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Alocución 18 de junio de 2023

Hoy domingo 18 de junio, celebramos el Día de los Padres.

Damos gracias a Dios Padre por el regalo de la vida que nos dio a través del amor de papá y mamá.

Jesucristo nos invita a rezar a nuestro Padre Dios en el evangelio de Mateo, capítulo 6, versículos 9 al 14.

(Evangelio)

Dios Padre ha preparado una canastilla para nuestra vida. Creó la luz, el cielo, el sol, las estrellas, la luna, la tierra, el mar, los peces, los animales, las plantas y creó a papá y mamá y todo preparado para nuestro nacimiento, fruto bendito del amor de nuestros padres.

Y ese amor que nos empapó en el seno materno, continúa con más bríos y empeños, amor que se multiplica en caricias, besos, atenciones, sacrificios, incansables y gracias a toda esa maravilla del amor familiar, estamos aquí.

Este amor continúa su camino enseñando el bien, la honradez, la concordia familiar y cuando equivocamos el camino por hacerle caso al amor familiar, sigue presente insistiendo en la rectificación del rumbo equivocado.

Andando el tiempo de hijos nos convertimos en padres-madres y ya habiendo vivido lo que es un papá y una mamá, ya sabemos cómo se es papá.

¡Qué maravilla que un buen papá tenga siempre a su lado una gran mamá! Juntos educarán un bue hijo, gozo y alegría de la vejez.

Damos gracias a Dios Padre por la enseñanza fundamental de nuestro papá. Rogamos al Padre Dios nos ayude a vivirla para la mayor alegría de nuestro papá.

El libro del Eclesiástico, perteneciente al Antiguo Testamento, libro para ser leído por padres e hijos, en el capítulo 3, versículos 1 al 16 nos enseña en nombre de Dios Padre.

(Evangelio)

Padre Celestial:

Me abruma la enormidad de las exigencias de la paternidad. Si no te tuviera constantemente a mi lado, mis esfuerzos serían en vano. Te alabo por ser la fuente de todo gozo, victoria, dignidad personal y gratitud en mi vida.

Ayúdame, Padre, a inculcar en mis hijos sentimientos saludables de valor personal, aunque los míos a veces se encuentren muy bajos. Ayúdame a no humillar a mis hijos con palabras duras, avergonzándolos o ridiculizándolos. Concédeme la habilidad de estimular sus buenas cualidades con expresiones de aprecio y palabras de ánimo.

Sujeta mi lengua cuando debiera estar escuchando en lugar de hablar, Quiero estar listo para escuchar cuando me necesitan. No permita» que los reprenda innecesariamente, ni que emplee un tono de voz áspero cuando los disciplino. Dame paciencia todos los días para ayudarles a formar un carácter recto y una actitud responsable Concédeme sabiduría para acceder a sus deseos razonables y valor para negar los pedidos de cosas que podrían perjudicarlos.

Que una sonrisa ilumine mi rostro cada día. Que la felicidad y la risa llenen nuestro hogar. Concédeme la habilidad para reconocer cuándo debo dejar de lado el trabajo para disfrutar de experiencias que se presentan en forma inesperada. Confío en que me ayudarás a atesorar recuerdos agradables y tradiciones familiares para el futuro.

Perdóname por los numerosos errores y fracasos cometidos en el pasado. Quita de mí todo sentimiento de culpa, enojo o resentimiento que podría perjudicar mi relación con mis hijos.

Ayúdame a manifestar amor por mis hijos desde sus tiernos años y durante toda la vida, para que conozcan lo que el amor es por haberlo experimentado en nuestro hogar.

Mis hijos también son tus hijos, Padre. Los encomiendo a tus manos poderosas. Que el ejemplo que doy a tu servicio inspire amor en ellos y el deseo de servirte para siempre.

Sobre todos los dones, Señor, concédeme paciencia y dominio propio. Gracias por estar a mi lado para ayudarme en los días difíciles que me esperan. Te amo y te agradezco por contestar ésta mi oración por el futuro de mis hijos. Confío en que satisfarás todas nuestras necesidades en el momento en que lo consideres conveniente.

 

COMO EDUCAR A TU HIJO

El niño no es un vaso que se llena, sino un fuego que se enciende. (Van Gogh).

 

El niño es la semilla del futuro. Abona esta semilla con amor.

