Alocución de S.E.R. cardenal Juan de la Caridad García por el Día de los Padres
Gracias a todos los que hacen posible esta emisión radial hoy 21 de junio, Día de los Padres. Felicitamos a todos los padres y a quienes consideramos papás nuestros.
(Canción)
Queremos felicitar en este día a Papá Dios, el que nos pensó desde la eternidad como hijos. El que nos creó en el seno materno a su imagen y semejanza; el que nos regaló la bella familia que tenemos; el que nos ha hecho sus hijos en el bautismo; el que mantiene latiendo nuestro corazón ya que nuestra misión en esta vida no ha terminado; el que nos perdona; el que nos acompaña en alegrías y penas; el que nos espera en el hogar del cielo.
En el evangelio encontramos una confianza total y absoluta de Jesús en Dios Padre. Es significativo observar que, en todas las oraciones, Jesús se dirige a Dios llamándole Padre. Jesús acostumbraba a llamar a Dios “Abba” y esto impresionó de tal manera que los primeros cristianos repetían esta palabra en arameo, tal como lo pronunciaba Jesús: Abba”. Nos lo dice la Carta a los Romanos, capítulo 8, versículos 14 y 15.
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Ciertamente nadie se hubiera atrevido en la primitiva comunidad cristiana llamar así a Dios de no haberlo hecho Jesús.
Cuando alguno de ustedes vaya a Jerusalén, verán a un hombre grande con un niño cogido de la mano y este niño dirá: Abba, papá. Abba es el término familiar que usaban los niños para llamar a su padre. Cada uno recuerde cómo le dice o decía a su papá. Esa misma palabra nos puede servir para dirigirnos a Dios Padre como lo hacía Jesús. Eso denota plena seguridad, plena certeza de que Él es nuestro Padre y nunca nos dejará abandonados.
Jesús nos enseña a orar, a dirigirnos a Dios con la mejor oración que hay. Nos la dice el evangelio según San Mateo, capítulo 6, versículos 9 al 15.
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(Canción)
Rogamos a nuestro Papito Dios la oración que Cristo nos enseñó.
Padre Nuestro, dador del amor protector y no solo mío,
sino de todos, los mejores y los peores, los agradables y desagradables.
Que estás en los cielos, sí los cielos es tu lugar, donde quiera que tú estés,
por difícil que parezca, allí podrá estar el cielo, tú y yo.
Santificado sea tu Nombre, que sepamos honrarte en nuestra vida
y que no nos olvidemos de alabarte y agradecerte, además de pedirte.
Venga a nosotros tu Reino, tu Reino no es dominio y poder
sino amor, justicia, paz, que tanto necesitamos en nuestra vida personal y social.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo,
tu voluntad siempre será lo mejor para nosotros, aunque de momento no la entendamos.
Ayúdanos a orar para saber pedirte que se haga Tu voluntad
y no para que Tú hagas la nuestra.
Danos hoy nuestro pan de cada día,
danos confianza para esperar de ti lo necesario para el día de hoy
sabiendo que mañana será otro día en que también nos socorrerá Tu providencia.
Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
Perdónanos sí, por todo aquello que sabemos y por todo aquello que no queremos saber,
pero por favor, no lo hagas como nosotros que no sabemos perdonar. Enséñanos, por favor.
No nos dejes caer en la tentación.
Son muchas las cosas que en esta vida tienden a apartarnos de ti y de tu voluntad:
el egoísmo, la separación de las familias, la violencia, el desprecio de los mayores, el alcoholismo.
Ayúdanos a que ellas no tuerzan nuestro camino y el de nuestra familia hacia Ti.
Y líbranos del mal.
Líbranos sí, de todo mal del cuerpo y de la vida, pero sobretodo,
de todo el mal del alma que obstaculiza la vida eterna.
Líbranos pues, por encima de todo, del mal que nos hace malos.
Amén. Que así sea, todos tus hijos te lo pedimos, Dios papá de todos.
(Canción)
El evangelio de San Mateo en el capítulo 7, versículo 7 al 11 nos dice:
…
Dios nos hizo un espectacular regalo, nuestro papá, que nosotros no pedimos. Sin él no hubiéramos venido a la vida. ¡Qué felicidad es ser papá!
MI PADRE NO ES CUALQUIERA
Un papá es el hombre que queremos que esté con mamá, porque él es el hombre de la casa, el que infunde carácter y unidad a la familia, el que resuelve los problemas más difíciles, es el que tanto necesita mamá para sentirse segura y los hijos para sentirse protegidos.
Un papá es ese que parecía un loco el día que esperaba nuestro nacimiento a la puerta del Hospital Materno, el que sobornó al portero porque no resistía los deseos de conocernos y no tenía paciencia para esperar la hora de visita.
Un papá es ese que se preguntaba cómo con sus dos manos podía sostener este muñequito de trapo (su hijo recién nacido), que no paraba de mover los pies y el cuerpecito… ¡oye!, es igualito a mí.
Un papá es ese que aprendió a cambiar pañales después de miles de intentos fallidos, siempre poniendo la punta del imperdible hacia afuera; ese que, cuando tiene que calentar la leche del bebé, siempre tiene que ponerse a enfriarla para luego volver a calentarla y decirle a la esposa: “mi ‘ja”, es que no es fácil acertar con la temperatura que requiere el gusto del niño!
