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Alocución, 27 de marzo, IV Domingo de Cuaresma

 

Hoy, 27 de marzo, IV Domingo de Cuaresma, escuchamos en todas las Iglesias católicas del mundo la parábola del padre bondadoso que perdona a sus hijos, que lo hacen sufrir. Este pasaje se encuentra en el capítulo 15 de San Lucas.

(EVANGELIO)

La parábola del hijo malo que se va lejos de su papá bondadoso, nos recuerda a todos los hijos que abandonan a sus padres, a todos los padres que no quieren saber de sus hijos ni de la madre de sus hijos, a los hermanos que se fajan por una herencia y hacen sufrir a la familia, a los vecinos que se hacen enemigos e involucran a las familias; a los que dejaron a Dios y se marcharon de sus iglesias. Todos ellos, en los primeros tiempos del distanciamiento, felices, pero siempre pasa que, andando el tiempo, viene la nostalgia y el recuerdo del amor primero, el recuerdo de la felicidad disfrutada junto a la unión y concordia se constata el fracaso del alejamiento de quienes nos quieren de verdad y entonces comienza el deseo de volver a lo vivido, que es el inicio de quienes regresan.

Cuesta trabajo volver a la felicidad primera, porque es reconocer que nos equivocamos… y volvemos semidestruidos como persona y nos apena constatar que hicimos sufrir mucho, pero resulta ser que cuando viramos, la familia, los amigos, la iglesia, nos reciben con alegría y acogida que no esperábamos y notamos que la fiesta de todos ellos al vernos, es más grande que la nuestra, lo cual nos levanta, nos recupera y, a pesar del dolor de lo mal hecho, empezamos una vida nueva. Pudiéramos encontrar en el regreso la crítica de algunos que nos tildan a nosotros de caradura, y a quienes nos reciben los tildan de bobos, tal como pasó en la parábola con el hijo mayor del padre bondadoso. Pero lo importante es que Dios y quienes nos aman están de fiesta, y nos abrazan y hasta bailan con nosotros.

En estos días de Cuaresma, cuando solo faltan veinte días para el inicio de la Semana Santa, si alguien está lejos de Dios, de su familia, de sus hermanos, amigos y vecinos… comiencen el regreso. Todos los están esperando; y causará más felicidad en el cielo, en la casa, en la familia y en todos los que los esperan, que lo vivido antes de alejarse.

Jesús vivió muchas situaciones como estas, no esperó el regreso de quienes se alejaron de Dios, fue a buscarlos, encontrarlos, levantarlos. Buscó a Mateo, mal visto por ser injusto cobrador de impuestos, recibió a la pecadora pública en casa de Simón el fariseo, se invitó a comer en casa de Saqueo, peor que Mateo; perdonó a Pedro, quien lo negó tres veces. El acercamiento de Jesús no es algo ocasional, es su estilo de actuar. Él es cercano para salvar a los marcados por el mal y despreciados por la sociedad. Jesús les ofrece su apoyo, los cura, los ayuda a pedir perdón, les infunde una nueva esperanza. Toda la actuación de Jesús implica fe en el perdón y la bondad del Dios Padre Misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad.

Si conoces personas alejadas de Dios y del amor familiar, coloca sus nombres en el crucifijo de tu casa o de la iglesia, y escucha a Jesús que dice: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Rezamos con San Ambrosio de Milán: “Ven, Jesús, a buscarme. Bsca la oveja perdida. Ven, pastor, deja las 99 y busca la que se ha perdido. Ven hacia mí, estoy lejos. Me amenaza la batida de lobos. Búscame, encuéntrame, acógeme, llévame. Puedes encontrar al que buscas, tomarlo en brazos y llevarlo. Ven y llévame sobre tus huellas. Ven tú mismo; habrá liberación personal y alegría en el cielo”. Amén.

(CANTO)

Este tiempo de la Cuaresma es ideal para regresar y acercarnos más a Dios. La mejor forma es recibir el perdón de Dios en el sacramento de la reconciliación o confesión. Los actos propios del penitente son:

Examen de conciencia: Constatamos cómo anduvo la vida con la guía de los Diez Mandamientos.

Dolor por el mal cometido y por el bien que no se hizo.

Arrepentimiento: Propósito de no volver a pecar.

Decir los pecados al sacerdote que representa Dios: El sacerdote está obligado, sin ninguna excepción, a guardar el absoluto secreto sobre los pecados confesados.

La satisfacción, es decir, el cumplimiento de ciertos actos de penitencia que el confesor indica al penitente para reparar el daño causado por el pecado.

