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Homilía de S.E.R. cardenal Juan de la Caridad García en la Solemnidad de San Cristóbal de La Habana

Damos gracias a Dios por nuestros antepasados que pidieron a San Cristóbal que protegiera a La Habana y prometieron imitar las virtudes heroicas de San Cristóbal.

Él conoció a Cristo y se dio cuenta que con Cristo podía vencer sus males, sus pecados personales, los pecados familiares, eclesiales y sociales y siguió a Cristo, el camino por el cual nunca nadie se ha perdido, la verdad que nos llena de esperanzas, la vida plenamente feliz, aquí y ahora y después en la vida eterna.

San Cristóbal vivió al servicio de los demás y con la fortaleza y la estatura que Dios le había regalado, se prestó para cruzar el río sobre sus hombros a los que no podían hacerlo.

Y un día se dio cuenta de que sobre sus hombres estaba Cristo. No se había dado cuenta de que todos los que cargaba él eran el mismo Cristo. Tuvo que leer el capítulo 25 de San Mateo, versículos 31 al 45, texto evangélico que escucharemos el domingo que viene en todas las iglesias católicas del mundo.

San Cristóbal, tú que cargas a todos los habaneros en sus alegrías y penas, trabajos y sufrimientos en sus dudas de fe, en sus incertidumbres, enséñanos a cargar a nuestras familiares, vecinos, amigos que necesitan ser levantados, cargados, animados.

San Cristóbal, tú que cargas con las monjas a los que están en los hogares de ancianos, dinos qué hacer para ayudar a estas monjas y los hermanos de San Juan de Dios para hacerlos felices a ellos y a quienes ellos mismos alimentan, dan de beber, los bañan, los visten y los hacen felices con su amor.

San Cristóbal, tú que conociste un día a Cristo y al seguirlo fuiste muy feliz en esta tierra, ayúdanos a presentar a Cristo a nuestros hijos que no lo conocen, a nuestros nietos que no se imaginan la felicidad del catecismo.

San Cristóbal, danos la luz para cargar y consolar a tantos que sufren ya que no saben que Dios los ama.

San Cristóbal, sigue llevando a todos los habaneros hacia  la orilla de la fe, la esperanza y la caridad y después preséntanos a Dios Padre con la voluminosa carga de obras de misericordias corporales y espirituales.

Así seremos muy felices en La Habana y después con el habanero José Olallo Valdés y Jaime Oscar en la casa donde nos espera El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo, la Virgen de la Caridad y nuestros difuntos.

San Cristóbal, ruega por nosotros.

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