Alocución, 19 de mayo, Domingo de Pentecostés.
(Canción)
Hoy, 19 de mayo, domingo de Pentecostés, en todas las iglesias católicas escuchamos, como primera lectura, el capítulo 2, versículos 1 al 11, de los Hechos de los Apóstoles.
(Evangelio)
El libro de los Hechos de los Apóstoles nos narra cómo el Espíritu Santo transforma a los apóstoles, antes miedosos, dudosos, lentos para entender el plan de Cristo y ahora decididos, audaces, creativos, capaces de vencer todas las dificultades.
También la Iglesia, cuando se olvida de que el Espíritu Santo es el protagonista de la misión evangélica, se detiene, se desanima, se desconcierta. Cuando se deja empujar e inspirar por el Espíritu Santo, se lanza, es creativa, lleva a feliz término la obra del amor y hace realidad lo que es aparentemente imposible.
También nuestra familia, cuando se divide, se faja, se separa, ya no es el lugar sabroso donde permanecer al calor del amor; ya no es el hogar donde todo quieren regresar temprano; pero cuando el Espíritu del amor está presente en todos los rincones de la casa, se lleva a plenitud la unidad del cuerpo familiar. Todos los que forman la familia son distintos pero el cariño los une, caminan juntos, celebran juntos, sufren juntos y nada ni nadie los puede dividir ni separar.
Cada uno de nosotros, cuando huye de Dios, no lo escucha, no sigue su camino, se hunde en el pesimismo, se entristece, no encuentra sentido pleno a su vida.
Pero cuando miramos al cielo, vivimos lo que Dios nos dice en la naturaleza, la familia, la Iglesia, la Palabra de Dios; hay una resurrección total, el mal y el pasado quedan atrás y resurge una nueva vida plena de paz, serenidad y esperanza.
Es el Espíritu Santo a quien le hemos pedido auxilio y él ha acudido al escuchar nuestros gemidos y llantos.
Ven, Espíritu Santo, inunda nuestra vida, nuestra familia, nuestra Iglesia, nuestro pueblo. Transfórmanos en personas felices que ayuden a la felicidad de los demás.
(Canción)
La Biblia nos habla del Espíritu Santo:
-Cuando venga el Espíritu Santo de la verdad, Él les enseñará todas las verdades. Evangelio de Juan 16, versículo 13.
-¿No saben que son templos de Dios y que el Espíritu Santo habita en ustedes? Primera Corintios capítulo 6, versículo 19.
-La caridad de Dios ha sido derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado. Romanos capítulo 5, versículo 5.
-Las personas santas de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo. Segunda de Pedro capítulo 1, versículo 21.
-Cuando sean conducidos ante los tribunales por dar testimonio de mí, no piensen lo que han de hablar, puesto que quien habla entonces es el Espíritu de Dios Padre, que habla por ustedes. Evangelio de Mateo capítulo 10, versículos 18 al 20.
(Canción)
Todos los domingos los católicos proclamamos:
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede de El Padre y El Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria y que habló por los profetas.
Muchos años más tarde, el Papa San Pablo VI ha escrito una profesión de fe:
Creemos en el Espíritu Santo, Señor y vivificador, que con el Padre y el Hijo, es justamente adorado y glorificado, que habló por los profetas; nos fue enviado por Cristo después de su resurrección y ascensión al Padre; ilumina, vivifica, protege y rige la Iglesia, cuyos miembros purifica con tal que no desechen la gracia. Su acción, que penetra lo íntimo del alma, hace apto al hombre de responder a aquel precepto de Cristo: Sean perfectos como también es perfecto Dios Padre celestial.
Guillermo de Saint Thierry escribe:
Muéstrate solícito en unirte al Espíritu Santo, Él viene apenas se le invoca, y sólo hemos de invocarlo porque ya está presente. Cuando se le invoca viene con la abundancia de las bendiciones de Dios. Él es el río impetuoso que da alegría a la ciudad de Dios, y cuando viene, si te encuentra humilde y tranquilo, aunque estés tembloroso ante la Palabra de Dios, reposará sobre ti, y te revelará lo que esconde el Padre a los sabios y a los prudentes de este mundo. Empezarán a resplandecer para ti aquellas cosas que la sabiduría pudo revelar en la tierra a los discípulos, pero que ellos no pudieron soportar hasta la venida del Espíritu de la Verdad, que les habría de enseñar la verdad completa.
