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Alocución, 22 de agosto, XXI domingo del tiempo ordinario

Gracias a todos los que hacen posible esta emisión radial, hoy, 22 de agosto, XXI domingo del tiempo ordinario litúrgico. Hoy se lee en todas las iglesias católicas del mundo el Evangelio según San Juan, capítulo 6, versículos del 55 al 69.

(EVANGELIO)

En nuestras vidas se presentan dos caminos, el del bien y el del mal; el de la generosidad y el del egoísmo; el del amor fiel y el del amor infiel; el del perdón y la venganza; el de Cristo y el del diablo. Abel ofreció como ofrenda al Señor Dios, las primicias y lo mejor de su rebaño. Caín presentó al Señor los frutos del suelo y en vez de conservar la fraternidad de Abel, lo mató.

Los hermanos de José, hijo de la vejez y de su padre Israel, sintieron envidia de su amado hermano. Y en vez de alegrarse de las maravillas de José, quisieron matarlo y Arrojarlo a una cisterna y lo vendieron como esclavo.

Dios escogió a Moisés para salvar a su pueblo. Él no quería, pero después se decidió por lo que Dios le pedía. Josúe, sucesor de Moisés, preguntó a su pueblo: “¿A quién quien servir? ¿Al Dios que nos ama o a los dioses falsos? Josúe dijo, “en cuanto a mí me toca, mi familia y yo serviremos al Señor”. El pueblo respondió: “Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses, porque el Señor es nuestro Dios. Él fue el que nos sacó de la esclavitud de Egipto, el que hizo ante nosotros grandes prodigios. Nos protegió por todo el camino que recorrimos. Nosotros también serviremos al Señor”.

Ante la duda de muchos de que se pudiera comer el cuerpo de Jesús y beber su sangre, y ante otros que dejaron a Jesús, él mismo pregunto a los doce apóstoles: “¿También ustedes quieren abandonarme? Pedro le respondió: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes Palabra de vida eterna”.

Hoy el Señor nos pregunta: ¿Ustedes quieren dejarme? ¿Ustedes prefieren el camino del mal, del odio, de los vicios, de la destrucción familiar, del abandono de los ancianos, la esposa, los hijos… y el camino de la negación de Dios? También hoy nosotros respondemos: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes Palabra de vida eterna. Tú tienes palabras de amor, paz, concordia, servicialidad, entrega sacrificada por el prójimo, y el vivir estas palabras nos ha hecho muy felices. Queremos tus caminos de felicidad, ya sabemos que otros caminos no nos conducen a la verdadera felicidad. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el santo de Dios. Mi familia y yo te serviremos, Dios nuestro; y caminaremos y viviremos contigo ahora, diciendo sí a tolo bueno, y diciendo no a todo lo malo. Tu palabra nos indica el camino y tu cuerpo y sangre, presente en la Eucaristía, en la Comunión, nos fortalecen para ser felices en la misión de amor que nos pides.

(CANTO)

El Catecismo de la Iglesia Católica nos sigue enseñando lo que es la Eucaristía.

“¿Quién es el Ministro de la celebración de la Eucaristía? El Ministro de la celebración de la Eucaristía es el sacerdote, el obispo o presbítero, válidamente ordenado que actúa en la persona de Cristo cabeza y en nombre de la Iglesia. ¿Cuáles son los elementos esenciales y necesarios para celebrar la Eucaristía? Los elementos esenciales y necesarios son el Pan de trigo y el vino de vid. ¿En qué sentido la Eucaristía es memorial del sacrificio de Cristo? En el sentido de que se hace presente y actual el sacrificio que Cristo ha ofrecido al Padre una vez por todas en la Cruz sobre toda la humanidad. El carácter sacrificial de la Eucaristía se manifiesta en las mismas palabras de la institución: Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Y este cáliz es la nueva alianza de mi sangre que se derrama por ustedes. El sacrificio de la cruz y el sacrificio de la Eucaristía son un único sacrificio. Son idénticos la víctima y el oferente. Y solo es distinto el modo de ofrecerse de manera cruenta en la cruz e incruenta en la Eucaristía. ¿De qué modo la Iglesia participa del sacrificio eucarístico? En la Eucaristía, el sacrificio de Cristo se hace también sacrificio de los miembros de su cuerpo. La vida de los fieles, su alabanza, su sufrimiento, su oración y su trabajo, se unen a los de Cristo. En cuanto sacrificio, la Eucaristía se ofrece también por todos los fieles vivos y difuntos, en reparación de los pecados de todos los hombres y para obtener de Dios beneficios espirituales y temporales. También la Iglesia del cielo está unida a la ofrenda de Cristo.

”¿Cómo está Jesucristo presente en la Eucaristía? Él está presente en la Eucaristía de modo único e incomparable. Está presente, en efecto, de modo verdadero, real y sustancial: con su cuerpo y con su sangre, con su alma y su divinidad. Cristo, todo entero, Dios y hombre, está presente en ella de manera sacramental. Es decir, bajo las especies eucarísticas del pan y el vino. ¿Qué significa transubstanciación? Significa la conversión de toda la sustancia del pan en la sustancia del cuerpo de Cristo, y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su sangre. Esta conversión se opera en la plegaria eucarística, con la consagración, mediante la eficacia de la Palabra de Cristo y de la acción del Espíritu Santo. Sin embargo, permanecen inalteradas las características sensibles del pan y el vino. Esto es las especies eucarísticas.

