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Alocución, domingo 13 de diciembre, Tercer domingo de Adviento

Hoy, 13 de diciembre, tercer domingo de Adviento escuchamos este texto del Evangelio según San Juan, capitulo 1, versículos 19 al 28.

Cada uno de nosotros tiene una misión especial inspirada por Dios: ser testigos, dar testimonio de la luz de Cristo, atraer a todos a la fe.

Juan Bautista realizó su misión: preparar la llegada del Mesías, de El Cristo. El Bautista fue voz de Dios que grita en el desierto. No fue escuchada su voz por todos pero su misión era anunciar y preparar la presencia de Cristo en esta humanidad.

Bautizaba para la conversión, para cambiar pensamientos, sentimientos y acciones. Este bautismo era una preparación para el verdadero bautismo de Cristo. Este bautismo lo hemos recibido nosotros. Como Cristo hemos sido ungidos por el Espíritu Santo para dar buenas noticias a los que sufren, vendar los corazones desgarrados, proclamar libertad a los cautivos del pecado, anunciar un año nuevo de esperanza y paz.

El tener nuestra partida bautismal en la sala de la casa nos recuerda todos los días esta misión dada por Cristo y como el bautismo nos recuerda conversión, cambio, nos preguntamos: ¿Doy buenas noticias o muchas más malas noticias? ¿Estoy al lado de los que lloran para consolarlos? Trato de sacar a los presos amarrados por el pecado de su prisión.

Este es un buen examen de conciencia que me ayuda a la conversión en este Adviento y así prepararme para la Navidad.

(Canción)

En nuestra misión encontramos muchas dificultades e impedimentos y protestamos contra Cristo que nos lanzó a la misión del amor y entendemos que El mismo no nos ayuda.

Un campesino le pidió a Dios que le permitiera mandar sobre la naturaleza, para que, -según él- le rindiera mejor sus cosechas.

Y Dios se lo concedió.

Entonces cuando el campesino quería lluvia ligera, así sucedía cuando pedía sol, este brillaba en su esplendor, si necesitaba más agua, llovía mas regularmente. Pero cuando llegó el tiempo de la cosecha, esta resultó un total fracaso, lo cual provocó sorpresa y estupor.

Desconcertado y molesto, el agricultor le preguntó a Dios el motivo de semejante descalabro.

Dios le contestó: Tú me pediste lo que quisiste, más no lo que realmente convenía. Nunca pediste tormentas, y estas son muy necesarias para limpiar la siembra, ahuyentas aves y otros animales que la consumen y purificarla de plagas que la destruyen.

Así nos sucede, queremos que nuestra vida sea puro amor y dulzura, nada de problemas.

El optimista no es aquel que no ve las dificultades, sino aquel que no se asusta ante ellas y no se echa para atrás.

Por eso podemos afirmar que las dificultades son ventajas, pues maduran a las personas, las hacen crecer. Lo importante no es huir de las tormentas, sino tener fe y confianza en que pronto pasarán y dejaran algo bueno en nuestras vidas.

El primer éxito no significa victoria y el primer fracaso no significa derrota.

Pregúntate si lo que estás haciendo hoy te acerca al lugar en el que quieres estar mañana.

(Canción)

¿Qué significan las figuras del nacimiento?

El cielo estrellado: Jesús trae luz donde hay oscuridad e ilumina a cuantos atraviesan las tinieblas del sufrimiento.

La estrella y los ángeles: Son nuestra guía y protección cuando vamos en camino a adorar al Señor.

La Virgen María: La Madre de Dios no tiene a su Hijo para sí misma, sino que pide a todos que atiendan a su Palabra.

San José: Es el custodio que nunca se cansa de proteger a su familia. Confió plenamente en la voluntad de Dios.

Los pastores: Los más humildes y pobres fueron quienes supieron acoger el acontecimiento del nacimiento.

Los Reyes Magos: Viajaron desde muy lejos. Eran hombres ricos y sabios que no dudaron en arrodillarse frente a Jesús.

Otras personas: Representan la santidad cotidiana, la alegría de hacer extraordinario lo ordinario.

Una buena preparación para la Navidad es hacer el nacimiento en la casa. El San José de la casa, la Virgen María de la casa, los pastores de la casa, los reyes magos de la casa. Todos, papá, mamá, abuelos, hijos y nietos preparan un nacimiento para recordar continuamente la alegría de que Dios está con nosotros y nunca nos dejará abandonado.

(Canción)

Para estos días de preparación a la Navidad el Espíritu Santo nos dice en la segunda lectura de hoy, Tesalonicenses, capítulo 5, versículos 16 al 24.

Rezamos a la Virgen María:

¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a ti y en prueba de mi filial afecto te consagro en este día, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Y ya que soy todo tuyo, Oh Madre de bondad, cuídame y cárgame como hijo tuyo que soy. Amén.

Que El Padre que me creó me bendiga, que El Hijo que sufrió por mí en la cruz me defienda, que El Espíritu Santo, que vive y actúa en mí, me ilumine. Amén.

(Canción)

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