Homilía de Navidad de S.E.R. cardenal Juan de la Caridad García, arzobispo de La Habana.
Durante cuatro domingos de Adviento hemos rezado y cantado: Ven, Señor Jesús.
Hoy, en estos días de la Navidad le decimos: “Bienvenido”. Nuestras vidas están llenas de bienvenidas. Desde la eternidad Dios Padre nos ha manifestado: Bienvenido a mi amor eterno, que no tiene principio ni fin. Bienvenido, imagen mía, hijo mío, tesoro mío, vida mía.
Cuando nuestra madre se enteró de que estábamos dentro de ella, exclamó: Bienvenido, Bienvenida, y lo mismo dijo nuestro papá cuando supo que su amor había engendrado un fruto bendito y nuestros abuelos, familiares y vecinos repitieron: Bienvenido, Bienvenida.
Y al nacer cada uno de nosotros los ángeles cantaron: Gloria a Dios en el cielo y en ese fruto bendito del amor: paz. El día de nuestro bautismo la Iglesia saltó de alegría diciendo: Bienvenido, Bienvenida.
Cuando fuimos por primera vez a la escuela, al trabajo, y a los lugares por primera vez, dijeron: Bienvenido, Bienvenida.
El esposo y la esposa, al regresar a casa, se dicen mutuamente: Bienvenido, único amor mío. Bienvenida, único amor mío.
Al Hijo de Dios le ha gustado mucho esta palabra que denota inmensa ternura y ha tenido deseos inmensos de escucharla. La Virgen María le dijo: Bienvenido, hijo mío, fruto bendito, a mi seno virginal.
San José ha exclamado: Bienvenido a nuestra casa. San Joaquín y Santa Ana, abuelos; los santos ancianos Simeón y Ana exclamaron: Bienvenido.
Más tarde, los pecadores, los malos, necesitados de perdón, gritaron: Bienvenido.
Y los que lloran y sufren: Bienvenido.
También nosotros hoy, en esta noche de Navidad le decimos:
Bienvenido a nuestro corazón deseoso de paz. Bienvenido a nuestra familia que necesita más amor y concordia.
Bienvenido a todos los rincones de nuestra Patria, que necesita y desea saber el camino que nos lleva a la paz y a la felicidad.
Todas las personas necesitadas de amor te dicen: Bienvenido, hace rato que te esperábamos.
Los que tienen conflictos, pleitos, desavenencias, también quieren decirte: Bienvenido.
Este tiempo de Navidad es el gran momento de que los esposos disgustados, los hermanos fajados por herencias, las suegras y las nueras, las personas que se odian, los ofensores y ofendidos griten con todas las fuerzas de su corazón: Bienvenido, niñito Jesús, príncipe de la paz.
¡Qué maravilla todos poder cantar el 31 de diciembre: Gloria a Dios en el cielo y en mi corazón, paz; en mi familia, paz; en mi pueblo, paz!
¡Qué maravilla poder cantar los 366 días del año 2024: “Gloria a Dios en el cielo y paz en el corazón de todos los cubanos donde quiera que se encuentren!