Alocución 26 de enero, Tercer domingo del Tiempo Ordinario
(Canción)
Hoy 26 de enero, Tercer domingo del Tiempo Ordinario, escuchamos en todas las iglesias católicas, como primera lectura, un fragmento de Nehemías, libro del Antiguo Testamento, capítulo 8, versículos 2 al 10.
Escuchamos a Dios que nos habla:
(Evangelio)
El pueblo escucha lo que dice la Palabra de Dios escrita en los libros que tenía entonces la Biblia. Como estos creyentes nosotros queremos escuchar con atención porque como dice San Pablo, la fe viene por el oído, por el anuncio.
Escuchamos que no es sólo oír, sino hacer vida lo oído, y como lógica consecuencia, transmitirlo a los que amamos: los hijos, los nietos, las personas que nos rodean. Amén, amén, respondieron los israelitas. Amén quiere decir: Así es, así lo creo. También lo decimos nosotros al final de muchas oraciones de la Misa: Amén. Y ahora, aceptando la Palabra de Dios escuchada, nosotros como los israelitas decimos: Amén, amén.
Como el pueblo del Antiguo Testamento nosotros tenemos un día de fiesta dedicado al Señor, a la familia, al descanso: el domingo.
¡Qué maravilla es que en cada casa haya una Biblia como en muchos hoteles del mundo. Si no hay Biblia en tu casa pídela al Arzobispado de La Habana. La obsequiaremos (teléfono 78624000).
Teniendo la Biblia, la leemos, la escuchamos, la hacemos vida, la enseñamos. ¡Qué familia tan feliz!
En este año 2025 durante muchos domingos leeremos fragmentos del Evangelio de Lucas.
Lucas expone una enseñanza del pasado: el Antiguo Testamento. Expone Lucas el centro de la Historia: Jesucristo. Expone Lucas el futuro, la Iglesia y esto último lo hace mediante una continuación de su evangelio; los Hechos de los apóstoles.
Ánimo, a leer el evangelio de Lucas en familia, poco a poco, de tal manera que al concluir el 2025 hayamos leído a Lucas completamente y así conocer más profundamente a Cristo.
(Canción)
Hoy también leemos en todas las iglesias católicas el evangelio según San Lucas, capítulo 1, versículos del 1 al 4 y después saltamos al capítulo 4, versículos 14 al 21.
Esta lectura incluye dos textos diferentes, que completándose mutuamente ofrecen una visión general de todo el evangelio de Lucas. Por la primera parte o prólogo sabemos lo que es un evangelio: anuncio de los testigos presenciales y encargados de transmitir lo oído, visto y el evangelista lo ordena y lo pone por escrito reafirmando la autenticidad de dicha enseñanza. Amén.
El segundo texto, capítulo 4, versículos 14 al 21 hay que colocarlo en el campo de la esperanza abierta por el profeta Isaías.
(Evangelio)
Vendrá la fuerza, vendrá sobre todos el Espíritu de Dios Padre y hará que cambie la existencia de los hombres. Ante quienes con esperanza aguardan la venida del Espíritu Santo sobre los hombres, Jesús proclama que ya ha empezado a realizarse.
Hoy se cumple esta Escritura. Esto significa que la venida del Hijo de Dios supone un cambio decisivo para cada uno de nosotros, el cumplimiento de todas las promesas de Dios, esperadas por todos los pueblos, el cumplimiento de toda esperanza.
Tres conclusiones: Jesús es el que viene en nombre de Dios Padre. Lo cantamos en las misas: Bendito el que viene en nombre de El Señor.
Segunda conclusión: cada uno de nosotros es discípulo de Jesús, es ungido por el Espíritu Santo, ya desde el seno materno, imagen y semejanza de Dios y untado por este mismo Espíritu en el Bautismo y la Confirmación y entonces llevamos la buena noticia del amor de Dios a los pobres, damos la vista de la fe a quienes no creen, la misericordia de Dios a quienes sienten falta de amor, acompañamos a los familiares de los presos y ayudamos a romper las cadenas de los alcohólicos, drogadictos, violentos.
Tercera conclusión: Profundizar la enseñanza recibida para que nada ni nadie nos pueda separar del amor de Dios y mantenernos en la firme ancla de la esperanza de que Dios nunca nos dejará abandonados.