Un papá es ese que oyó cantos de ángeles cuando por primera vez su hijo articuló (dice él) la palabra “papá”; es ese que nos enseñó a leer, a abrocharnos el cordón del zapato; el que tenía una fijación con la pesada “tabla” del nueve, que no nos dejó tranquilos hasta comprobar que la sabíamos; el que nos dejaba ganarle a las bolas, el que nos hizo el primer papalote, el que curaba nuestra muñeca; un papá es aquel con el que aprendimos a decir “estrai”, un papá es aquel el que nuestra hermanita le llenaba la cabeza de rolos y hebillitas y, luego, comprendía por qué todos lo miraban de una forma tan rara en la cola del pan, hasta que recordó el peinado exótico que unos minutos antes le hacía su hijita.
Un papá es un modelo de vida, es el buen consejero, la palabra precisa, el silencio y la sonrisa cómplice cuando hemos hecho algo que no queremos que sepa mamá; es el que nos deja jugar con fango y tirarnos agua, para tener que ayudarnos a limpiar y recoger.
Un papá es al que se le aguan los ojos y se le aprieta el corazón cuando nos enfermamos y casi nadie se da cuenta de su angustia; es ese de la ternura viril, cuyas manos callosas pueden ofertar las caricias más cálidas y el abrazo más puro; es el que, cuando mi hermanito se partió la cabeza y a mamá le quiso dar un ataque, dijo con autoridad y aplomo que no había pasado nada, pero se le aflojaron las piernas y no tuvo valor para ver cómo le cosían la herida a su príncipe enano.
Un papá es nuestro amigo, pero también nuestro “enemigo” (sobre todo cuando mamá nos amenaza con eso de: “deja que venga tu padre”); él es el implacable: a una orden suya hay que levantarse temprano, asistir a la escuela, ir a ese repaso que nos cae mal, sacar buenas notas, responder a mamá y querer al hermano.
Un papá es el hombre más bueno y más noble del mundo, y al que queremos mucho, pero con el que nunca somos cariñosos y muy pocas veces le decimos cuánto lo amamos y deseamos que esté a nuestro lado.
Un papá es ese que necesitamos toda la vida porque su presencia nos infunde seguridad, paz, confianza… porque es el libro de la vida, al cual podemos acudir cuando estamos metidos en un lío; el que siempre olvida nuestras deudas y nos garantiza el pan de cada día.
Gracias, papá por tu amor, porque eres tan necesario como mamá, por todas las horas de tu vida que nos has regalado, por tu sonrisa, por tu presencia consciente o inconsciente en todos los momentos felices y en los difíciles, porque tu ejemplo nos alentó a querer ser como tú.
Gracias, Papá Dios, por el papá que nos regalaste; Tú que lo hiciste Padre a tu imagen y semejanza, llénalo de tu amor.
(Canción)
Rezamos por nuestros padres difuntos:
En tus manos, Padre de bondad, ponemos el alma de nuestro papá difunto; nos sostiene la esperanza de que resucitará con Cristo en el último día con todos los que en Cristo han muerto.
Te damos gracias, Señor, por el regalo de su persona, por el tiempo durante el cual nos lo regalaste, y por todo el bien que nuestro papá difunto hizo, el que conocimos y el que nosotros no conocimos y Tú si conoces.
Escucha nuestras oraciones, Dios de misericordia, para que se abran a nuestro papá difunto las puertas del paraíso y nosotros, los que aún permanecemos en este mundo, nos consolemos mutuamente con palabras de fe hasta que salgamos todos al encuentro de Cristo y así, con nuestro padre difunto cantemos eternamente tus alabanzas.
Por nuestro padre difunto: Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Si algún papá y su hijo tienen conflicto y están bravos mutuamente, hoy es el día de encontrarse, pedirse perdón y reconciliarse.
(Canción)
Si alguien quiere que la Iglesia felicite a su papá o a varios papás llame al teléfono 78624000 y diga sus nombres.
dios padre habla a sus hijos
Hijo mío, que estás en la tierra haz que tu vida sea
el mejor reflejo de mi nombre.
Adéntrate en mi Reino en cada paso que des,
en cada decisión que tomes, en cada caricia y cada gesto.
Construye mi Reino de amor conmigo.
Esa es mi voluntad en la tierra como en el cielo.
Toma el pan de cada día consciente de que es un privilegio y un milagro.
Perdono tus errores, tus caídas, tus abandonos,
pero haz tú lo mismo con la fragilidad de tus hermanos.
Lucha por seguir el camino correcto en la vida
que yo estaré a tu lado,
y no tengas miedo que el mal no ha de tener en tu vida la última palabra.
Amén.
Nos unimos a Jesucristo, hijo de Dios Padre, nosotros que también somos hijos, cantando la comunión espiritual:
Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos. Amén.
Padres e hijos cogidos de la mano rezamos:
Padre Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea Tu Nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Y la bendición de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre padres e hijos, sobre todas las familias y permanezca para siempre. Amén.
(Canción)