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Celebración de la santa Misa Crismal

✍️ Pbro. Elixander Torres Pérez
“…El espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido. Me ha enviado a anunciar la buena nueva a los pobres, a vendar los corazones rotos; a pregonar a los cautivos la liberación, y a los reclusos la libertad; a pregonar el año de gracia del Señor, el día del desquite de nuestro Dios; para consolar a todos los que lloran, para darles diadema en vez de ceniza, aceite de gozo en vez de vestido de luto, alabanza en vez de espíritu abatido…” [Is. 61,1-3]
Cada año, la Santa y Metropolitana Iglesia Catedral de La Habana reúne, de forma especialísima, al clero habanero (sacerdotes y diáconos) para celebrar la solemne Misa Crismal, presidida por el pastor de la iglesia arquidiocesana.
En la mañana del Jueves Santo, o por cuestiones pastorales, un día oportuno antes de la Semana Santa -como en la nuestra- el Obispo Diocesano consagra el Santo Crisma y bendice los óleos de los Catecúmenos y de los Enfermos que los sacerdotes emplearemos en la administración de los Sacramentos hasta la próxima Misa Crismal.
El nombre de la Misa deviene del momento culmen de esta Eucaristía donde se confecciona el “Santo Crisma” mezclando aceite de oliva y aromas para luego ser consagrado por el obispo, el Cardenal Arzobispo, en nuestro caso, con el soplo de su aliento, la imposición de sus manos y la de los sacerdotes presentes, y la Oración Consecratoria.
En esta celebración litúrgica, la comunidad católica celebra la unidad con su obispo, y el presbiterio renueva sus promesas sacerdotales. El Obispo ofrece a los presbíteros un mensaje para iluminar la acción sacerdotal, anuncia la gracia derramada en los sacramentos y redondea toda la grandeza de lo que la Palabra anuncia y el sacramento realiza. Asimismo, los fieles oran por el obispo y sus sacerdotes.

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