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Alocución de S.E.R. cardenal Juan de la Caridad García

Escuchamos el texto del evangelio según San Mateo, capítulo 14, versículos 22 al 33 que se lee hoy domingo 9 de agosto en todas las iglesias católicas del mundo.

Para los israelitas las aguas embravecidas simbolizaban con frecuencia el poder del mal y la muerte.

La barca simboliza la iglesia navegando con viento contrario.

La Iglesia enseña el amor, el viento contrario el egoísmo.

La Iglesia enseña el perdón, el viento contrario la venganza.

La Iglesia enseña el matrimonio natural, fiel y fecundo, el viento contrario la infidelidad, el divorcio, la práctica homosexual.

Desde el inicio del cristianismo, la Iglesia navega con viento contrario pero sigue navegando, la sacudida por el ensañamiento del mal, pero sigue navegando. El Señor Jesús camina sobre el agua al lado de la barca de la Iglesia. La Iglesia, en ocasiones, ve más las olas y siente más el viento contrario, pero cuando ve al Señor en medio de la tempestad, sigue navegando en paz y tranquilidad. El que Jesús camine sobre las aguas quiere decir que vence el mal y es una manifestación de que con Él el bien vence al mal, el perdón a la venganza, la generosidad al egoísmo, la verdad a la mentira. Por eso Jesús acepta la petición de Pedro de caminar sobre el agua. Pedro, la Iglesia, nosotros, podemos vencer el mal con la fe plena en el Señor; vencedor del pecado y de la muerte.

(Canción)

Un sacerdote que antes estuvo graduado de medicina, fue enviado como misionero a un pueblo de África. Sucedió que celebraba la Santa Misa con la pausa debida.

Sin embargo, a algunos de los médicos católicos del hospital les parecía que el padre celebraba la misa muy despacio y se le acercaron para decirle: “Pero, Padre, ¿es que no puede ir más rápido?”

Al joven sacerdote le sorprendió que tuvieran tanta prisa para la Misa. Un día decidió darles una lección. Y se presentó en la enfermería cuando estaban esos médicos operando pacientemente a un enfermo. Les dijo con seriedad: “Perdonen, pero creo que van con cierta lentitud… ¿No podrían acortar esta operación? Los médicos se sorprendieron: “¿Acortarla? ¿Cómo nos pide usted eso?” El sacerdote les insistió: “Sí, háganla más breve y terminarán antes”…

Los médicos católicos se molestaron y le respondieron: “Pero, Padre, ¡nuestro deber es dedicarle a esto todo el tiempo que sea preciso!” El joven sacerdote concluyó: “Ya comprendo… ¡Y ustedes quieren que yo, que tengo el gusto de celebrar bien la Santa Misa, no cumpla con mi deber y la celebre apurado!”

Sucede como aquel de quien nos proviene San Josemaría: “La Misa es larga, dices. Y añado yo: porque tu amor es corto”.

En efecto, la celebración de la Santa Misa es tan importante que nos debería parecer poco el tiempo que le dedicamos.

Llenos de la Misa, llenos de la Palabra de Dios y de la Eucaristía, caminamos sobre el agua y vencemos todos los males.

(Canción)

La barca de nuestra familia navega, sacudida por las olas contra familiares y con viento contrario al amor.

Para quienes aman, la suegra es madre, para quienes no aman, es vieja de basura.

Para quienes aman, la nuera es hija, para quienes aman el mal, es piojo pegado.

Para quienes aman, no hay oído para los chismes.

Para quienes aman, la mentira, la lengua multiplica los chismes.

Para quienes aman, el sacrificio es una fiesta.

Para quienes aman la comodidad, que se sacrifiquen los bobos.

Señor Jesucristo, sigue caminando al lado de los esposos: Nada ni nadie los

separará.

Señor Jesucristo, camina al lado de los hijos. El alcohol, la droga, el sida no los

dañará.

Señor Jesucristo, camina al lado de los viejos. Será una fiesta estar con ellos.

(Canción)

En un día caluroso de agosto, en la ciénaga de Zapata, un niño decidió ir a nadar en la laguna que hay detrás de su casa. Salió corriendo por la puerta trasera, se tiró en el agua y nadaba feliz.

Su mamá desde la casa lo miraba por la ventana, y vio con horror lo que sucedía. Un caimán venía hacia él a toda velocidad. La madre enseguida corrió hacia su hijo gritando lo más fuerte que podía.

Oyéndola, el niño se alarmó y empezó a nadar hacia su mamá. Pero fue demasiado tarde. Desde la orilla la mamá agarró al niño por sus brazos y rodeó con los suyos la espalda en el momento mismo que el caimán agarraba las piernitas del niño. La madre halaba con determinación, con toda la fuerza de su corazón. El caimán era más fuerte, pero la mamá era mucho más apasionada y su amor no la abandonaba.

Un vecino que escuchó los gritos se apresuró hacia el lugar y con una rama de árbol abrió la boca del caimán y logró que el niño escapara de la boca de dicho caimán. El niño sobrevivió y, aunque sus piernas sufrieron bastante, podía caminar.

Cuando el niño salió del hospital, unos curiosos le preguntaron al niño si les quería enseñar las cicatrices de sus piernas. El niño se levantó el pullover y enseñó unas cicatrices y dijo: “Las cicatrices que ustedes deben ver son éstas”. Son las marcas de las uñas de mi mamá que me presionado con tanta fuerza que dejaron una marca indeleble para siempre en mi espalda. “Las tengo porque mamá no me soltó y me salvó la vida”.

El amor de una madre es más fuerte que un caimán, más fuerte que el mal, más fuerte que la enfermedad, más fuerte que todo lo que pueda dañar a su hijo. Mamá sigue caminando sobre el agua y venciendo el mal.

(Canción)

En las manos de la Virgen María ponemos a todos los miembros de la familia que tienen dificultades, para que la Virgen los cargue, los presente a Dios para su paz, su sanación, su tranquilidad y ellos y nosotros y podamos vencer las dificultades juntos.

Dios te salve, María…

En un momento de esta semana, en el almuerzo del domingo, o después de ver el noticiero o la novela, en familia conversamos sobre las dificultades que hemos vencido unidos sobre el gozo que hemos tenido al vencer muchas dificultades.

Hablamos de que esas dificultades nos hicieron crecer en el amor y juntos con los apóstoles de la barca decimos: “Señor Jesucristo, verdaderamente tú eres el hijo de Dios, ¿por qué dudamos?

Y la bendición de Dios Padre Todopoderoso que nos constituyó para ser una verdadera familia, la bendición de Jesucristo que nos ha llamado a formar parte de la Iglesia, la bendición del Espíritu Santo que puede lograr lo insospechado en nuestras vidas, descienda sobre cada uno de ustedes y permanezca para siempre. Amén.

(Canción)

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