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Alocución, 6 de marzo, I Domingo de Cuaresma

Hoy, 6 de marzo, I Domingo de Cuaresma, escuchamos en todas las iglesias católicas del mundo el Evangelio según San Lucas capítulo 4 versículos 1 al 13.
(EVANGELIO)
La Cuaresma es camino. El pueblo de Dios era y es un pueblo peregrino. Caminó por el desierto cuatrocientos años para alcanzar la tierra prometida por Dios. Moisés, para encontrarse con Dios, hubo de subir al monte Sinaí donde permaneció cuarenta días; Elías tuvo también su cita con Dios en el monte Horeb, al que llegó después de cuarenta días de peregrinación, un camino largo y costoso por que se encontraba desarmado y despojado de todo y, además, perseguido. Jesucristo estuvo cuarenta días en el desierto y con ayuno y oración venció al diablo.

“La Cuaresma es el tiempo privilegiado de la peregrinación interior hacia aquel que es la fuente de la misericordia”, ha escrito el Papa emérito Benedicto XVI. Cada uno de nosotros ha comenzado la Cuaresma, cuarenta días hacia la Semana Santa, la cual queremos celebrar como santos, vencedores del diablo, limpios de pecados por la confesión, fortalecidos por la lectura diaria de la Palabra de Dios hecha oración, desprendidos de todo aquello que obstaculiza ser lo que somos: hijos de Dios, hermanos de todos.

Pero el diablo está muy interesado en destruir nuestra felicidad. “El diablo me dice: ‘no conseguirás resolver tus problemas’; Cristo me dice: ‘Dios allanará tus senderos’ (Proverbios 3, 5-6)”. “El diablo me dice: ‘es imposible hacer el bien, es imposible perdonar’; Cristo me dice: ‘lo que es imposible para los hombres es posible para Dios’ (Lucas 18, 27)”. “El diablo me dice: ‘te sientes solo, no entiendes nada ni nadie te entiende’; Cristo me dice: ‘no te dejaré, no te abandonaré’ (Deuteronomio 31, 6)”. “El diablo me dice: ‘no podrás hacer lo que Dios te pide, es inhumano’; Cristo me dice: ‘te cubriré con mis plumas bajo mis alas encontrarás refugio’ (Salmo 90)”. “El diablo me dice: ‘has pecado mucho, no tienes perdón de Dios’; Cristo me dice: ‘Dios que es fiel te perdonará’ (1 Juan 1, 9)”. “El diablo me dice: ‘no sabes cómo seguir adelante’; Cristo me dice: ‘yo te indicaré el camino’ (Salmo 32, 8)”. “El diablo me dice: ‘tienes miedo, no puedes’; Cristo me dice: ‘no temas, yo estoy contigo’ (Isaías 43, 4)”. “El diablo me dice: ‘eres inútil, nadie valora lo que haces’, Cristo me dice: ‘eres precioso a mis ojos’ (Isaías 43, 4)”. “El diablo me dice: ‘nadie te quiere, nadie te tiene en cuenta’; Cristo me dice: ‘te tengo tatuado en la palma de mis manos’ (Isaías 49, 16)”. “El diablo me dice: ‘el camino de tu Dios es muy raro e incomprensible’, Cristo me dice: ‘yo soy el camino, la verdad y la vida’ (Juan 14, 16)”.

(CANTO)

Parábola budista:
Un menesteroso que pasa penalidades viviendo de limosnas y pequeños trabajos eventuales, ha llevado consigo durante años una perla preciosa cosida en el dobladillo de su capa. Portador de un tesoro incalculable, jamás se percató de ello. Todo había comenzado el día que visitó a un amigo con el que disfrutó una buena cena. Prolongada la sobremesa, copa tras copa, el visitante se dio a la somnolencia. Su amigo, a punto de partir de viaje, prefirió no despertarle; como regalo de despedida le dejó una perla preciosa y para evitar su pérdida la prendió hábilmente en el dobladillo de la capa del visitante, zurciendo a su alrededor. Le dejó unas líneas de despedida, pero no mencionó la perla para que fuera una sorpresa. Despierta a la mañana siguiente el enriquecido sin saberlo, pero no se percata del tesoro con que ha sido agraciado. Pasan los años y peripecias de viaje por otro país, trabaja duramente y ha de contentarse viviendo con la mayor frugalidad. Un día, inesperadamente, coincide a la mitad de camino con su viejo amigo. Extrañado este al ver su aspecto miserable, le reprocha el desperdicio del regalo, pero el amigo no sabe a qué se refiere. “Pues la perla que te regalé, abre el dobladillo de tu capa”. Efectivamente, allí se hallaba intacta la gema valiosa. “Por no darte cuenta del tesoro que abrigabas has vivido miserablemente, no lo desperdicies más adelante, ve pronto a cambiarla, para satisfacer tu necesidad”. Cada uno de nosotros tiene una perla, en estos cuarenta días de la Cuaresma descubre la perla de tu vida que está dentro de ti.

(CANTO)

San Máximo, el confesor, nos das cinco razones por las que Dios permite las tentaciones:
Primera: para que ataques y contraataques nos lleven al discernimiento del bien y del mal.
Segunda: para que nuestra virtud mantenida en el esfuerzo y en la lucha se afirme.
Tercera: para que avanzando en la virtud evitemos la presunción y apreciemos la humildad.
Cuarta: para inspirarnos con la experiencia que tenemos un aborrecimiento sin reserva al mal.
Quinta: y sobre todo para que llegados a la libertad interior quedemos convencidos de nuestra debilidad y de la fuerza de aquel que nos ha socorrido.

