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Homilía de S.E.R. Cardenal Juan de la Caridad García, arzobispo de La Habana

Homilía de S.E.R. Cardenal Juan de la Caridad García, arzobispo de La Habana
Homilía de S.E.R. Cardenal Juan de la Caridad García, Arzobispo de La Habana

Un día como hoy, en una mañana similar a esta, Juan de Rojas Manrique, su familia, vecinos, amigos, participaron en la misa con la cual celebraron la fundación de esta ciudad el 16 de noviembre de 1519, en este mismo lugar, debajo de una ceiba.

Como nosotros hoy pidieron perdón a Dios por los males cometidos y por el bien no realizado. Escucharon la Palabra de Dios que no es solo historia sino también mensaje y se propusieron hacerlo realidad y llevarlo a la práctica.

Manifestaron con las palabras la fe que ya vivían y mostraban públicamente con las obras.

Rogaron a San Cristóbal, el convertido, el que dejó fuera de su vida al demonio, el que hizo la caridad de cruzar personas sobre sus hombros de una orilla a otra del río caudaloso, el que se dio cuenta un día de que transportaba a Cristo. Creyó que una sola vez pero en realidad cada vez que lo hacía con los más humildes cargaba sobre sus hombros a Cristo, tal como Él mismo lo dijo: “Cualquier cosa que hagan a los demás, a mí mismo me lo hacen”.

Ofrecieron el pan y el vino que se convertirían en el Cuerpo y Sangre de Cristo y que después recibieron como alimento espiritual y ofrecieron el sacrificio de la Cruz de Cristo, que se hace presente en cada misa por vivos, enfermos y difuntos. Dieron gracias a Dios, recibieron la bendición y regresaron a sus casas para amarse más como familia, iglesia y ciudad.

Hoy nosotros hacemos lo mismo que nuestros fundadores hace 500 años. Pedimos perdón por no haber logrado la paz personal, familiar, eclesial y social y prometemos establecerla con la oración, testimonio y enseñanza.

Estamos escuchando la Palabra de Dios, luz para nuestros pasos, Palabra que queremos vivir y enseñar a nuestras familias en nuestras propias casas. Familia que reza unida, permanece unida.

Estamos proclamando nuestra fe en el Dios Creador, en el Hijo de Dios Salvador, en el Dios Espíritu Santo Santificador. Ya la hemos proclamado públicamente en nuestros trabajos y centros de estudio.

Rogamos, como hace 500 años a San Cristóbal por padres, madres, hijos, nietos, familiares, amigos, vecinos y personas que sufren y ofrecemos la salvación de Cristo por ellos, lo mejor que podemos hacer por quienes amamos vivos, enfermos y difuntos.

Como Juan de Rojas Manrique y los presentes en aquella misa recibimos el Cuerpo de Cristo, fortaleza para el camino de la vida, medicina para el pecado, identificación con Cristo, alimento de vida eterna.

Nuestros fundadores fueron católicos, manifestaron públicamente su fe, rezaron en familia, sirvieron a sus vecinos, para ellos con Dios todo, sin Dios nada, y les fue muy bien y se sintieron felices por este modo de vida.

Queremos todos la felicidad de nuestros hijos.

El Cristo de la Habana, que bendice a los navegantes y la ciudad nos dice el Camino, la Verdad y la Vida.

Anunciemos su evangelio y una gran felicidad se hará presente en toda la familia y en toda La Habana y disfrutaremos de una profunda paz, que es el mejor regalo de San Cristóbal que podemos recibir en estos 500 años, ya que todos deseamos comer en paz, trabajar en paz, vivir en paz y morir en paz. Amén.

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