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Homilía del cardenal Juan de la Caridad García, arzobispo de La Habana, en la solemnidad de Santa María, madre de Dios y en la 54 Jornada Mundial por la Paz.

Como los pastores de Belén también hoy nosotros hemos venido corriendo, de una u otra forma, a la casa de la fe, a la casa del pan espiritual, a la casa del amor, a la casa de la Paz; y estamos contemplando a la Virgen María, a San José y al niño Dios acostado en el pesebre.

En esa cueva, convertida en casa, miramos lo imposible a los ojos humanos: un papá y una mamá felices por estar al lado de su niño, Dios hecho hombre; ricos los magos y pobres los pastores, adorando juntos al niño Dios; ángeles cantando gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz.

Trasladamos todo lo de esta cueva a nuestra casa y nos damos cuenta que nuestra mayor riqueza es el amor de nuestros padres, siempre juntos, al lado de sus hijos felices. Nuestra mayor riqueza es estar juntos en alegrías y penas, sentirnos amados y amar; ser bastón unos de otros; no dejarnos ganar en generosidad; tener un solo corazón y una sola alma y si logramos vivir lo mismo que en la cueva de Belén, una gran paz inundará nuestras personas porque Dios está en nuestra casa y con el todo y sin el nada.

El Papa Francisco en su mensaje, hoy nos invita a cuidar la naturaleza, la familia, el prójimo, el vulnerable, la sociedad; y este es el camino de la paz.

El Papa Francisco, citando a san Pablo VI, dice a todos: No teman a la Iglesia. Ella los honra, forma ciudadanos honrados y leales, no fomenta rivalidades ni divisiones, trata de promover la sana libertad, la justicia social, la paz, y si tiene alguna preferencia, es para los pobres, para la educación de los pequeños y del pueblo, para la asistencia de los abandonados y de cuantos sufren.

Y el Papa Francisco nos anima: Hacen falta caminos de paz, que lleven a cicatrizar las heridas. Se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia.

Y siguiendo esta brújula del Papa; estimado esposo, sea artesano de paz y cure las heridas de rupturas matrimoniales. Una herida matrimonial es una espada de dolor que atraviesa el corazón de los hijos.

Estimados hermanos que estuvieron en el mismo vientre materno: terminen los pleitos y divisiones de ustedes. Sus desavenencias son una espada de dolor que atraviesa el corazón de su mamá.

Estimados suegros, yernos y nueras sean cada vez más padres e hijos. Sus críticas destructivas son una espada de dolor que atraviesa los corazones de los hijos que aman a sus padres y a sus esposas.

Estimados habaneros: recuerden que todos somos hijos de la Virgen de la Caridad, vivamos como lo que somos, hermanos, y tratémonos así en las colas, en las guaguas, los trabajos, las dificultades, en el pensar distinto. El maltrato entre cubanos es una espada de dolor que atraviesa el corazón de la Virgen de la Caridad.

El Señor nos conceda la paz del corazón a cada una de nuestras familias, a la Iglesia, a nuestro pueblo y a toda la humanidad. Es nuestra oración personal y silenciosa.

 

📸 Pastoral Juvenil de #LaHabana

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