Eres responsable de tu hijo: él no te pidió la vida. Tú lo llamaste a la existencia, y ese llamado que le hiciste es un compromiso ineludible que se perpetúa con el tiempo.

Con amor debes comportarte ante el niño; que no aprenda el sabor-amargo de la violencia a causa de tu inconciencia o intolerancia.

Con amor debes maquillarte y vestirte para que el niño te vea: El aprende por imitación, y sólo aprenderá a amar si ve amar y si es amado.

Enséñale a escuchar, más que a hablar. La naturaleza -y ella incluye a los hombres tiene sonidos y palabras maravillosos de los cuales estará privado quien no aprenda a escuchar.

Enséñale a tu hijo a ser, en lugar de tener. El verdadero gozo proviene de esa íntima conciencia de lo que se es, que no es susceptible de perderlo como lo que tiene que es temporal.

Ayúdale a tu hijo a tener principios y fines, y a luchar por ellos, privilegiando los principios, que son la esencia del ser interior.

Infúndele el no abarcar desmesuradamente los bienes materiales. Le quedarían las manos muy ocupadas, y no podría acariciar ni sentir entre las suyas el calor de otras manos.

Enséñale a ofrecer, antes que a pedir o a exigir a otros. Así, paradóji­camente, recibirá más, porque encontrará muchas manos tendidas, cada una de las cuales le ofrecerá un universo de tesoros invaluables.

Deja a tu hijo ser él mismo. No pretendas hacer de él una copia tuya ni convertirlo en lo que tú no pudiste ser. Su destino es único.

Educa a tu hijo con miras al futuro: en él pasará el resto de su vida. Recuerda que la vida no se detiene ni da marcha atrás; este pensamiento también mantendrá joven a tu espíritu, para que puedas sintonizarte con él.

Déjate amar de la única manera en que el niño sabe hacerlo, aunque enmugrezca tu ropa, absorba tu tiempo, agote tus energías. El necesita de tu presencia y entrega personal, tanto como de los bienes materiales que con tu trabajo puedes proporcionarle.

Entra en su mundo. Sólo así podrás enseñarle el tuyo.

Aprende a hablar su lenguaje: está menos viciado que el tuyo.

Juega con él. Deja que ese niño preso que hay en ti, salga a jugar con ese otro niño cari sucio que te tiende la mano…

Si tu hijo no puede jugar contigo, se tornará asocial y deshumanizado, y sólo aprenderá a tratar objetos: aun a las personas las tratará así.

Estimula sus progresos, su curiosidad, su inventiva, su espontaneidad; para él son la conquista del universo.

No levantes un muro de sobreprotección alrededor de tu hijo. Si bien es cierto que éste lo protegería de los golpes de la vida, también es cierto que le impediría ver la luz.

Ayúdale a tu hijo a encontrar el camino, aunque no conduzca donde tú deseas… Recuerda que es más importante preparar a tu hijo para el camino, que preparar el camino para tu hijo.

Ilumina su camino para hacer más fácil su andar… Pero no olvides que la vida le va aprovisionando de su propia antorcha, y algún día él sentirá que ya no te necesita tanto y que su misión es alumbrar a otros… Ese día podrás decir que has educado a tu hijo.

 

Un papá reza a San José, maestro y discípulo de Jesús:

«Glorioso patriarca san José,

cuyo poder sabe hacer posibles las cosas imposibles,

ven en mi ayuda en estos momentos de angustia y dificultad.

Toma bajo tu protección las situaciones

tan graves y difíciles que te confío,

para que tengan una buena solución.

Mi amado Padre, toda mi confianza está puesta en ti.

Que no se diga que te haya invocado en vano y,

como puedes hacer todo con Jesús y María,

muéstrame que tu bondad es tan grande como tu poder. Amén»

                                                                                           (Oración muy antigua rezada por el Papa Francisco)

 

Te presento, Dios Padre, todas las bondades de mi papá difunto: su amor, su dedicación, su enseñanza, su sacrificio y toda aquella maravilla de amor que sólo Tú conoces y yo no; prémialos como Tú solo puedes hacerlo: con la vida eterna, perdona sus pecados por tu infinita misericordia y a mí dame la alegría de realizar en mi vida y familia todo lo bueno que deseo y me enseñó. Concédenos un día estar unidos en la casa del cielo.

Te lo pido por Cristo Nuestro Señor, Amén.

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