Cada noche nos preguntamos: ¿Hoy se ha cumplido la Palabra de Dios en mí, en mi familia, en mi Iglesia, en mi pueblo?
(Canción)
En este Año Jubilar que la Iglesia celebra cada 25 años, en acción de gracias por la presencia de Cristo en nuestra tierra desde hace 2025 años, Ella nos invita a caminar hacia los templos escogidos para ganar las indulgencias, el perdón y las bendiciones del Espíritu Santo.
La tradición de caminar hacia Dios es muy antigua. Caminó el pueblo del Antiguo Testamento durante 40 años con esperanza hacia la tierra prometida. Caminaba el pueblo de Dios hacia el templo de Jerusalén cantando salmos. Caminó la Virgen María de Nazaret a Air Karim para auxiliar a su prima Isabel embarazada y después de Nazaret a Belén con San José y de Belén a Jerusalén, para presentar al niño Jesús en el templo.
Caminó Cristo toda la Palestina anunciando el evangelio de arriba abajo y después con una cruz al hombro al monte Calvario.
Caminaron los discípulos de Emaús, tristes y desalentados, de tal manera que no reconocieron a Cristo quien iba a su lado enseñándoles.
Nosotros en este tiempo queremos ser caminantes y peregrinos de la esperanza e iremos con nuestras penas y a las puertas de nuestros templos para pedir perdón, manifestar nuestra fe, escuchar la Palabra de Dios y recibir el alimento de la Eucaristía, fuerza para el camino de la vida. Y un día, después de cumplir nuestra misión familiar entrar al templo del cielo que tiene doce puertas abiertas y entrar con toda nuestra familia en la casa del cielo que nos pertenece por derecho propio porque somos hijos del dueño de ese templo y de esta casa que es el Padre Dios.
A caminar peregrinos de la esperanza con jabas llenas de misericordia y servicio desinteresado al prójimo, con la fe en El Padre, y El Hijo y El Espíritu Santo, acompañados de la Virgen María. Amén.
(Canción)
Invoquemos a Dios Padre, que por mediación de Su Hijo envió el Espíritu Santo, para que con su luz santísima penetrara las almas de sus fieles y cantemos: Escucha Señor mi oración. Escucha Señor mi oración.
-Te bendecimos Señor a ti, que eres nuestra luz y te pedimos que este domingo que ahora comenzamos transcurra todo él consagrado a tu alabanza. Roguemos al Señor.
Escucha Señor mi oración. Escucha Señor mi oración.
-Tú que por la resurrección de Tu Hijo quisiste iluminar el mundo, haz que tu Iglesia difunda entre todos los hombres la alegría de la resurrección. Roguemos al Señor.
Escucha Señor mi oración. Escucha Señor mi oración.
-Tú que con el Espíritu de la Verdad enseñaste a los discípulos de tu Hijo, envía este mismo Espíritu a tu Iglesia para que permanezca siempre fiel a Ti. Roguemos al Señor.
Escucha Señor mi oración. Escucha Señor mi oración.
-Tú que eres luz para todos los hombres, acuérdate de los que aún viven en tinieblas y abre los ojos de su mente para que te reconozcan a Ti, único Dios verdadero. Roguemos al Señor.
Escucha Señor mi oración. Escucha Señor mi oración.
Por Jesús hemos sido hechos Hijos de Dios, por esto nos atrevemos a decir:
Padrenuestro…
María es puerto de los que naufragan, consuelo del mundo, rescate de los cautivos, alegría de los enfermos.
Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas con los escollos de la tentación, mira a la estrella, llama a María. Si te agitan las olas de la soberbia, de la ambición o de la envidia, mira a la estrella, llama a María. Si la ira, la avaricia o la impureza impelen violentamente la nave de tu alma, mira a María. Si turbado con la memoria de tus pecados, confuso ante la fealdad de tu conciencia, temeroso ante la idea del juicio, comienzas a hundirte en la sima sin fondo de la tristeza o en el abismo de la desesperación, piensa en María.
En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón; y para conseguir su ayuda intercesora no te apartes tú de los ejemplos de su virtud. No te descaminarás si la sigues, no desesperarás si le ruegas, no te perderás si en ella piensas. Si ella te tiene de su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás si es tu guía; llegarás felizmente al puerto si Ella te ampara.
Santa María de la Esperanza ruega por nosotros.
Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén.
(Canción)