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Alocución 5to Domingo de Pascua, Día de las Madres

Gracias a todos los que hacen posible esta emisión radial, en la que felicitamos y rezamos por nuestras madres vivas, enfermas, difuntas y las encomendamos a la Virgen María de la Caridad que también es nuestra Madre.

La Biblia, en el evangelio de San Juan, capítulo 19, versículos 25 al 27, nos narra cómo Cristo nos entregó a la Virgen María como madre nuestra.

(Narración).

(Canción)

En el amigo de Jesús, presente en la crucifixión, estábamos representados todos nosotros, madres e hijos. Cuando Jesús dijo a la Virgen: Madre, he ahí a tu hijo, no solo se refería al discípulo y amigo, sino también a todos nosotros.

¿Quién es la Madre del Cielo que Jesús nos regaló?

Una muchacha israelita, extraordinariamente religiosa, pura y cumplidora de sus deberes.

Recibió un aviso de parte de Dios:

“No temas, María, porque has hallado gracia delante de tu Dios y concebirás y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.”

Este Jesús es el Mesías Salvador esperado por el pueblo de Dios durante siglos. Este Jesús ES EL HIJO DE DIOS HECHO HOMBRE.

Enterada de que su prima Isabel, ya mayor, estaba encinta del que iba a ser Juan Bautista, parte apresuradamente de Nazaret a Ain Karim (140 kilómetros) para ayudar a su prima.

Isabel la recibió así:

“Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. Dichosa tú que has creído que se cumplirá lo que se te ha dicho de parte del Señor.”

Y María alabó y dio gracias a Dios con un cántico que llamamos “El Magnificat”, porque comienza así en el idioma latino.

María vio nacer a su Hijo de una manera muy pobre: en una cueva.

Lo llevó al Templo para presentarlo al Señor Dios. Allí un anciano dijo:

“Ahora, Señor, puedes dejar ir a tu siervo en paz, según tu palabra, porque han visto mis ojos la salvación, la que has preparado ante todos los pueblos. Luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel.”

Con el dolor y el gozo de toda madre, pero aceptando con alegría la voluntad de Dios, lo vio partir un día de su lado. Fue a cumplir la misión de anunciar el Reino de Dios.

Refiriéndose a ella, Cristo dijo:

“Mi madre y mis hermanos son los que oyen la Palabra de Dios y la cumplen.”

La Virgen María vio morir a su Hijo en la cruz. Cristo le dijo a ella, que estaba junto a la cruz:

“Mujer, he ahí a tu Hijo.”

Luego, dijo al discípulo que estaba al lado de la Virgen:

“He ahí a tu madre.”

En ese discípulo de Cristo, estábamos representados todos los hombres de la humanidad. Desde aquel momento, la Virgen es nuestra Madre.

“Ella conoció la maravillosa noticia de que Cristo había resucitado, había vuelto a vivir para siempre para llevarnos a Dios Padre.”

Ella estaba en oración con los apóstoles pidiendo la fuerza del Espíritu Santo para la Iglesia naciente, encargada de comunicar la Buena Noticia de Cristo muerto y resucitado, Salvador de todos los hombres.

Ella se encuentra junto a Dios Padre, junto con su Hijo Jesucristo, y desde allí intercede por nosotros para que sigamos a Cristo en esta vida y después, al final de los tiempos, podamos reunirnos con ella y todos los santos para cantar las eternas alabanzas de Dios.

Ella sigue realizando su papel de Mamá haciéndose presente en muchos pueblos de una y mil formas. En Cuba la veneramos bajo el título de Virgen de la Caridad.

También recibe otros títulos, como, por ejemplo: Virgen del Carmen, Virgen de Loreto, Virgen de Regla, Virgen de Guadalupe. Es la misma Virgen María bajo diferentes títulos.

(Canción)

 

Queremos felicitar hoy a todas las señoras embarazadas que llevan dentro de sí un fruto bendito. Gracias al ultrasonido pueden ver moviéndose, chupándose los dedos a sus hijos, y también sentir los latidos de sus corazones.

Si alguna madre conserva la foto del ultrasonido, muéstrela a sus hijos y cuente lo que sintió cuando se dio cuenta de que era mamá.

Estimada embarazada y esposo, lo mejor que les ha ocurrido es que de su mutuo amor haya venido a la vida un fruto bendito que está en el seno materno. Esta primera alegría de saber que son papá y mamá se irá multiplicando semana tras semana al notar el crecimiento del fruto bendito y llegará a su culmen cuando nazca el fruto vendido del amor y comenzarán nuevas etapas de alegría, sacrificio y entrega en la medida en que vaya creciendo la nueva criatura en estatura, sabiduría y bondad. Por la maravilla de este fruto bendito todos damos gracias a Dios, creador de amor, de la vida y del matrimonio natural, fiel y fecundo.

Ponemos en las manos de la Virgen María de la Caridad, este regalo de Dios, para que ella lo cuide y le indique el camino, la verdad y la vida que es Jesucristo y así sea feliz en medio de una familia unida para siempre.

La bendición de Dios Padre que los hizo mamá y papá,

La bendición de Jesucristo, nuestra mayor felicidad en esta vida y la eterna.

La bendición del Espíritu Santo, que puede lograr un parto feliz y una bella educación, descienda sobre el fruto bendito, sobre papá y mamá, sobre toda la familia y permanezca para siempre. Amén.

