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Alocución, 19 de diciembre, IV Domingo de Adviento

 

Hoy domingo 19 de diciembre, IV Domingo de Adviento, escuchamos el evangelio según San Lucas, capítulo 1, versículos 39 al 45. Encendemos las cuatro velas de la corona de adviento.

(EVANGELIO)

La Virgen dijo sí al ángel que le comunicó, de parte de Dios Padre, que iba a ser la madre de Dios hecho hombre. Dijo sí a la necesidad de felicitar a santa Isabel, madre de quien sería Juan el Bautista y para ayudarla. Dijo sí, de acuerdo con san José, al cumplimiento de la profecía de que Belén sería la cuna del Mesías, del Salvador, a pesar del largo viaje. Dijo sí, de acuerdo con san José, al cumplimiento de la profecía de la huida a Egipto ante las amenazas del rey Herodes. Dijo sí al amor creciente, a su esposo José y al niño Jesús. Dijo sí a la oración y a la alabanza a Dios en la casa y en el templo. Dijo sí a los novios de Caná y obligó a Jesús a realizar su primer signo o milagro de convertir el agua en vino. Dijo sí a vivir plenamente la Palabra de Dios en familia. Dijo sí a caminar al lado de la cruz de su Hijo y a estar de pie ante la crucifixión. Dijo sí a la maternidad universal que su hijo le entregó en la cruz. Dijo sí a la alegría de la resurrección el domingo siguiente al Viernes Santo. Dijo sí a la oración con los apóstoles en la espera del Espíritu Santo. Dijo sí a entrar a la gloria del cielo en cuerpo y alma. Nosotros también queremos decir sí ya que somos hijos de la Virgen. Sí a Dios y no al diablo. Sí al fruto bendito y no a eliminarlo. Sí al matrimonio, no a la separación. Sí a los ancianos y no a echarlos a un lado. Sí a la verdad, no a la mentira. Sí a la misericordia, no al desprecio. Si a la paz, no a la violencia.

Santa María del sí, ruega por nosotros y ayúdanos a decir siempre sí a lo que Dios nos pida.

(CANTO)

El evangelio nos ha narrado el encuentro de dos embarazadas y sus frutos benditos. Un encuentro feliz. Santa Isabel ha saludado a la Virgen diciéndole: “Bendita tu entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. Dichosa tu que has creído”, y la respuesta de la Virgen fue cantar: “mi alma glorifica al Señor”.

 (CANTO)

Santa Isabel ha descrito muy bien a la Virgen. Creyó en la Palabra de Dios, la vivió, la aceptó, aun en medio de dificultades y sufrimientos, y caminó de prisa al encuentro de Isabel embarazada. Y como es su costumbre está al lado nuestro y nos dice: “¿Acaso yo no estoy aquí que soy tu mamá?”. Es bonito que las madres recuerden el tiempo del embarazo: la alegría, los sueños, las esperanzas, las preocupaciones, las conversaciones con el esposo, con la mamá, con los familiares, las otras embarazadas de las consultas del hospital materno.

Estimada embarazada, revive esas escenas, disfrútalas y cuéntales nuevamente a los que las vivieron contigo. Cuéntales a tus frutos benditos lo que soñaste para ellos y entre todos háganlo realidad viva. Hijos, pregúntenles a sus madres lo que ellas sintieron cuando ustedes estaban en el seno materno.

VOZ: Y dichosa son todas las mujeres que llevaban en su seno un nuevo ser, porque nada es comparable a los sentimientos que experimentan cuando se estrechan entre los brazos a hijos concebidos por amor. Mimados ya antes de conocerlos y prendidos siempre en la pupila y en el corazón para que nada malo pueda sucederle. Y bendito Dios que es autor de toda esta grandeza, porque gracias a Él existe la mujer y su poder de fecundidad.

(CANTO)

VOZ: Gracias Dios Padre por regalarme a mí y a mi esposo la criatura que llevo dentro de mí con ilusión y esperanza. Señor Jesucristo, muéstrame el camino, la verdad y la vida. Espíritu Santo, unge a nuestra criatura con la gracia del bautismo y ayúdanos a nosotros, papá y mamá, a educarlo en la fe, la esperanza y la caridad. Santa María de la Caridad, carga a nuestro bebé y muéstrate madre de él, que está dentro de mí, en la hora del parto y en todos los momentos de su vida. San Cristóbal, ruega por nuestra criatura para que nunca le falte amor y sepa comunicarlo a quienes lo rodean. Amén.

Te damos gracias, Señor. Te damos gracias, Señor…

Señor, te doy gracias, porque me escogiste para participar, conjuntamente contigo, en la obra de la creación. Porque permitiste que en mi seno diera vida a un nuevo ser; por la ternura que me invade al sentir la presencia de mi hijo dentro de mí. Porque has permitido que mi vida se prolongue en esta criatura que nacerá. Porque diste forma y tamaño al amor que siento por mi esposo. Porque me has regalado una criatura, de la cual nunca me podré apartar ni en pensamientos ni en obras. Porque este nuevo ser llenará de alegría nuestra casa. Porque me has convertido en mamá.