Es vano esperar y recibir y aprender de boca de cualquier hombre lo que solo es posible recibir y aprender de la lengua de la verdad. En efecto, como dice la verdad misma, “Dios es Espíritu”. Dado que es preciso que sus adoradores lo adoren en Espíritu y en verdad, los que desean conocerlo y experimentarlo deben buscar sólo en el Espíritu la inteligencia de la fe y el sentido puro y simple de esa verdad.
El Espíritu es –para los pobres de espíritu- la luz iluminadora, la caridad que atrae, la mansedumbre más benéfica, el acceso del hombre a Dios, el amor amante, la devoción, la piedad en medio de las tinieblas de la ignorancia de esta vida.
(Canción)
Tomado de los 5 minutos del Espíritu Santo:
En la Historia de la Iglesia tenemos un tesoro de miles de santos diferentes, que han reflejado, cada uno a su modo, la belleza de Jesús. Ellos se dejaron tocar por el Espíritu Santo y Él hizo maravillas en sus vidas.
San Francisco de Asís reflejó la pobreza y la alegría del Señor.
Santa Rita nos mostró la fortaleza y la entrega de Cristo.
San Cayetano nos mostró su predilección por los pobres y su preocupación por los que sufren.
Por eso, cuando nos ponemos a rezar frente a la imagen de un santo, San José por ejemplo. En esa imagen simple de José, el Espíritu Santo nos hace descubrir un reflejo de la inmensa ternura de Jesús, nos hace sentir la caricia de su amor que nos dice: Yo estoy a tu lado, yo no te abandono, yo te quiero.
Pero cada uno tendría que preguntarse ahora: ¿Y yo? ¿Qué querrá hacer de mí el Espíritu Santo? Ninguno de nosotros tiene que repetir lo que fue Santa Rosa, ni San Francisco, ni Teresa de Calcuta. Cada uno llega a ser santo de un modo particular, porque Dios lo ha hecho distinto y el Espíritu Santo quiere poner en tu vida un reflejo de Jesús que no había puesto en los demás. Entreguémonos al Espíritu Santo para que haga su obra.
Los exhorto, hermanos, a que se entreguen a Dios como una ofrenda viva, santa, agradable a Él. Ese será el culto espiritual de ustedes.
Celebremos la gloria de Dios, quien al llegar a su término en Pentecostés, los cincuenta días de Pascua, llenó a los apóstoles del Espíritu Santo y con ánimo gozoso y confiado, supliquémosle, cantando: Espíritu Santo ven, ven, en el nombre del Señor.
-Tú que al principio creaste el cielo y la tierra y, al llegar el momento culminante, recapitulaste en Cristo todas las cosas, por tu Espíritu renueva la faz de la tierra y conduce a los hombres a la verdadera felicidad. Espíritu Santo ven, ven, en el nombre del Señor.
-Tú que soplaste un aliento de vida en el rostro de Adán, envía tu Espíritu a la Iglesia, para que, vivificada y rejuvenecida, comunique tu Evangelio al mundo. Espíritu Santo ven, ven, en el nombre del Señor.
-Ilumina a todos los hombres con la luz de tu Espíritu y disipa las tinieblas de nuestro mundo, para que el odio se convierta en amor, el sufrimiento en gozo y la guerra en la paz. Espíritu Santo ven, ven, en el nombre del Señor.
-Fecunda el mundo con tu Espíritu, agua viva que mana del costado de Cristo, para que la tierra entera se vea libre de las espinas de todo mal. Espíritu Santo ven, ven, en el nombre del Señor.
-Tú que por obra del Espíritu Santo conduces sin cesar a los hombres a la vida eterna, dígnate llevar, por este mismo Espíritu, a los difuntos al gozo eterno de tu presencia. Espíritu Santo ven, ven, en el nombre del Señor.
Padrenuestro…
Ave María…
Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes, sobre sus familias, sobre quienes han hecho posible esta emisión y permanezca para siempre. Amén.