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Alocución 17 de marzo de 2024

(Canción)

Hoy, 17 de marzo, escuchamos en todas las iglesias católicas, el evangelio según San Juan, capítulo 12, versículos 20 al 33.

(Evangelio)

Unos, que no eran de la raza judía, griegos, dicen al apóstol Felipe: Quisiéramos ver a Jesús y lo logran.

Jesús les habla de la hora de su muerte que terminará en la resurrección. Les habla del seguimiento, que es servir. Les dice de lo difícil del camino, el cual después del sufrimiento es la paz, la alegría y la glorificación en la casa del cielo, donde concluye todo si vamos por el buen camino.

Hoy, cercanos a la Semana Santa cada uno de nosotros se acerca a Jesús y le dice: quiero verte, escucharte, conocerte, estar a tu lado. Te necesito. Háblame.

Las dificultades me nublan la vista y no veo claro tu camino. Los sufrimientos me desalientan, me detienen y pierdo la esperanza. Digo como Tú a Dios Padre: Líbrame de esta hora, de este sufrimiento, de esta enfermedad.

Miramos a Cristo crucificado y colocamos nuestra enfermedad corporal en la cruz, en los pies clavados, en las manos clavadas, en la cabeza coronada de espinas, en el corazón traspasado por la lanza del soldado, en las llagas y heridas de los latigazos y de las caídas.

Coloco mis pies enfermos allí, en los pies tuyos, mis manos enfermas allí, en las manos tuyas, mi corazón enfermo en tu corazón, mis heridas en tus heridas. Así somos dos, así sobrellevo mejor mis dolencias.

En el crucificado coloco mi camino equivocado, mis manos que han golpeado con el mal, mis labios que han insultado, mis pensamientos que han juzgado a mis hermanos como enemigos y no como hijos de Dios.

En estos días tomo el crucifijo, lo miro y le digo:

En esta tarde, Cristo del Calvario,
vine a rogarte por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen
de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.

¿Cómo quejarme de mis pies cansados,
cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyas están llenas de heridas?

¿Cómo explicarte a ti mi soledad,
cuando en la cruz alzado y solo estás?

¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón?

Ahora ya no me acuerdo de nada,
huyeron de mí todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía
se me ahoga en la boca pedigüeña.

Y sólo pido no pedirte nada,
estar aquí, junto a tu imagen muerta,
ir aprendiendo que el dolor es sólo
la llave santa de tu santa puerta.

Amén.

Ahora escucho la misma voz que Cristo escuchó: Te glorifico porque el final es la paz y la vida eterna, te animo a cargar tu cruz porque yo voy a tu lado, te pido cargues las cruces de quienes te rodean y verás que a los que aman a Dios, aún el sufrimiento les sale bien.

La Biblia es el camino. Allí está la verdad que ansiamos y nos lleva a la vida plenamente feliz.

(Canción)

El sol y el viento discutían para ver quién era el más fuerte.

El viento decía: ¿Ves aquel anciano envuelto en una capa? Te apuesto a que le haré quitar la capa más rápido que tú.

Se ocultó el sol tras una nube y comenzó a soplar el viento, cada vez con más fuerza, hasta ser casi un ciclón, pero cuanto más soplaba tanto más se envolvía el hombre en la capa.

Por fin el viento se calmó y se declaró vencido. Y entonces salió el sol y sonrió benignamente sobre el anciano. No pasó mucho tiempo hasta que el anciano, acalorado por la tibieza del sol, se quitó la capa.

El sol demostró entonces al viento que la suavidad y el amor de los abrazos son más poderosos que la furia y la fuerza.

(Canción)

El próximo martes 19 celebramos la Solemnidad de San José. Lo admiramos, lo imitamos y le rezamos:

«Glorioso patriarca san José, cuyo poder sabe hacer posibles las cosas imposibles,

ven en mi ayuda en estos momentos de angustia y dificultad.

Toma bajo tu protección las situaciones tan graves y difíciles que te confío,

para que tengan una buena solución.

Mi amado Padre,

toda mi confianza está puesta en ti.

Que no se diga que te haya invocado en vano y,

como puedes hacer todo con Jesús y María,

muéstrame que tu bondad es tan grande como tu poder.