(Canción)

Gracias mamá por llevarme en tu vientre materno, ser feliz por ser yo tu fruto bendito y defenderme de quienes querían quitarme la vida mediante el aborto. Qué felicidad la tuya, la mía, la de papi ahora.

Gracias mamá por tu alegría al escuchar mi llanto naciente, por tantos pañales lavados, por tantas horas al lado de mi enfermedad, por tanta ropa lavada y remendada, por tanto, tiempo perdido en las colas por beneficio mío.

Gracias mamá por tantas enseñanzas de palabras suaves, exigentes, correctivas, educadoras, perseverantes. Gracias mamá por amar a mi papá y mantenerme cerca de él y realizar la misión de papá en muchas ocasiones.

Gracias mamá por mostrarme a Papá Dios, a la Virgen de la Caridad, al Ángel de la Guarda; por bautizarme, por encaminarme a la primera comunión, por vivir la Fe, la Esperanza y la Caridad, más que con palabras, con tu vida.

Gracias mamá por esperarme sentada en un sillón durante horas de la noche con tus ojos llorosos imaginando que algo malo pasaría en mi cuerpo y en mi alma.

Gracias mamá por estar a mi lado, apoyarme, animarme, alimentarme en mis largas horas de estudio y no permitir que claudicara, sino que continuara.

Gracias mamá por ser puente de unión entre mis hermanos y hermanas y familiares en conflicto conmigo; por ser imparcial y de mil maneras creativas buscar que nos encontráramos y así nos saludamos, hablamos y arreglamos muchos asuntos.

Gracias mamá por iluminar y ayudar para constituir una bella familia y por hacer todo lo posible e imposible para que nueras y yernos fueran verdaderos hijos tuyos, así nunca me pusiste en contra tuya o de una de las personas que más amo.

Gracias mamá por tener siempre abierta la puerta de tu casa y de tu corazón, y saber que puedo ir a cualquier hora y ser recibido por una madre cuyo amor crece cada día más a pesar de lo mucho que te he hecho sufrir y no hacerte caso ni manifestar mi gratitud.

Gracias mamá, tu vida está presente en mi memoria agradecida, en mi corazón hecho grande por ti, en mis acciones inspiradas por ti.

Te bendiga Dios Padre que te creó, el Hijo que es el amor del cual participas, el Espíritu Santo que puede lograr sueños mayores de los que tienes. Amén…

Dios mío, te pedimos perdón:

  • Por los dolores de cabeza que hemos ocasionado a nuestras madres.
  • Por la ingratitud de los hijos hacia ellas.
  • Por no escuchar los consejos maternos y hacernos los sordos ante sus palabras.
  • Por decidir cuestiones importantes sin consultar con ellas.
  • Por no amarlas como ellas nos aman.
  • Por no visitarlas con más frecuencia.
  • Por las veces que hemos defraudado a nuestras madres y no hemos realizado sus bonitas ilusiones.

Seguros de que Dios nos perdona, la Virgen nos perdona, nuestras madres nos perdonan, madres e hijos rezamos:

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

(Canción)

Un gran dolor en la vida de una mamá es la muerte de un hijo.

Querida mamá: Rezamos contigo y te acompañamos en el dolor de la muerte de tus hijos, en la oración.

Santa María de la Caridad, que estuviste al pie de la cruz donde moría tu hijo, tú conoces bien el dolor de las madres que lloran la muerte de sus hijos, acompáñalas, consuélalas y diles que has presentado las buenas obras de los hijos para que Dios los premie. Diles que has rogado para que Dios perdone los pecados cometidos por causa de la fragilidad humana.

Santa María, ruega por estas madres para que, en medio del dolor, puedan realizar la misión de fe y amor que Dios les ha encomendado en medio de su familia, iglesia y pueblo hasta que madres e hijos estén nuevamente juntos en la casa de Dios Padre. Amén.

(Canción)

Rezamos por nuestras madres difuntas:

Dios Padre bueno, Tú eres el único que conoces todo el bien que hizo mi madre difunta en favor mío y de la familia. Yo no conozco todo ese bien materno.

Prémiala como Tú sólo puedes hacerlo: con la vida eterna.

Perdona los pecados que pudo haber cometido deseando lo mejor para todos.

Enséñame a mantener viva la herencia de concordia y unión familiar que nos legó a todos los hijos y esta herencia crezca y pase de generación en generación.

Santa María de la Caridad, tú que eres nuestra madre, acompáñanos, ahora que nos falta la madre que nos dio a luz y lo que ella hacía con nosotros, hazlo tú ahora en nuestra vida y espéranos junto con nuestra madre en la casa del cielo.

Oh piadosa, oh clementísima, oh Dulce Virgen María.

Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien, líbranos de todo peligro,
¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita. Amén.

 

Ahora nos dirigimos espiritualmente a Jesucristo, a la Virgen y a todos aquellos que están en el cielo.

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos. Amén.

Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos. Amén.

El 14 de mayo la Iglesia nos invita a todos a rezar por la terminación de esta pandemia, por los enfermos, por los difuntos, por los doctores y por los agentes sanitarios.

En nuestra casa, delante de la imagen del Sagrado Corazón o de la Virgen de la Caridad, recemos un Padre Nuestro y tres Ave María, unida toda la Iglesia en oración, algo hermoso sucederá.

Damos gracias a Dios por todas las madres, las abuelas, madres dos veces, tantas mujeres que de una u otra manera nos han querido y tratado como verdaderos hijos.

Para todas ellas y sus hijos la bendición:

La bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre madres e hijos y permanezca para siempre. Amén.

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