adhesión de voluntad y deseo; en cambio, la unión de la vid con nosotros es una unión de amor y de inhabitación. Nosotros, en efecto, partimos de un buen deseo y nos adherimos a Cristo por la fe; así llegamos a participar de su propia naturaleza y alcanza­mos la dignidad de hijos adoptivos, pues, como afirma San Pablo, el que se une al Señor es un espíritu con él.

Y en él y por él hemos sido regenerados en el Espíritu Santo, para producir fruto de vida, no de aquella vida caduca y antigua, sino de la vida nueva que se funda en su amor. Y esta vida la conserva­remos si perseveramos unidos a él y como injertados en su perso­na; si seguimos fielmente los mandamientos que nos dio y procu­ramos conservar los grandes bienes que nos confió, esforzándonos por no contristar, ni en lo más mínimo, al Espíritu que habita en nosotros.

(Canción)

San Juan de la Cruz nos dice:

-Cuanto más conoce el alma a Dios, tanto más le crece el deseo de verlo y la pena de no verlo.

(Canción)

-En la fragua suelen echar agua para que el fuego se encienda y avive más. Esto hace el Señor con algunas almas que tienen lentitudes de amor. Les da algunas señales de su excelencia para enfervorizarlas más y así ir preparándolas para los regalos que quiere hacer.

(Canción)

San Agustín nos dice

-Si dijeres basta, estas perdido. Ve siempre a más, camina siempre, progresa siempre. No permanezcas en el mismo sitio.

(Canción)

-Según la capacidad que el vaso lleve a la fuente, así es su llenado.

(Canción)

-Cada uno es lo que es su amor: ¿Amas la tierra? Te harás tierra. ¿Amas a Dios? Serás Dios.

-Tú, Señor, al que llenas de ti, lo elevas, más como yo aún no me he llenado de ti, soy todavía para mí mismo una carga.

(Canto)

Al compositor Giacomo Puccini le dio cáncer mientras trabajaba en su última ópera titulada Tirandot. Él les dijo a sus estudiantes. “Si yo no la termino, termínenla por mí”. Poco después él fallecía. Sus estudiantes cumplieron con su deseo. En 1926, Arturo Toscanini, quien había sido el estudiante preferido de Puccini, dirigió el estreno en la ciudad de Milán. Cuando la ópera llegó al punto en el cual Puccini se había visto forzado a dejar de escribir, Toscanini paró la música, se volteó hacia los asistentes y les dijo: Hasta aquí escribió el maestro y luego falleció.

Un silencio reverente llenó el teatro. Luego Toscanini tomó la batuta nuevamente, sonrió entre lágrimas y dijo: Pero sus discípulos hemos terminado la obra. Al finalizar la ópera los asistentes irrumpieron en tremendos aplausos.

¿Cuán preparado y deseoso estamos de continuar y terminar la obra de nuestro Maestro, Jesucristo?

(Canción)

Oremos a Cristo, vida y resurrección de todos los hombres y digámosle con fe: Cristo, vida nuestra, sálvanos.

-Te rogamos Señor por tu Iglesia, extendida por todo el mundo, santifícale y haz que cumpla su misión de llevar tu reino de amor a todos los hombres. Roguemos al Señor…

Cristo, vida nuestra, sálvanos.

-Te pedimos Señor por los que pasan necesidad, los que están tristes, por los enfermos y por todos los que sufren; dales Señor ayuda y consuelo. Roguemos al Señor…

Cristo, vida nuestra, sálvanos.

-Te pedimos por los que se han apartado de Ti por el error o por el pecado; que obtengan la gracia de tu perdón y el don de una vida nueva. Roguemos al Señor…

Cristo, vida nuestra, sálvanos.

-Salvador del mundo, tú que fuiste crucificado, resucitaste y haz de venir a juzgar al mundo, ten piedad de nosotros, pecadores. Roguemos al Señor…

Cristo, vida nuestra, sálvanos.

-Te rogamos, Señor, por los que viven en nuestra casa, para que cada día más vivamos en la concordia familiar. Roguemos al Señor…

Cristo, vida nuestra, sálvanos.

-Te pedimos Señor por nuestros difuntos para que los premies con la vida eterna, perdones sus pecados y hagas que un día nosotros estemos con ellos. Roguemos al Señor…

Cristo, vida nuestra, sálvanos.

Padre Nuestro…

Ave María…

Inclinamos la cabeza para recibir la bendición. Al final de cada invocación rezamos: Amén.

El Dios, que por la resurrección de su Unigénito nos ha redimido y adoptado como hijos, nos llene de alegría con sus bendiciones. Amén.

Y ya que por la redención de Cristo hemos recibido el don de la felicidad verdadera, por su bondad, recibamos también la felicidad eterna. Amén.

Y pues, confesando la fe, hemos resucitado con Cristo en el bautismo, por nuestras buenas obras merezcamos ser admitidos en la patria del cielo. Amén.

Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes, sobre sus familias, sobre quienes han hecho posible esta emisión y permanezca para siempre. Amén.

(Canción)

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