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Alocución domingo 1 de agosto

Damos gracias a todos los que hacen posible esta emisión radial, hoy domingo 1 de agosto, décimo octavo domingo del tiempo ordinario litúrgico. Hoy escuchamos en todas las iglesias el evangelio de Juan, capítulo 6, versículos 24 al 35.

(Evangelio)

Rezamos todos los días la oración del Padre Nuestro que Jesucristo mismo nos enseñó. En esta oración decimos: Danos hoy nuestro pan de cada día. Sí, el alimento que necesitamos para vivir con salud y fortaleza para los trabajos de la vida de cada día, tanto las obligaciones con la sociedad como en nuestra casa. Ya hemos experimentado lo agradable que es comer juntos. De la comida necesaria surge un amor familiar y con aquellos que invitamos. Alimentamos nuestro cuerpo y el amor del compartir juntos baña nuestra persona, nuestra familia y a nuestros amigos invitados. Del pan material compartido de cada día va surgiendo el amor.

El Señor nos invita a conseguir no sólo la comida para nuestros cuerpos, sino también a trabajar por el alimento que dura para la vida eterna, el pan del cielo.

¿Cuál es el pan del cielo y de la vida eterna? El mismo Señor Jesús que nos dice: Yo soy el pan de vida, El que viene a mí no tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed.

El Señor Jesús nos muestra este pan en su Palabra, en la Sagrada Escritura, la Biblia.

Este Pan de la Palabra de Dios que es para conocer y gustar el amor, al escuchar este pan de la Palabra vamos conociéndolo, sabemos de su vida de fidelidad a Dios Padre: Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Aceptamos lo que Dios quiere para nosotros que será siempre una voluntad de hacernos felices aquí y ahora y después en la vida eterna.

Al disfrutar el Pan de la Palabra vamos conociendo el reino de los cielos, reino de paz, de concordia, unión, reconciliación, perdón y nos enteramos que en ese reina son una sola persona y un solo corazón el esposo y la esposa, los padres y los hijos, los abuelos y los nietos, las nueras y los suegras, los yernos y las suegros, los ofensores y los ofendidos.

Este pan de la Palabra nos enseña el camino de Cristo, camino que Él recorrió primero y que hay que andar en el amor.

¿Cómo caminaremos por ese camino tan hermoso y tan difícil, tan extraordinario y tan imposible?

Con nuestras propias fuerzas no, pero con el pan de vida, que es el Cuerpo y la Sangre de Cristo sí, cuando recibimos a Cristo en el pan y el vino consagrados en la comunión, podemos decir como San Pablo: Vivo yo, pero no yo, es Cristo quien vive en mí. Y si Cristo vive en mí, nunca nos cansaremos de hacer el bien, amar, servir, soportar en paz el sufrimiento, perdonar, ayudar a quienes no tienen el cariño y la fuerza para seguir hacia adelante.

Con el pan de la vida viviremos la condición de hijos de Dios, hermanos de todos, y enseñaremos que Cristo es quien da sentido a la vida con sus maravillas y sus dificultades. Si no tienes el nuevo testamento, pídelo al Arzobispado, teléfono 78624000. Si no has hecho la primera comunión acércate al sacerdote de tu parroquia y pídele este deseo tuyo.

Señor, danos siempre de tu pan.

(Canción)

-Señor Jesucristo, tú que te anunciaste en el maná del desierto, alimenta y fortaleza para el camino de los israelitas, aliméntanos a nosotros con el pan del cielo.

Señor, danos siempre de tu pan.

-Tú, Jesucristo, que eres el Pan vivo bajado del cielo.

Señor, danos siempre de tu pan.

-Tú, Jesucristo, pan de los ángeles hecho pan para los hombres.

Señor, danos siempre de tu pan.

– Tú, Jesucristo, que te has hecho pan de vida eterna.

Señor, danos siempre de tu pan.

– Tú, Jesucristo, pan que encierras todos los sabores del amor.

Señor, danos siempre de tu pan.

– Tú, Jesucristo, que nos alimentas en el camino hacia el cielo.

Señor, danos siempre de tu pan.

– Tú, Jesucristo, pan que nos das la vida eterna al comer tu cuerpo.

Señor, danos siempre de tu pan.

– Tú, Jesucristo, que en forma de pan estás siempre en el sagrario.

Señor, danos siempre de tu pan.

– Tú, Jesucristo, que nos unes en una sola familia al alimentarnos de tu pan.

Señor, danos siempre de tu pan.

– Tú, Jesucristo, que con tu pan nos conviertes en servidores de alimentos materiales y espirituales.

Señor, danos siempre de tu pan.

– Tú, Jesucristo, que eres pan seguro de vida eterna.

Señor, danos siempre de tu pan.

(Canción)

El próximo miércoles, 4 de agosto, celebramos el día del Párroco, sacerdote que sirve en nuestras comunidades, en la fiesta de San Juan María Vianney, sacerdote, patrono de los párrocos y sacerdotes.

San Juan María Vianney nació cerca de Lyon, Francia, en el año 1786. Tuvo que superar muchas dificultades para llegar por fin a ordenarse sacerdote. Se le confió la parroquia de Ars, en la diócesis de Belley, y el santo, con una activa predicación, con el sacrificio, la oración y la caridad, la gobernó y promovió de un modo admirable su adelanto espiritual. Estaba dotado de unas cualidades extraordinarias como confesor, lo cual hacía que los fieles acudiesen a él de todas partes, para escuchar sus santos consejos. Murió el año 1859 y desde el cielo nos acompaña. Leemos una de sus catequesis:

Considérenlo, hijos míos, el tesoro del hombre cristiano no está en la tierra, sino en el cielo, por esto nuestro pensamiento debe estar siempre orientado hacia allí donde está nuestro tesoro. El hombre tiene un hermoso deber y obligación: orar y amar. Si oran y aman habrán hallado la felicidad en este mundo.

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