Y después de la confesión, Dios está más alegre que nosotros mismos. En ningún lugar ha expresado Jesús, de forma más bella, lo que sucede en el Sacramento de la Penitencia que en la parábola del padre bondadoso capítulo 15 del Evangelio de Lucas.

“Voz de Jesús: tú me llamaste cuando me alejé de ti; brazos de Jesús: tú me levantaste cuando me resbalé y caí; corazón de Jesús: tú me amaste hasta cuando pequé”.

(CANTO)

El Papa ha dicho el domingo pasado:

“Jesús sabe que convertirse no es fácil y quiere ayudarnos. Sabe que muchas veces volvemos a caer en los mismos errores y en los mismos pecados, que nos desanimamos y, quizás, nos parece que nuestro esfuerzo por el bien es inútil, en un mundo donde el mal parece reinar. Y entonces, después de su llamado, nos anima con una parábola que ilustra la paciencia de Dios. Debemos pensar en la paciencia de Dios, la paciencia que Dios tiene con nosotros. Jesús nos ofrece la consoladora imagen de una higuera que no da frutos en el período establecido, pero cuyo dueño no la corta, le concede más tiempo, le da otra posibilidad. Me gusta pensar que un hermoso nombre de Dios sería: “El Dios que da otra Posibilidad”. Siempre nos da otra oportunidad. Siempre. Siempre. Así es su misericordia, así hace el Señor con nosotros, no nos aleja de su amor, no se desanima, no se cansa de darnos confianza con ternura. Hermanos y hermanas, Dios cree en nosotros, Dios se fía de nosotros y nos acompaña con paciencia: la paciencia de Dios con nosotros. No se desanima, sino que pone siempre esperanza en nosotros. Dios es Padre y te mira como un Padre, como el mejor de los Papás. No ve los resultados que aún no has alcanzado, sino los frutos que puedes dar. No lleva la cuenta de tus faltas, sino que realza tus posibilidades. No se detiene en tu pasado, sino que apuesta con confianza por tu futuro. Porque Dios está cerca, está a nuestro lado. Es el estilo de Dios, no lo olvidemos: cercanía. Él está cerca con misericordia y ternura, así nos acompaña Dios. Es cercano, misericordioso y tierno. Pidamos, por tanto, a la Virgen María que nos infunda esperanza y valor, y que encienda en nosotros el deseo de conversión”.

Rezamos con el padre Benjamín González Buelta: “Yo solo, ¿qué puedo ser? Un día escogí ser reflejo sin sol, agua sin fuente, voz sin garganta y me perdí en mí. Tú me guardaste sol en tus ojos, agua en tus manos, voz en tu oído y me encontré en ti. Desde entonces tú me iluminas, tú me fecundas, tú me pronuncias y te encuentro en mí. Yo solo, ¿qué puedo ser?”.

Después de la confesión, la Palabra de Dios nos dice en la Segunda Carta a los Corintios capítulo cinco versículo 17 al 21.

(EVANGELIO)

Esta es la segunda lectura de la liturgia de hoy, que nos dice, en resumen: borrón y cuenta nueva.

(CANTO)

El pasado 25 de marzo, el Papa consagró nuestras personas, la Iglesia y la humanidad entera, de manera especial a Rusia y Ucrania. Rezamos un fragmento de esta oración:

“Acoge, oh Madre, nuestra súplica. Tú, estrella del mar, no nos dejes naufragar en la tormenta de la guerra. Tú, arca de la nueva alianza, inspira proyectos y caminos de reconciliación. Tú, tierra del cielo, vuelve a traer la armonía de Dios al mundo, extingue el odio, aplaca la venganza, enséñanos a perdonar, líbranos de la guerra, preserva al mundo de la amenaza nuclear. Reina del Rosario, despierta en nosotros la necesidad de orar y de amar. Reina de la familia humana. muestra a los pueblos la senda de la fraternidad. Reina de la Paz, opten para el mundo la paz”.

Y la Bendición de Dios para todos. Inclinamos la cabeza para recibirla. Al final de cada invocación rezamos: Amén.

Dios, Padre Misericordioso les conceda todos ustedes como al hijo que regresó, la alegría de volver a la casa paterna… Amén.

Cristo, modelo de oración y de vida, nos guíe a la auténtica conversión del corazón a través del camino de la Cuaresma… Amén.

El espíritu de sabiduría y fortaleza, los sostenga en la lucha contra el maligno, para que puedan celebrar con Cristo la Victoria Pascual… Amén.

Y la Bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre todos ustedes, sobre sus familias y los acompañe siempre… Amén.

(CANTO)

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