(CANTO)

Señor Jesucristo, presente en el pan y en el vino consagrado…

Señor Jesucristo. que estás al lado de nuestras penas y sufrimientos…

Señor Jesucristo, Palabra de vida eterna…

Señor Jesucristo, pastor que nos conduces hacia la verdadera felicidad…

Señor Jesucristo, pan de vida y de vida de salvación…

Señor Jesucristo, vid de la que no queremos separarnos, nosotros, los sarmientos…

(CANTO)

Señor Jesucristo, rey del Amor, en cuyo reino queremos vivir para siempre…

Señor Jesucristo que tienes el corazón abierto para que todo, sin excepción, entremos en él…

Señor Jesucristo, camino por el cual nunca nadie se ha perdido…

Señor Jesucristo, plena verdad de nuestras vidas…

Señor Jesucristo, a quien iremos, solo tú tienes palabras de vida de eterna…

(CANTO)

Rezamos con san Juan Crisóstomo:

“Señor Jesucristo, tú eres el pan que vivifica; tú eres el pan que nos hace hermanos; tú eres el pan que el Padre nos otorga. Tú eres el camino que hemos escogido; tú eres el camino que conduce a través del sufrimiento; tú eres el camino que conduce a la alegría. Es digno cantar para ti, bendecirte, alabarte, darte gracias y adorarte e cada lugar de tu reino… Amén”.

El próximo lunes 30 de agosto, comienza la novena a la Virgen de la Caridad. El Papa Francisco, el pasado domingo 15 de agosto, nos ha hablado de la humildad de la Virgen.

VOZ: “La humildad es el secreto de María. Es la humildad la que atrajo la mirada de Dios hacia ella. El ojo humano busca siempre la grandeza y se deslumbra por lo que ostentoso. Dios, en cambio, no mira las apariencias. Dios mira el corazón y le encanta la humildad. La humildad de los corazones le encanta a Dios. Hoy, Mirando a María Asunta, podemos decir que la humildad es el camino que conduce al cielo. La palabra humildad, como sabemos, viene del latín humus, que significa tierra. Es paradójico: para llegar a lo alto, al cielo, es necesario permanecer bajos, como la tierra. Jesús enseña: el que se humilla será exaltado. Dios no nos exalta por nuestros dones, riquezas o por las habilidades, sino por la humildad. Dios está enamorado de la humildad. Dios levanta a quien se abaja, levanta a quien sirve. En efecto, María no se atribuye más que el título de sierva, servir es la esclava del Señor. No dice nada más de sí misma, no busca nada más para sí misma, solamente ser la sierva del Señor.

”Entonces, hoy podemos preguntarnos, cada uno de nosotros en nuestro corazón: ¿cómo está mi humildad? ¿Busco ser reconocido por los demás, reafirmarme y ser alabado o más bien pienso en servir?  ¿Sé escuchar como María o solo quiero hablar y recibir atención? ¿Sé guardar silencio como María o siempre estoy parloteando? ¿Sé cómo dar un paso atrás, apaciguar las peleas y las discusiones o solo trato de sobresalir? Pensemos en estas preguntas cada uno de nosotros… ¿Cómo está mi humildad?

(CANTO)

Oremos, amados hermanos, a Dios Todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo por nuestros hermanos enfermos y sus familias…

Virgen de la Caridad, ruega por nosotros…

Oremos por la santa Iglesia de Dios para que, iluminada por la fe, consuele a los enfermos con la Palabra de Dios. Roguemos al Señor…

Virgen de la Caridad, ruega por nosotros…

Oremos por los que consagran sus vidas al servicio de demás y por todos los que cuidan de los ancianos y de los enfermos. Roguemos al Señor…

Virgen de la Caridad, ruega por nosotros…

Oremos por todos los médicos, enfermeros y personal sanitario que entregan sus vidas por la salud de los enfermos, para que la satisfacción de su trabajo heroico los llene de paz. Y al regresar a sus hogares, se encuentren un amor familiar creciente. Roguemos al Señor…

Virgen de la Caridad, ruega por nosotros…

Oremos por todos los enfermos de nuestro pueblo de todo el mundo, para que el Señor les devuelva la salud y la alegría. Roguemos al Señor…

Virgen de la Caridad, ruega por nosotros…

Roguemos por nuestros hermanos enfermos, para que el Señor los visite con su misericordia y les de la salud deseada. Roguemos al Señor…

Virgen de la Caridad, ruega por nosotros…

Dios te salve María. Llena eres de Gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y vendido es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, y por nuestros enfermos, ahora y en a hora de nuestra muerte. Amén.

Recibimos la bendición del Señor:

Inclinamos la cabeza para recibir la bendición. Al final de cada invocación rezamos Amén.

El Señor los bendiga y los proteja… Amén.

Haga brillar su rostro sobre ustedes y les conceda su favor… Amén.

Vuelva su mirada a ustedes y les conceda la paz… Amén

Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes, y sobre sus familias, y sobre todo nuestro pueblo… Amén.

(CANTO)

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