(CANTO)

Perseverar es vencer la tentación. Thomas Edison inventó el bombillo, hizo más de 2000 experimentos antes de lograr el éxito. Un periodista le preguntó qué sentía al fracasar tantas veces. Respondió: “no fracasé ni una vez, sólo fue un proceso de 2000 pasos”. Después de perder gradualmente el oído, el compositor Ludwig Van Beethoven quedó totalmente sordo, sin embargo escribió su mejor música durante sus últimos años por su perseverancia. Un fanático de la pelota se acercó a unos muchachos que veían un juego y les preguntó: “¿cómo está el juego?”; le respondieron: “nuestro equipo está perdiendo diez por cero”. El fanático les dijo: “pero no los veo muy preocupados ni tristes”. Los muchachos dijeron: “es que no hemos bateado todavía”. Persevera en tus intentos de llegar a la santidad; anunciar el Evangelio a quienes amas; constituir una bella familia, una bella iglesia, un bello pueblo. Al final, Dios se alzará contigo y todo será mejor.

Padre Nuestro no nos dejes caer en la tentación, en el camino no nos dejes. En el momento duro de la tentación, danos la fuerza de tu espíritu que nos mantenga firme como árboles, en pie ante el huracán; no nos dejes caer en las ruinas del hombre viejo sin esperanzas; no nos dejes caer en el cansancio, en la indiferencia, en la apatía, en el desgano, en la derrota… Tú eres nuestro Dios.
Del mensaje del Papa en esta Cuaresma:
“No nos cansemos de orar. Jesús nos ha enseñado que es necesario orar siempre sin desanimarse. Necesitamos orar porque necesitamos a Dios. Pensar que nos bastamos a nosotros mismos, es una ilusión peligrosa. Con la pandemia hemos palpado nuestra fragilidad personal y social. Que la Cuaresma nos permita ahora experimentar el consuelo de la fe en Dios, sin el cual no podemos tener estabilidad. Nadie se salva solo, porque estamos todos en la misma barca en medio de las tempestades de la historia, pero, sobre todo, nadie se salva fin Dios, porque sólo el misterio pascual de Jesucristo nos concede vencer las oscuras aguas de la muerte. La fe no nos exime de las tribulaciones de la vida, pero nos permite atravesarlas unidos a Dios en Cristo, con la gran esperanza que no defrauda y cuya prenda es el amor que Dios ha derramado en nuestros corazones por medio del espíritu Santo”.

(CANTO)

“No nos cansemos de extirpar el mal de nuestra vida. Que el ayuno corporal que la Iglesia nos pide en cuaresma, fortalezca nuestro espíritu para la lucha contra el pecado. No nos cansemos de pedir perdón en el sacramento de la penitencia y la reconciliación, sabiendo que Dios nunca se cansa de perdonar. No nos cansemos de luchar contra la concupiscencia, esa fragilidad que nos impulsa hacia el egoísmo y a toda clase de mal y que a lo largo de los siglos ha encontrado modos distintos para hundir al hombre en el pecado. Uno de estos modos es el riesgo de dependencia de los medios de comunicación digitales que empobrece las relaciones humanas. La Cuaresma es un tiempo propicio para contrarrestar estas insidias y cultivar, en cambio, una comunicación humana más integral, hecha de encuentros reales cara a cara”.

(CANTO)

“No nos cansemos de hacer el bien y la caridad activa hacia el prójimo. Durante esta Cuaresma practiquemos la limosna dando con alegría. Dios, quien provee semilla al sembrador y pan para comer, nos proporciona a cada uno no solo lo que necesitamos para subsistir, sino también para que podamos ser generosos en el hacer el bien a los demás. Si es verdad que toda nuestra vida es un tiempo para sembrar el bien, aprovechemos especialmente esta Cuaresma para cuidar a quienes tenemos cerca, para hacernos prójimos de aquellos hermanos y hermanas que están heridos en el camino de la vida. La Cuaresma es un tiempo propicio para buscar y no evitar a quien está necesitado; para llamar y no ignora a quien desea ser escuchado y recibir una buena palabra, para visitar y no abandonar a quien sufre la soledad. Pongamos en práctica el llamado a hacer el bien a todos, tomándonos tiempo para amar a los más pequeños e indefensos, a los abandonados y despreciados, a quienes son discriminados y marginados”.

(CANTO)

Del lunes 7 al viernes 11 de marzo de 2 a 4 de la tarde se transmitirán conferencias y obras musicales en el marco de la semana sagrada y religiosa de música por la emisora CMBF, radio musical nacional. Inclinamos la cabeza para recibir la bendición. Al final de cada invocación rezamos amén.
Dios Padre misericordioso, les conceda a todos ustedes como al hijo malo, el gozo de volver a la casa paterna… Amén.
Cristo, modelo de oración y de vida los guíe a la auténtica conversión del corazón a través del camino de la Cuaresma… Amén.
El espíritu de sabiduría y fortaleza lo sostenga en la lucha contra el maligno, para que puedan celebrar con Cristo la victoria pascual… Amén.
Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes, sobre sus familias y los acompañe siempre… Amén.

(CANTO)

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