 (CANTO)

Emilia pertenecía a una familia de clase media en Polonia, que sufría estragos y caristías después de una prolongada guerra nacional. Hambre y epidemias amenazaban a toda la población. Emilia desde pequeña había tenido una salud delicada, que no había podido mejorar por las condiciones en la que vivía. Siendo joven se casó con un obrero textil y se establecieron en una población nueva, lejos de familiares y conocidos. Poco tiempo después, nació su primer hijo, Edmundo, un chico atractivo, buen estudiante, atleta y con gran personalidad.

Unos años más tarde, Emilia dio a luz a una niña que solo sobrevivió pocas semanas por las malas condiciones de vida a la que la familia estaba sometida. Catorce años después del nacimiento de Edmundo y casi diez de la muerte de su segunda hija, Emilia se encontraba en una situación particularmente difícil. Tenía cerca de cuarenta años y su salud no había mejorado; sufría severos problemas renales y su sistema cardíaco se debilitaba poco a poco, debido a una afección congénita. Por otro lado, la situación política de su país era cada vez más crítica, pues había sido muy afectado por la recién terminada primera guerra mundial. Vivían con lo indispensable y la incertidumbre y el miedo de que estallase una nueva guerra. Y justamente en esas terribles circunstancias, Emilia se dio cuenta que estaba nuevamente embarazada. A pesar de que el acceso al aborto no era sencillo en esa época, existía la opción y no faltó quien se ofreciera para practicárselo. Su edad y su salud hacían del embarazo un alto riesgo para su vida. Además, su difícil condición de vida le hacía preguntarse: “¿qué mundo puedo ofrecer a este pequeño? Un hogar pobre, un pueblo en guerra”. Emilia desconocía que solo le quedaban diez años de vida a causa de su problema de salud. Trágicamente también Edmundo, el único hermano del bebé que esperaba, viviría solo dos años más. Algunos años más tarde, estallaría la segunda guerra mundial, en la que el padre de la criatura que estaba por nacer perdería la vida. Emilia optó por darle la vida a su hijo, a quien puso el nombre de Carol. Ese niño, ya mayor, le gustaba mucho viajar por el mundo y cada vez que pasaba por las calles de muchos países y por las calles de La Habana, Santa Clara, Camagüey y Santiago de Cuba, lo saludaban. Juan Pablo II te quiere todo el mundo. San Juan Pablo II, ruega por todas las embarazadas. Gracias, mil gracias Emilia, por el regalo que nos hiciste de tu fruto bendito. Amén.

(CANTO)

Dios, Padre bueno, te damos gracias por las criaturas que viven en el seno materno. Nunca permitas que el aborto las elimine. Señor Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, que estuviste en el vientre de la Virgen María durante nueve meses, enseña el camino, la verdad y la vida a las embarazadas y permite que ellas lo enseñen a sus hijos.

Dios, Espíritu Santo, da la condición de hijos de Dios, hermanos de todos y miembros de la Iglesia, mediante el bautismo, a quienes saldrán pronto del seno materno a la luz, y dales tu gracia para que sean el orgullo y las alegrías de las familias, de la sociedad y de la Iglesia.

Santa María de la Caridad, acompaña a las embarazadas, ahora y en el momento del parto, para alegría de la madre, del padre del nacido, de las familias y de los vecinos.

San Ramón Nonato, que naciste milagrosamente y tanto bien hiciste a la humanidad, ruega por las embarazadas en dificultades y por quienes auxiliarán a las parturientas, para que las criaturas nazcan felizmente y sus gritos causen una honda alegría a toda la familia. Amén.

(CANTO)

El Papa Francisco nos habla:

“Preguntémonos qué puedo hacer concretamente en estos días previos a la Navidad. ¿Cómo puedo hacer mi parte? Hagamos un compromiso concreto, aunque sea pequeño, que se ajuste a nuestra situación de vida y llevémoslo adelante para prepararnos en esta Navidad. Por ejemplo, puedo llamar por teléfono a esa persona que está sola, visitar aquel anciano o aquel enfermo, hacer algo para servir a los pobres, a los necesitados. Más aún, quizás tenga un perdón que pedir, un perdón que dar, una situación que aclarar, una deuda que saldar. Quizás he descuidado la oración y después de mucho tiempo es hora de acercarse al perdón del Señor. Hermanos y hermanas, busquemos una cosa concreta y hagámosla. Que la Virgen, en cuyo seno Dios se hizo carne, nos ayude.

(CANTO)

Celebremos juntos en familia la Noche Buena. Leamos en la cena o comida el evangelio de Lucas capítulo 2 versículos 1 al 20, que nos narra el nacimiento de Jesús. Terminemos de poner bonito el arbolito y el nacimiento. Vayamos todos a la misa del gallo…

Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre sus familias y permanezca para siempre. Amén.

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