Amén»

Papa Francisco

 

San José tomó las manos pequeñas de Jesús y alzándolas al cielo dijo: “Estrellas del cielo, he aquí las manos que te crearon, oh sol, he aquí el brazo que te sacó de la nada”.

Beato Guillermo José

Lo que muchos reyes y profetas desearon ver y no vieron, desearon oír y no oyeron, a San José le fue permitido. No solo ver y oír, sino cargar, guiar, abrazar, besar, alimentar y proteger al Mesías prometido.

San Bernardo

Noble José, me regocijo porque Dios te encontró digno de tener esta posición eminente por medio de la cual, establecido como padre de Jesús, vio a Aquel, cuyas órdenes el cielo y la tierra obedecen, sometiéndose a tu autoridad.

San Alfonso María Ligorio

Ya que está escrito que Dios hará la voluntad de aquellos que lo temen. ¿Cómo puede rehusar de hacer la voluntad de San José quien lo alimentó por tanto tiempo con el sudor de su frente?

San Ambrosio

Jesús debe de haberse parecido a José: en su manera de trabajar, en las peculiaridades de su carácter, en su manera de hablar. El realismo de Jesús, su atención a los detalles, la manera en que se sentaba a la mesa y partía el pan, su preferencia en utilizar las situaciones cotidianas para enseñar su doctrina –todo esto refleja su infancia y la influencia de San José.

San Josemaría Escrivá

Cuando el pequeño Jesús estaba creciendo y se cansaba de tanto caminar en los viajes que hacían, José, lleno de compasión lo hacía descansar en su regazo.

San Bernardino de Siena

San José dulcemente y continuamente nos estimula a amar, servir e imitar la Reina de su corazón, la Madre Inmaculada de Jesús.

Beata Gabriela Allegra

Si San José no nos concede favores, dejaría de ser San José.

San José Marello

Oremos

San José mi predilecto, ven a mi casa, que te espero. Ven y mira, tú sabes qué falta, ven y fíjate, trae lo que falta y si algo no es para mi casa, ven y llévatelo.

San José, maestro de la vida, enséñame a orar, sufrir, trabajar y servir. Amén.

(Canción)

Preces

Acudamos a nuestro Redentor, que nos concede estos días; de perdón, y, bendiciéndole, digamos:

Infúndenos, Señor, un espíritu nuevo.

Cristo, vida nuestra, tú que por el bautismo nos has sepultado místicamente contigo en la muerte,

para que contigo también resucitemos,—concédenos caminar hoy en una vida nueva. Roguemos al Señor:

Infúndenos, Señor, un espíritu nuevo.

Señor Jesús, tú que pasaste por el mundo haciendo el bien, —haz que también nosotros seamos solícitos del bien de todos los hombres. Roguemos al Señor:

Infúndenos, Señor, un espíritu nuevo.

Ayúdanos, Señor, a trabajar concordes en la edificación-de nuestra ciudad terrena, —sin olvidar nunca tu reino eterno. Roguemos al Señor:

Infúndenos, Señor, un espíritu nuevo.

Tú, Señor, que eres médico de los cuerpos y de las almas —sana las dolencias de nuestro espíritu, para que crezca­mos cada día en santidad. Roguemos al Señor:

Infúndenos, Señor, un espíritu nuevo.

Padrenuestro…

Ave María…

Oremos: Te rogamos Señor, Dios Nuestro, que Tu gracias nos ayude para que vivamos siempre de aquel mismo amor que movió a Tu Hijo a entregarse a la muerte por la salvación del mundo. Por Jesucristo Nuestro Señor, Amén.

El próximo jueves 21 celebramos la Misa Crismal en la que bendecimos los óleos de los enfermos para el sacramento de la Unción.

Los óleos de los catecúmenos para el Bautismo.

Y la consagración del Crisma para el Bautismo, la Confirmación y el Orden Sacerdotal. En esta misa los sacerdotes renuevan sus promesas sacerdotales.

Santa Iglesia Catedral Metropolitana, 5 de la tarde. Si no puedes participar, reza a esta misma hora por tus sacerdotes.

Viernes 22, 7 de la noche, Santa Iglesia Catedral Metropolitana, Sermón de las Siete Palabras pronunciadas por Cristo desde la cruz.

Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes, sobre sus familias, sobre quienes han hecho posible esta emisión y permanezca para siempre. Amén.

(Canción)

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